Invertir en tiempos inciertos
Invertir en tiempos inciertos
Los mercados financieros no avanzan en línea recta. Se mueven en ciclos: fases de crecimiento, periodos de euforia, momentos de corrección y, de forma inevitable, episodios de incertidumbre.
A lo largo del tiempo, estos ciclos se ven interrumpidos por eventos inesperados, los llamados “cisnes negros”, que alteran el equilibrio y recuerdan a los inversores una verdad fundamental: el futuro no es predecible.
Crisis financieras, pandemias, conflictos geopolíticos o cambios abruptos en las condiciones económicas. Cada uno con un origen distinto, pero con un efecto común: poner a prueba la solidez de las carteras y la disciplina de quien invierte.
En este contexto, invertir no consiste en anticipar cada giro del mercado, sino en aceptar que la incertidumbre forma parte del camino.
Por eso, más que buscar certezas, la clave está en construir estrategias capaces de adaptarse a distintos escenarios, preparadas no solo para los periodos de calma, sino también para atravesar entornos complejos.
Porque, al final, la inversión no es un ejercicio de predicción, sino de resistencia.
En Dunas Capital entendemos la gestión como la construcción de carteras diseñadas para navegar cualquier entorno: desde aguas tranquilas hasta tormentas inesperadas. Fondos concebidos no para adivinar el rumbo del viento, sino para mantener el rumbo cuando este cambia.
Tres pilares para invertir cuando aumenta la incertidumbre
La filosofía de Dunas se apoya en tres principios que cobran especial relevancia en el contexto actual:
1. Diversificación
Diversificar no es simplemente tener muchos activos, sino tener activos que se comporten de manera diferente.
En entornos de estrés, muchas correlaciones tienden a aumentar: lo que parecía diversificado deja de serlo. Por eso, es fundamental incorporar estrategias que permitan descorrelacionar verdaderamente la cartera.
Los fondos de retorno absoluto nacen con este objetivo: ofrecer exposición a fuentes de rentabilidad distintas, utilizando herramientas que van más allá de la inversión tradicional.
La diversificación, bien entendida, no busca maximizar ganancias, sino evitar que un solo evento determine el resultado de toda la cartera.
¿Qué representa este gráfico?
El gráfico muestra cómo se construye la rentabilidad del fondo, y en concreto de Dunas Valor Equilibrado, a partir de distintos factores o bloques de inversión, y cómo cada uno de ellos contribuye de forma diferente en cada periodo.
Observamos una clara premisa: la rentabilidad del fondo no proviene de una única fuente, sino de distintos motores que contribuyen de manera independiente.
A lo largo del tiempo, vemos cómo diferentes tipos de activo, renta fija en sus distintos segmentos, renta variable o estrategias alternativas, van aportando a la rentabilidad en distintos momentos. Ninguno de ellos explica por sí solo el resultado final.
La rentabilidad se construye a partir de múltiples fuentes que actúan de forma complementaria.
Esta combinación de fuentes es lo que permite construir una diversificación real: no se trata de acumular posiciones, sino de incorporar estrategias que generen rentabilidad por vías diferentes.
2. Gestión del riesgo: el núcleo de la inversión
Si hay un elemento que define nuestra forma de invertir es este: la gestión del riesgo no es un complemento, es el punto de partida.
En un mundo donde los riesgos extremos, los llamados riesgos de cola, aparecen con más frecuencia de la que anticipan los modelos tradicionales, proteger el capital se convierte en una prioridad absoluta.
Esto implica aceptar una idea que puede resultar contraintuitiva: renunciar a parte del potencial en mercados alcistas para limitar las pérdidas en momentos adversos.
Porque evitar grandes caídas no solo protege el patrimonio, sino que permite aprovechar mejor la recuperación posterior.
Nuestra filosofía es clara: preservar el capital mediante un control exhaustivo del riesgo, para generar rentabilidad sostenible en el tiempo.
El gráfico del Dunas Valor Prudente ilustra bien esta filosofía. En él se observa cómo la volatilidad, una medida directa del riesgo asumido, se ha mantenido en niveles controlados a lo largo del tiempo, incluso en entornos especialmente complejos como 2020 o 2022.
En este sentido, es importante destacar que se trata de un fondo con un objetivo de volatilidad máxima del 3%. Sin embargo, nuestra filosofía no consiste en agotar ese presupuesto de riesgo, sino en utilizar únicamente el necesario en cada momento. Es decir, si podemos alcanzar el objetivo de rentabilidad asumiendo menos riesgo, lo hacemos. Por eso, el fondo tiende a consumir de forma estructural menos riesgo del que teóricamente podría asumir.
Este control activo del riesgo no implica renunciar a la rentabilidad. Al contrario, como muestra la evolución de la rentabilidad a 12 meses, el fondo ha sido capaz de generar retornos positivos de forma consistente, apoyándose en una gestión prudente y disciplinada.
Este enfoque no es teórico, sino que guía nuestras decisiones de inversión en cada momento. Un ejemplo claro lo hemos visto recientemente.
A comienzos de marzo, partíamos de un posicionamiento especialmente prudente, con niveles de riesgo reducidos. Las valoraciones en muchos activos eran exigentes y el margen de error, limitado.
En ese contexto, no era necesario identificar el catalizador concreto, sino asumir que cualquier evento inesperado podía desencadenar ajustes bruscos en los precios.
El factor desencadenante, en este caso, ha sido la escalada del conflicto en Irán, que ha reintroducido tensiones geopolíticas relevantes y ha impactado directamente en variables clave como la energía, la inflación y la confianza de mercado. Este tipo de episodios tienden a trasladarse rápidamente a los activos financieros, generando aumentos de volatilidad y caídas en los precios.
Y así ha ocurrido. Como en otras ocasiones a lo largo del tiempo, un evento concreto ha sido suficiente para provocar ajustes rápidos en determinados activos.
Haber mantenido una exposición contenida al riesgo en ese punto del ciclo nos ha permitido afrontar este episodio desde una posición más sólida, preservando capital y manteniendo la capacidad de actuar cuando surgen oportunidades.
Nuestra filosofía es clara: preservar el capital mediante un control exhaustivo del riesgo, para generar rentabilidad sostenible en el tiempo.
3. Flexibilidad en la asignación: la clave en entornos cambiantes
No todas las estrategias de inversión se construyen de la misma manera. De hecho, una de las principales diferencias entre fondos radica en el grado de libertad que tienen para asignar capital entre distintos activos.
Por un lado, existen los fondos “puros”, centrados en una única clase de activo. Los fondos de renta variable invierten principalmente en acciones, mientras que los de renta fija lo hacen en bonos. Son vehículos claros y transparentes en su exposición, pero también más dependientes del comportamiento de ese activo concreto.
En un siguiente nivel se sitúan los fondos mixtos, que combinan renta fija y renta variable. Sin embargo, esta combinación suele estar definida de antemano: los mixtos conservadores mantienen un peso mayor en renta fija, mientras que los mixtos más agresivos incrementan su exposición a renta variable. Aunque ofrecen diversificación, su capacidad de adaptación está condicionada por esos rangos preestablecidos.
El reto aparece cuando el mercado no responde como dictan los manuales. Cuando los activos dejan de comportarse de forma complementaria, como ocurrió recientemente con la crisis de Irán o en el año 2022 con caídas simultáneas en renta fija y renta variable, estas estructuras más rígidas pueden perder eficacia.
Aquí es donde entra en juego el enfoque cross asset que aplicamos en Dunas.
A diferencia de los anteriores, la filosofía cross asset no parten de una asignación fija ni de límites estrictos entre clases de activos. Su universo es más amplio y su marco de actuación más flexible. No se trata de mezclar activos, sino de asignar capital de forma dinámica.
La asignación de activos no está predeterminada por el folleto, sino guiada por el análisis y la gestión del riesgo. Esto no implica simplemente aumentar o reducir exposición, sino modular dónde se asume ese riesgo en cada momento.
El riesgo puede adoptarse a través de distintas vías, renta variable, crédito de mayor rentabilidad, duración..., y la clave está en decidir cuál de ellas ofrece la mejor relación entre oportunidad y riesgo en cada entorno.
Esta flexibilidad permite trasladar el foco de la cartera entre diferentes activos según cambian las condiciones de mercado, construyendo una exposición más eficiente y adaptativa, en lugar de depender de una única fuente de riesgo.
Porque no se trata solo de cuánto riesgo asumir, sino de desde dónde asumirlo.
No se trata de estar siempre invertido en lo mismo, sino de estar invertido donde tiene sentido en cada momento.
En Dunas, esta flexibilidad no es táctica, sino estructural. Forma parte del proceso de inversión y permite construir carteras más resilientes, capaces de responder cuando el mercado cambia de régimen y las reglas implícitas dejan de cumplirse.
Porque cuando el entorno deja de comportarse como se espera, la rigidez se convierte en un riesgo… y la flexibilidad, en una fuente de protección y de oportunidad.
El gráfico anterior refleja bien esta idea. Si nos centramos en el periodo desde 2022, se observa cómo, ante un entorno de subidas agresivas de tipos, redujimos de forma significativa la duración —incluso a niveles negativos— para proteger la cartera, mientras manteníamos una exposición contenida a renta variable.
Posteriormente, a medida que el entorno fue cambiando, fuimos reincorporando progresivamente duración y crédito. En este proceso, el episodio de crédito provocado por Credit Suisse generó una oportunidad especialmente relevante.
En marzo de 2023, el banco suizo atravesó una crisis de confianza que culminó con su venta de emergencia a UBS. Como parte de esa operación, los reguladores decidieron amortizar completamente los bonos AT1 (instrumentos de deuda subordinada emitidos por los bancos), lo que provocó fuertes caídas en este tipo de activos en todo el sector financiero. Muchos inversores reaccionaron con incertidumbre, y los precios se ajustaron de forma muy brusca.
Sin embargo, desde nuestro punto de vista, este movimiento generó una dislocación atractiva. Aprovechamos ese momento para incrementar la exposición a crédito, especialmente en AT1 de entidades financieras sólidas, que ofrecían en ese contexto una rentabilidad significativamente más elevada en relación con su riesgo, y más interesante que la que ofrecía la renta variable en ese momento.
A medida que el mercado fue recuperando la confianza y estos activos fueron normalizando sus valoraciones, es decir, sus diferenciales de crédito se fueron estrechando, fuimos reduciendo progresivamente su peso en cartera. Esto nos permitió capturar ese valor y, posteriormente, trasladar el riesgo hacia otras fuentes, como la renta variable, construyendo así una exposición más equilibrada y dinámica.
Más allá del ruido: construir carteras resilientes
El contexto actual, con tensiones geopolíticas elevadas y mercados sensibles a cualquier titular, refuerza una idea clave: no se puede construir una estrategia de inversión basada en escenarios concretos.
La historia demuestra que los eventos inesperados no son la excepción, sino la norma.
Por eso, en Dunas no tratamos de anticipar cada posible crisis, sino de diseñar carteras capaces de convivir con ellas.
Carteras que:
- no dependan de un único escenario
- estén preparadas para eventos extremos
- y puedan adaptarse con agilidad a un entorno cambiante
La verdadera ventaja: disciplina y consistencia
Invertir en tiempos inciertos no exige más predicción, sino más disciplina.
- Disciplina para mantener un proceso cuando el ruido aumenta.
- Disciplina para gestionar el riesgo incluso cuando el mercado sube.
- Disciplina para pensar en el largo plazo cuando el corto plazo domina las decisiones.
Porque, al final, la rentabilidad sostenible no se construye en momentos de euforia, sino en la forma en que se gestionan los momentos difíciles.
Y es precisamente en estos entornos, como el actual, donde una filosofía de inversión sólida marca la diferencia.