La respuesta de un socialista a la constatación de que unos tienen más y otros menos es robar a los que tienen más. O a los que ellos creen que tienen más, que no suele ser lo mismo. Así, Sánchez Gordillo y sus secuaces deciden que hay gente en Sevilla que pasa hambre, y que lo mejor que pueden hacer es ir allí donde hay mucha comida y robarla. Es exactamente lo mismo, por cierto, que hace el Estado cuando nos quita dinero en forma de impuestos para “redistribuir la riqueza”.

El problema es que todos los socialistas parten de la idea de que la riqueza es como un estanque, con una cantidad dada. Si uno tiene más, es porque ha sacado más agua de ese estanque, y por tanto “se lo ha quitado” al resto. Así que está justificado robar al que más tiene, porque en el fondo “quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón”.

Lo que sucede es que la riqueza no funciona como un estanque, sino como un manantial. Quien tiene más riqueza es el que consigue encontrar una nueva fuente de agua, no quien se apropia de la que ya hay. Para comprobarlo, no hay más que ver, por ejemplo, la riqueza que había en España hace 100 años y la que hay ahora. Por muy mal que estemos ahora, yo no volvería a la España en la que nacieron mis abuelos ni loco. Estamos hablando de hambre, de analfabetismo brutal, de una inmensa mayoría de vidas sin más horizonte que trabajar de sol a sol 365 días al año. De gente que no podía viajar más allá de los límites de su provincia, que no tenía agua caliente en su casa, que moría o quedaba tullida de por vida por una enfermedad común o una mala caída.

Los pobres que hay en España hoy no pueden ni imaginarse lo que era ser pobre hace cien años. Somos una sociedad mucho más rica. ¿Y de dónde ha salido esta riqueza? Fundamentalmente, de gente que desde los años 60 empezó a crear empresas, a emigrar a las ciudades buscando mejorar su situación. La riqueza que disfrutamos hoy es la creación de una generación que nació en una guerra civil, que sufrió una dictadura, a la que nadie regaló nada y que lo que hizo fue trabajar y trabajar para que sus hijos tuvieran más posibilidades que ellos.

Desde que se ha sabido que Amancio Ortega es la tercera fortuna del mundo, no he parado de leer tuits en los que le acusan de explotar a marroquíes, de hacer una ropa que es una mierda, de explotar a los dependientes… el odio a Ortega tiene su lógica: es la prueba viviente de que los que creen en la riqueza-estanque están radicalmente equivocados. Por eso le odian. Porque no pueden decir que ha amasado su fortuna recibiendo los favores del poder, como Polanco, ni por ser rico de nacimiento, como Botín.

Ortega es un hombre que empezó como dependiente en una tienda. Y podía haberse conformado con ello, pero decidió ser una de esas personas que en lugar de coger su parte del estanque buscó un nuevo manantial. Uno de esos emprendedores que en los años 60 empezaron a transformar un país pobre y analfabeto en la sociedad europea en la que vivimos ahora. Y lo ha hecho sin depender del favor del Estado, ni de la fortuna de su padre. Trabajando duro, y aportando valor a millones de personas que han ahorrado miles de millones de euros en ropa. Gracias a Zara, quien antes gastaba 10 en ropa de diseño atractivo y calidad decente puede gastar ahora 5. Y beneficiando a todos sus clientes (y solo a los que deciden voluntariamente ser sus clientes) ha recibido como recompensa su dinero. Y ha aportado tanto valor que ha hecho una fortuna.

Los Sánchez Gordillo de salón se revuelven ferozmente contra Ortega en Twitter porque esto que es constatable desmonta todos sus mitos: no hay que robar a los ricos, no hay que redistribuir una riqueza “injustamente acaparada”. Simplemente, hay que encontrar un nuevo manantial, beneficiar a tus clientes y conseguir que ellos, a cambio, te den voluntariamente parte de su dinero. Una transacción libre y voluntaria entre personas, ni robos ni coacciones miserables en las que una de las partes se degrada admitiendo que nunca será capaz de ganarse la vida por sí mismo.

Y este mismo mecanismo para convertir un país pobre en uno rico es lo que hace falta en el tercer mundo, no más ayudas que después de 40 años solo han servido para enriquecer a unos gobernantes injustos y crear un negocio para que unos cuantos “solidarios” occidentales vivan a costa de estas ayudas. Lo que necesita el tercer mundo es más Amancios Ortegas, más descubridores de manantiales, más creadores de riqueza.

Y ahora puedes hacer algo concreto para ayudarles. Kiva es una organización que te ayuda a prestar dinero a emprendedores del tercer mundo, a los que con solo 25$ puedes ayudarles a dar un buen empujón a su negocio. Y lo mejor es que no les donas dinero, sino que se lo prestas. La donación degrada a quien la recibe porque desnivela la relación. El préstamo es entre iguales, un trato digno entre dos personas. Por supuesto, una vez que recuperas tu dinero puedes retirarlo, o puedes hacer como yo (y muchos otros) y volver a prestarlo una y otra vez, ayudando a otros emprendedores a hacer su sociedad un poquito mejor y más rica. Si tienes curiosidad, aquí puedes ver los 24 emprendedores a los que yo he prestado 25$: http://www.kiva.org/lender/borjaprieto.

Si tú también quieres participar, ahora Kiva te regala 25$ para que hagas tu primer préstamo. Por supuesto, espero que además de esos 25$ pongas algo más de tu parte, pero al menos con esta oportunidad puedes comprobar que el sistema funciona sin arriesgar ni un céntimo. De ti depende: puedes ser un Sánchez Gordillo de salón quejándote por Twitter de lo mal que está el mundo y lo mal que funciona todo, o puedes hacer algo concreto por un emprendedor concreto, ayudarle a crear riqueza para él y para su entorno. Simplemente date de alta y consigue esos 25$ para hacer tu primer préstamo: http://www.kiva.org/invitedby/borjaprieto

http://desencadenado.com/2012/08/sanchez-gordillo-mercadona-y-la-lucha-contra-la-pobreza.html