George Soros, uno de los gurús más seguidos por los inversores ha anunciado que se pone corto del S&P 500, ya que considera que este índice ha tocado techo al alcanzar  los 1.700 puntos.

En este trimestre, más del 90 % de las compañías que cotizan en este índice han publicado ya sus resultados. Según los analistas de Morgan Stanley, los resultados han excedido un 2,8 % las expectativas. En la mayor parte de los casos, el mercado se ha comportado tal como esperaban los expertos, compensando a las empresas que han batido a sus estimaciones, lo que ha hecho al S&P 500 llegar a sus máximos históricos. Es por ello que se espera que la bolsa norteamericana experimente una corrección entre septiembre y noviembre, debido a las ganancias acumuladas en los anteriores meses.

No parece ningún disparate plantearse que la renta variable está sufriendo sobrecalentamiento. Es más que posible que haya varios factores que hayan contribuido a la mejora de la renta variable estadounidense, como el crecimiento de las ventas de automóviles o la mejora del mercado inmobiliario.

Todas estas expectativas negativas hacia este índice no significan que tengan que serlas para todas sus empresas. De hecho, hay dos empresas bien conocidas por todos en las que está largo. Estas son:

- Apple, de la que ha adquirido 40.000 acciones, lo que le hace tener cerca de 66.000 títulos. A pesar de que por problemas logísticos, va a tardar en lanzar al mercado su iWatch, tiene previsto presentar en septiembre su nuevo iPhone 5S y el iPhone 5C (esta última, es su versión low cost para los mercados emergentes), por lo que confía en que esta empresa continúe con su escalada que lleva estos últimos meses, tras la caída experimentada desde septiembre de 2012, mes en el que Apple alcanzó una cotización de 700 dólares la acción y en el que se presentó el iPhone 5, para llegar a estar por debajo de 400 dólares la acción.

- Google, en la que tiene invertido 345 millones de dólares, ha patentado recientemente el sistema “Pay-Per-Graze” utilizado para sus Google Glass, sistema que incorpora un sensor de rastreo ocular, de forma que el anunciante pagará en función de las veces que su anuncio sea visto.