Después de años de no querer ni oír hablar de ese tipo de inversión, convencido de su poco valor industrial y un valor comercial en declive, consecuencia del cambio de percepción por parte de los consumidores, y de un aumento de sus existencias a partir de la reapertura de minas hasta ahora deficitarias, he de reconocer que en el nuevo orden financiero mundial puede crecer la demanda de esta materia prima.
 
La creciente necesidad por parte de muchas economías de dar credibilidad a sus divisas, por tratarse de economías emergentes o excesivo nivel de endeudamiento de otras está motivando un aumento de la demanda de oro por parte de esos países, un comprador con un perfil diferente al que lo había sido tradicionalmente y con mayor potencial de compra.
 
Esta necesidad creo que aporta valor real a una materia prima que hasta estos momentos asociábamos a refugio o a burbuja, valor que a mi entender puede justificar que forme parte de nuestras carteras en mayor o menor medida.