La economía española ha atravesado desde 2008 uno de sus momentos más difíciles desde hacía décadas. La sociedad ha contemplado desde casa cómo el país enfermaba lentamente hasta quedarse en los huesos, y cómo esas terapias milagrosas venidas de Europa estaban siendo más que medicinas curativas, tratamientos de choque que lo dejaban temblando.

Mientras tanto el desempleo aumentaba concentrándose en la clase socioeconómica más baja de país. Al contrario del efecto que había provocado la crisis en otros países como Grecia o Italia, donde la disminución de la capacidad adquisitiva de la población había sido mucho más significativa para la clase media, produciéndose un efecto de “aplanamiento” que había conseguido, al menos, reducir la desigualdad del país. Aquí en España, la falta de protección sobre las rentas más bajas ya ha conseguido agravar la brecha entre la clase más rica y la clase más pobre entre un 40% y un 50%, que no es poca cosa, lo que nos ha llevado a alcanzar el vergonzoso segundo puesto de país con mayor desigualdad de toda Europa.

La Organización Internacional del Trabajo señala que además a causa de la crisis el grupo de personas más pobres, que constituyen el 10% de la población, ha disminuido su capacidad de compra en un 43% mientras que el grupo más rico tan sólo en un 3%.

El resultado de esto es visible, familias completamente asfixiadas por la crisis, que serán las últimas en notar la recuperación de la que tanto se habla y que intentan como pueden hacer frente a sus pagos que cada vez van en aumento, pues se ha vivido una retirada paulatina de prestaciones sociales.

En este contexto, y teniendo en cuenta la falta de liquidez de la banca convencional y las dificultades para conseguir un crédito (ya que necesitas tantos avales que de tenerlos probablemente no estarías pidiendo dinero prestado), se justifica el aumento de la demanda de crédito procedente de capital privado, que aunque tiene el inconveniente de tener un tiempo de devolución más corto y tratarse de cantidades de dinero muy inferiores (no suelen superar los 600 euros), están permitiendo afrontar a las familias españolas gastos improvistos. Debido al crecimiento de este nuevo mercado cada vez existen más webs que ofrecen préstamos online, y que se pueden solicitar desde casa y sin trámites.

Igualmente, estos servicios sólo sirven para parchear el problema de base, que es que la solución a esta crisis la están pagando familias a un precio muy elevado, no se puede seguir hablando de recuperación sin remediar la fractura social. No podemos seguir tratándolo como un problema político y económico sino estructural, y es necesario que empecemos a ver como suben nuestros sueldos, si no queremos hablar de pobreza.