Mercados: "El principio Esperanza" - Claves de la próxima semana
La reciente evolución de los mercados demuestra que viejos refranes bursátiles como “Vende en mayo y vete” no siempre se cumplen. De hecho, pese a varios focos de tensión (las idas y venidas en torno a un alto el fuego entre Irán y EE. UU., la fuerte volatilidad del precio del petróleo y las presiones inflacionistas), la mayoría de los sectores del mercado han cerrado en positivo.
Los principales índices bursátiles han avanzado, al igual que los bonos corporativos. En el caso de la deuda pública, la mayoría de los mercados también han registrado subidas en términos mensuales. Los rendimientos se han mantenido relativamente sólidos, a pesar de la volatilidad en torno al petróleo y la inflación. Aunque la situación geopolítica sigue sin resolverse, los mercados confían en que pronto se alcance una solución estable al conflicto con Irán. Esto implicaría, además, la reapertura del estrecho de Ormuz, una vía clave por la que circula alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo.
Este optimismo también se refleja en las expectativas macroeconómicas recogidas en la Encuesta Global de Gestores de Fondos (FMS) de Bank of America, donde el tono positivo ha ido ganando fuerza en las últimas semanas.
Además, hay razones de fondo que explican la resistencia de los mercados: el precio del petróleo, aunque elevado, resulta hoy menos determinante que en el pasado. Frente a las crisis energéticas de los años 70, la dependencia de la energía de las economías avanzadas se ha reducido entre un 30% y un 40%. Es decir, ahora se necesita bastante menos (y, por tanto, menos petróleo) para generar el mismo nivel de actividad económica.
Eso sí, hay países especialmente afectados, sobre todo en Asia. El colapso prácticamente de la noche a la mañana de una de las rutas petroleras más importantes del mundo tiene un fuerte impacto en la región y consecuencias a nivel global. Aun así, el déficit de suministro (en torno a 20 millones de barriles diarios) puede cubrirse en parte por otras vías, como oleoductos que se encuentran en rutas alternativas al estrecho de Ormuz, aunque solo de forma limitada.
Por ejemplo, en condiciones normales, unos 8,2 millones de barriles diarios se destinan a China e India, un volumen difícil de compensar con rutas alternativas sin levantar el bloqueo tanto por parte de EE. UU. como de Irán.
Al mismo tiempo, junio viene cargado de citas clave para los bancos centrales. El Banco Central Europeo (BCE) abre el calendario, seguido del Banco de Japón. A mediados de mes se reunirá el comité de política monetaria de la Reserva Federal (Fed), por primera vez bajo la presidencia de Kevin Warsh, y cerrará el mes el Banco de Inglaterra. La combinación del conflicto con Irán y la presión inflacionista ligada al petróleo ha llevado a muchos bancos centrales a adoptar un tono más restrictivo, algo que los mercados monetarios ya están anticipando.
Las primeras señales de inflación en la zona euro (véase el gráfico) apuntan, no obstante, a cierto alivio. En Bélgica, por ejemplo, los precios al consumo bajaron ligeramente en mayo, lo que podría anticipar una moderación de la inflación en el conjunto de la zona euro. Para los inversores, lo relevante es cómo interpretará esto el BCE, donde los mensajes siguen siendo algo desiguales. Mientras Isabel Schnabel defiende mantener un tono más restrictivo, Philip Lane se muestra más cauto. En cualquier caso, el mercado descuenta una subida de 25 puntos básicos el 11 de junio, y no se descarta un nuevo movimiento en septiembre si la inflación se mantiene elevada. Un deterioro de los datos económicos o una caída rápida de los precios energéticos podría frenar ese endurecimiento más adelante. Por ahora, la orientación sigue siendo cauta y más bien restrictiva.
En su última reunión de abril, la Fed mantuvo los tipos sin cambios en el rango del 3,50% al 3,75%, tal y como se esperaba, aunque con un tono más duro de lo previsto. Jay Powell apuntó a la persistencia de la inflación, el encarecimiento de la energía y el elevado nivel de incertidumbre, en un contexto de economía sólida y mercado laboral estable. Todo apunta a que la Fed optará por la prudencia en los próximos meses y mantendrá su rumbo actual. El mensaje fue claro: priorizar la paciencia antes que acelerar una relajación de la política monetaria. No obstante, habrá que ver si esta línea se mantiene.
Al mismo tiempo, los datos económicos de EE. UU. y la zona euro empiezan a mostrar cierta divergencia. El índice de gestores de compras (PMI) es un buen ejemplo: ha retrocedido en la eurozona, donde la confianza sigue en niveles bajos. Aunque los servicios y la confianza del consumidor han mejorado ligeramente, los datos de industria, comercio y construcción siguen perdiendo impulso. Alemania, Francia e Italia han mostrado cierta recuperación, pero en conjunto el impacto del conflicto con Irán ya se considera en gran medida descontado por el mercado. Además, a diferencia del shock energético tras la invasión de Ucrania en 2022, los efectos sobre crecimiento e inflación parecen, por ahora, más contenidos.
En este contexto de equilibrio entre geopolítica y política monetaria, se presenta la siguiente asignación táctica de activos:
El entorno económico general (con un crecimiento sólido y unos beneficios positivos) sigue apoyando una sobreponderación en renta variable, bien diversificada por regiones y sectores, aunque el perfil de riesgo podría deteriorarse en cualquier momento.
- Los mercados de renta variable siguen muy marcados por el peso del sector tecnológico. Sin el impulso de la inteligencia artificial y de sus cadenas de suministro, el crecimiento en EE. UU. (y también en Asia y en algunos proveedores europeos) sería claramente más moderado. Además, las próximas semanas vendrán marcadas por varias salidas a bolsa.
- A nivel regional, la renta variable estadounidense sigue siendo clave para las carteras. Los mercados emergentes también resultan atractivos: Asia (especialmente Corea y Taiwán) se beneficia del auge de la IA; Latinoamérica, de las exportaciones de petróleo y del impulso de las materias primas; y Europa del Este, del buen comportamiento de Polonia y del potencial tras las elecciones en Hungría. Europa, aunque más expuesta al conflicto con Irán, podría verse respaldada por reformas estructurales y estímulos fiscales.
- Tras el repunte de las rentabilidades por las preocupaciones inflacionistas, los bonos vuelven a ofrecer un perfil rentabilidad-riesgo más equilibrado. Podrían beneficiarse tanto de un deterioro del crecimiento como de una moderación de la inflación. Aun así, si la energía sigue encareciéndose, las rentabilidades podrían repuntar algo más a corto plazo.
- En el caso de los bonos corporativos, los diferenciales frente a la deuda pública siguen en niveles históricamente bajos, lo que implica que el mercado solo descuenta un riesgo moderado de desaceleración.
- Por último, incluso si la crisis energética se relaja, el dólar podría seguir bajo presión estructural en los próximos trimestres, debido a factores como los elevados déficits fiscales y la incertidumbre política.
Tema de inversión: Longevidad – más rentas para una vida más larga
- La esperanza de vida lleva décadas aumentando y todo apunta a que seguirá haciéndolo. De hecho, a medida que se vive más tiempo, quienes alcanzan edades avanzadas tienden a seguir viviendo aún más años.
- Al mismo tiempo, en muchas economías desarrolladas, el número de personas en activo crece a un ritmo menor que el de los pensionistas, lo que está poniendo cada vez más presión sobre los sistemas públicos de pensiones.
- Las trayectorias profesionales son cada vez más flexibles. El trabajo a tiempo parcial, las pausas en la carrera y las denominadas “microjubilaciones” están ganando protagonismo. Para poder permitirse este tipo de opciones, es necesario contar con fuentes adicionales de rentas.
- La longevidad va mucho más allá de una tendencia en salud. Supone un cambio estructural con importantes implicaciones para la planificación financiera a largo plazo: vivir más años implica necesitar ingresos durante más tiempo.
- En este contexto, las rentas procedentes de dividendos y cupones están llamadas a convertirse en un pilar clave de la independencia financiera de muchos inversores.
- Estas rentas pueden actuar como una especie de “segundo salario”, reduciendo la dependencia del trabajo y ayudando a cubrir posibles periodos sin ingresos.
En su obra El principio Esperanza, Ernst Bloch plantea que la esperanza no es una ilusión, sino una fuerza real que impulsa a la sociedad.
Por ello, siguen existiendo razones para el optimismo.
Dr Hans-Jörg Naumer