Qué hacer ante esta anómala situación de mercado

 

Por Ignacio González-Enciso Fernández

¿Bolsa o deuda? ¿Dividendo o Cupón?

Actualmente nos encontramos ante un entorno económico atípico, que dificulta mucho la obtención de rentabilidades atractivas para nuestros clientes, por lo que la búsqueda de soluciones de inversión para los inversores conservadores es cada día una tarea más complicada.

La renta fija se encuentra en mínimos históricos y hay más de diez mil millones de euros en bonos con rentabilidades negativas; Esto se une a la situación de las políticas monetarias, principalmente en Europa, donde los tipos de interés que cobra el BCE por depositar el dinero en los bancos están en negativo (-0,50%), por lo que hoy en día te cuesta dejar dinero depositado en los mismos. Ante esta anómala situación, nos vemos en la necesidad de buscar otros activos donde depositar nuestro dinero.

Todas las opciones que encontramos conllevan un mayor riesgo en nuestras carteras, pues, aquellos años en los que productos conservadores como los depósitos generaban una buena rentabilidad, son mera fantasía hoy por hoy. La inversión en renta variable con el objetivo de conseguir liquidez vía dividendo es una opción que puede paliar la dificultad de encontrar inversiones atractivas para el cliente conservador.

El pequeño inversor tradicional se siente más cómodo obteniendo una renta en efectivo, que teniendo que reembolsar la rentabilidad obtenida de un activo. Lo más importante de la inversión en renta variable buscando el dividendo, es la liquidez que genera al cliente sin descapitalizar nuestro patrimonio.

La inversión en renta variable normalmente conlleva una mayor volatilidad y, por ende, mayor riesgo que la renta fija, debido a que la inversión que realizamos es variable y de ello obtenemos una rentabilidad positiva o negativa dependiendo de nuestro precio de compra y la evolución de mercado.

La rentabilidad media por dividendo del IBEX 35 es del 4.4% en los últimos 12 meses mientras que el bono español a 10 años se sitúa en el 0.15%. Ante esta diferencia, vemos muy atractiva la inversión en valores buscando esa renta vía dividendo frente a la inversión tradicional en renta fija.

Se puede ser perfectamente un inversor conservador teniendo un porcentaje de la cartera en renta variable. ¿Cómo? Teniendo muy claro nuestro objetivo de inversión, que en este caso será obtener una renta vía dividendo. Posteriormente, cuando ya tengamos claro nuestro objetivo, hay que analizar muy bien las compañías a invertir y ser muy selectivos a la hora de escoger valores.

Teniendo en cuenta un perfil conservador del cliente, buscaremos compañías de calidad con una gran visibilidad de resultados, recurrencia en beneficios y con poco apalancamiento para conseguir una cartera con una volatilidad controlada.

Este artículo se ha publicado originalmente en el Blog El color de los mercados, del diario Cinco Días.