Review profesional
Publicado hace 2 meses
Tu fondo de confianza con RV, RF, oro y liquidez
El Troy Trojan es un fondo categorizado como mixto global flexible. Es el único fondo mixto flexible del universo de Morningstar con rating Gold. Lo lanzaron en el 2001, por lo que tiene ya más de 20 años de historia. Está gestionado por un equipo liderado desde su lanzamiento por Sebastian Lyon.

El equipo de inversión es muy experimentado y presenta muy baja rotación. Está liderado por Sebastian Lyon, fundador de Troy Asset Management. Fue gestor del plan de pensiones de la compañía industrial GEC donde Weinstock lo conoció. El equipo gestor está compuesto por 14 gestores y analistas. El equipo senior cuenta con una experiencia media de 24 años en el sector de los cuáles más de 10 han sido en la entidad.

Si por algo ha destacado el fondo es por sus resultados. Desde su lanzamiento ha generado una rentabilidad anualizada del 6,9% con una volatilidad del 6,3%. Y lo que es aún más llamativo: en cuatro de los cinco años desde su lanzamiento en los que el índice MSCI World ha tenido resultado negativo, el fondo ha obtenido rentabilidad positiva. Obtuvo retornos positivos en años tan difíciles como 2001, 2002, 2008 y 2011. Incluso a cierre de marzo de 2020 el fondo cayó solo un -1,8%, frente al -19,2% del MSCI World.

Su estructura es muy sencilla. Lyon lo define como “sencillo, pero no fácil”. Se trata de un fondo mixto puro long-only flexible, que invierte en renta variable de calidad como motor de rentabilidad de la cartera, y en tres activos defensivos (deuda soberana de países desarrollados, oro, y liquidez) para descorrelacionar en momentos de volatilidad del mercado. No invierte en derivados, salvo para cobertura de divisa.

Actualmente, en la pata de renta variable, tienen actualmente un 26% de exposición (tras reducirla significativamente a finales de 2021 y primeros meses de 2022), que es la mínima que han tenido desde el lanzamiento hace más de 20 años. Únicamente invierten en compañías de alta calidad. Las definen como compañías que son poco cíclicas y poco intensivas en capital (poco apalancadas) solo en países desarrollados. Esto implica que principalmente invierten en tres sectores: consumo estable, salud, y business software, que son los sectores donde hay mayor número de compañías que cumplen con ese criterio de calidad. El peso de la renta variable depende de las valoraciones de esas compañías de calidad. No invierten en sectores más cíclicos y más apalancados como automoción, aerolíneas, mineras, construcción, o bancos, independientemente del precio al que coticen. Su objetivo es invertir en compañías estables, con ventas recurrentes, crecimientos predecibles y generación de caja elevada, cuyos productos tengan una demanda relativamente inelástica, y que por lo tanto puedan proteger el capital en los períodos de mayores caídas del mercado. La cartera se compone de unas 20-25 compañías. La rotación es muy baja.

En cuanto a la asignación a renta fija, como su finalidad es ser un elemento diversificador a la exposición a renta variable, sólo invierten en bonos soberanos de países desarrollados. No invierten en deuda corporativa, al entender que en mercados bajistas su correlación con la renta variable es demasiado alta. Desde 2008 solo tienen en cartera bonos ligados a la inflación, y desde hace unos años solo bonos ligados a la inflación de Estados Unidos (TIPS) puesto que consideraban, y lo siguen haciendo, que, como consecuencia de una política monetaria expansiva tras la Gran Crisis Financiera, los niveles de deuda sobre el PIB de las economías más desarrolladas del mundo estaban en máximos históricos, y la única forma de reducir el valor nominal de esa deuda iba a ser con tipos reales negativos (inflación por encima de tipos).

Consideran que, si estos bonos ligados a la inflación se mantienen en cartera hasta vencimiento, se obtiene una rentabilidad muy interesante en entornos con tipos reales negativos. En el entorno actual, a pesar de tener unos tipos nominales al alza, los reales siguen muy negativos. Y es una situación en la que -de acuerdo con sus perspectivas- podrían estar mucho tiempo, lo que favorece la inversión en este tipo de activo. Actualmente, el peso en estos bonos está en la banda alta del rango histórico (39%) tras haberlo aumentado durante este año a medida que las rentabilidades han ido subiendo.

En oro, tienen estructuralmente entre un 8%-12% (actualmente un 12%). Ven al metal amarillo como la única moneda que los bancos centrales no pueden imprimir y manipular, y que sirve además de protección ante riesgos sistémicos (como 2008 o 2020).

En lo que respecta a la liquidez, tienen actualmente un 23%. La ven, por un lado, como un activo con correlación cero en momentos de dislocación de mercado, y por otro, como un activo que ofrece el enorme valor de aportar la opcionalidad de incrementar el peso en acciones de compañías de calidad a precios atractivos cuando surgen las oportunidades.

En definitiva, un fondo para tener siempre en cartera y reducir esa volatilidad.