Luis Allué Bellosta  

Luis1 (5º) 

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Luis1
09:33 el 06 diciembre 2013

Dermatólogo de Barcelona

Nelson Mandela. !Generosidad y éxito!

"Porque ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás".

                                                                                                          (Nelson Mandela)       

 

Todos llevamos algunos gigantes dentro que nos han acompañado y nos acompañarán siempre ayudándonos en nuestros momentos más difíciles.  En mi lista de Gigantes figura Mandela. Fue generoso, pensó siempre en positivo y alcanzó el éxito de forma proactiva.  Quizá él inspiró estas palabras:

Dar para recibir –continuó Dale-, esa es la clave y en ese orden. Primero debemos ofrecer, generosa y desinteresadamente, a nuestros afines lo que necesitan. Luego ellos nos darán lo que nosotros precisamos. La mayoría de las personas lo hacen al revés. En nuestra sociedad de las transacciones materiales y espirituales, donde a todo le ponemos un precio, la gente quiere obtener algún beneficio de los demás y se frustra si no lo consigue. Esa desesperación, esa impotencia, ante el deseo no conseguido, suele llevarnos a querer castigar al que no ha satisfecho nuestras expectativas, en un acto de dañina venganza. La represalia aún nos distancia más –en un círculo vicioso que se retroalimenta- de nuestro objetivo inicial y sólo conduce al desencuentro y frustración. El egoísmo nos encamina al fracaso, démonos incondicionalmente a los demás y  recibiremos mucho más que adoptando una postura egocéntrica. Ésta es una de las ideas que más satisfacciones y felicidad aportarán a tu vida, recuerda: “En la medida en que usted le da a los demás lo que necesitan, ellos le darán lo que usted necesita”.

      “ Dar para recibir”, parece simple -reflexionó Alicia.

       -¿Te gusta el Arte?

       -¿Y a quién no?

       -Aseguran que el Hermitage de San Petersburgo es el museo con más obras de arte del mundo. Si nos detuviéramos tan sólo un minuto delante de cada pieza, tardaríamos dos años en verlas todas. Estaba contemplando Danae, de Tiziano, cuando entraron, apresuradamente, una pareja con sus dos hijos. Uno de los niños se detuvo a mi lado dispuesto a disfrutar del cuadro pero su padre, inmediatamente, lo cogió del antebrazo y tirando de él, al tiempo que fotografiaba el cuadro, le dijo: “Carlos, si nos paramos a mirar no tendremos tiempo de ver nada”.

       -Vivimos acelerados. Mi padre hace tiempo que viaja sin su cámara. Piensa que los turistas que, indiscriminadamente, disparan centenares de fotografías -en los museos, en las ciudades, en sus viajes- ven mucho menos que los que disfrutan de una contemplación menos posesiva, simplemente con sus ojos.

       -Tiene razón. El que fotografía cuadros no los admira, es mejor comprar un libro de arte. Además, con la revolución digital y la posibilidad de almacenar infinitas imágenes, sin coste alguno, modificándolas después en el ordenador, somos mucho menos cuidadosos y observadores. Un día escuché como un turista le decía a su compañero de viaje que ya tenía más de 800 imágenes y, créetelo, llevaba tan sólo tres días de crucero.

       -No seré yo quien las soporte –interrumpió Alicia.

       -Recientemente, acompañé a unos amigos míos -que le están enseñando a su hija el difícil arte de la fotografía- al parque zoológico y observé, con sorpresa, como la niña acechaba con su cámara a los animales; sigilosamente andaba y desandaba el camino en busca del mejor encuadre. Cuando le pregunté por qué se tomaba tantas molestias para recoger una instantánea, me contestó que a lo largo de su visita al zoológico sólo podía hacer cinco fotografías.  ¡Será una gran fotógrafa!

       Alicia se acordó de su cámara, se la había dejado en casa, pero se consoló pensando que le hubiera sido más útil una grabadora.

       -Warren fue alumno mío. Tenía veinte años cuando asistió a uno de mis seminarios de autoayuda. Él dice que ha sido la mejor inversión de su vida. El mayor honor que pudo hacerme es colgar el diploma de mi curso en su despacho de Omaha, cuando ni siquiera tiene a la vista el título de economista obtenido -con Matrícula de Honor- en la Columbia Business School, con Ben Graham.  Dime, ¿te gustan los helados?

       -Me encantan. Y también las pizzas, y el queso, y los pasteles y…

       -No sigas. ¿Tienes hambre? ¿Verdad?

       -Muchísima.

       -¿Quieres tomar uno de fresa?

      - Sí, sí… creo que necesito uno gigante.

       -¿Deseas ver pronto a tus padres?

       -Sí, mucho.

       -¿Estás aprendiendo muchas cosas en Wall Street?

      -Sí, por supuesto –dijo apresurándose a capturar el helado, apenas lo vislumbró en la mano de Dale.

      -¿Eres feliz?

      -Sí… claro que sí.

      -¡Lo conseguí! Deseaba que admitieras tu felicidad. Casi nunca falla, siempre que quieras que alguien te dé un ¡Sí! -a alguna de tus peticiones importantes- debes empezar por intentar arrancarle unas cuantas afirmaciones previas. En eso consiste el método socrático; Sócrates formulaba una retahíla de continuas preguntas con las cuales su “víctima” tenía que estar forzosamente de acuerdo, para inducir a dar un ¡Sí! a su solicitud final, la fundamental. Si tu propuesta principal es la primera en ser presentada, te arriesgas a que obtenga un ¡No! por respuesta y esa negativa, ese ¡No!, es una barrera casi infranqueable, ya que aunque, a posteriori, con tus razonamientos, convenzas a tu interlocutor de que ese ¡No! fue lanzado irreflexivamente al aire, su orgullo hará que, difícilmente, se desdiga de esa negación.

       Pensó en Dale como un prestidigitador del lenguaje.

      -Por cierto, se me ocurre un divertido juego mental. Relájate e imagínate que estás en el campo, en una extensa pradera, y que un roble centenario se presenta ante ti, majestuoso, con su ancestral tronco rugoso y sus voluptuosas ramas repletas de verdes hojas primaverales.  ¿Lo visualizas?

      -Sí, estoy concentrada -dijo mientras pensaba que Dale no le daría nunca ninguna oportunidad para replicar con un ¡No!

       -Piensa que los robles no dan manzanas, así que no te equivoques y no evoques ninguna manzana roja colgando del viejo quejigo. No…, no hay manzanas rojas en los robles…,  ninguna manzana roja adorna tu árbol.

       Dale notó como Alicia fruncía el ceño y pareció disfrutar con su desigual lucha para no imaginar manzanas rojas.

       -Ya puedes abrir los ojos. ¿Tenía bellotas tu roble?

       -He visto las ramas dobladas por el peso de las manzanas, todo el suelo estaba alfombrado con ellas –admitió derrotada.

       -Para el cerebro la palabra ¡No! no existe. Tiende a ignorarla ya que el lenguaje humano nació hace apenas unas decenas de miles de años. Nuestra genética está anclada en la edad de piedra y eso implica que el cerebro no ve palabras sino imágenes. Si piensas: “No voy a fracasar”, tu mente eliminará ese ¡No! y todo quedará en: “Voy a fracasar” y, sin saberlo, habrás gestado la imagen de tu derrota. Tus pensamientos deben formularse siempre en positivo, debes lanzar el mensaje de: “Voy a tener éxito”. Por eso sirve de poco llamar la atención de un niño diciéndole que no pinte la pared, ya que con ello reforzaremos esa conducta. Es mejor premiar los buenos hábitos que castigar los malos comportamientos. Seamos siempre calurosos en nuestra aprobación y generosos en nuestros elogios ante su buen proceder y no prestemos demasiada atención a sus travesuras, pues esa es la mejor manera de potenciar una actitud correcta. Ahora está de moda la física cuántica y el estudio del poder que ejerce sobre nuestros pensamientos, pero no hay nada nuevo, todo está ya inventado desde los filósofos clásicos. James Allen, en 1.902, en su libro: “ Como el hombre piensa, así es su vida”, ya nos desvela el poder que tienen nuestras ideas. El destino del ser humano está sustentado, en buena parte,  por los conceptos e imágenes que albergan su mente. El hombre es lo que piensa. Todo lo que nos ocurre en nuestra vida: el éxito, la riqueza, los negocios, la felicidad, no es más que la representación externa de lo que previamente ha creado nuestra mente. Con los pensamientos creamos hábitos, atraemos las circunstancias y labramos nuestro destino.  Nuestra actitud personal y nuestra manera de pensar es lo que determina, en buena medida, nuestra calidad de vida. “Cuando cambia la manera en que vemos las cosas, las cosas que vemos cambian”. Pero ¡cuidado!, las personas no atraen hacia ellas aquello que quieren, sino aquello que son. Una gran mayoría están ansiosos por mejorar las circunstancias pero no están dispuestos a mejorarse a si mismos, por eso permanecen anclados en un círculo vicioso que conduce al fracaso. El magnate Bunker Hunt definió claramente los tres pasos que conducen al éxito: “ En primer lugar uno decide expresamente lo que quiere; en segundo lugar, decide si esta dispuesto a pagar el precio necesario para conseguirlo. Y luego hay que pagar ese precio”.

       No acababa de entenderlo pero no se atrevió a solicitar aclaraciones por miedo a recibir más explicaciones.

 

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Ya hace semanas que incluí su libro de usted en mi lista de deseos de Amazón. Espero llegue pronto, pero mientras tanto voy disfrutando de lo lindo con retazos como este. Gracias Luís1.

Muchas gracias @crown

cabalga a hombros de gigantes, gigantes como: Jesús de Nazaret, Buda, Aristóteles, Sócrates, Séneca, Leonardo da Vinci, Michelangelo Buonarroti, Rafael Sanzio de Urbino, Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, Isaac Newton, Diego Velázquez, Johannes S. Bach, Wolfgang A. Mozart, Mahatma Gandhi, Teresa de Calcuta, Louis Pasteur, Santiago Ramón y Cajal, Madame Curie, Ernest Shackleton, Hermann Hesse, Erich Fromm, Viktor Frankl, Stefan Zweig, Tomás A. Edison, Benjamin Franklin, Charles Darwin, Edward Jenner, Alfred Nobel, Walt Disney, Richard Feynman, Helen Keller, Ángel Sanz Briz, Oskar Schindler, Martín Luther King, Nelson Mandela, Andrew Carnegie, Henry Ford, Vicente Ferrer, Chun Ki-Won, Warren Buffett y decenas de miles de gigantes más, que ofrecieron su esfuerzo y excelencia para dejar un mundo mejor del que recibieron de sus padres. ¡Cabalgar a hombros de gigantes! –enfatizó Dale, a quien le encantaba la expresión- te evitará padecer, en tus propias carnes, errores que ya cometieron otros. 

  Preciosa reflexión Don Luis. Un saludo.

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