¿Qué nos deparará el cuarto trimestre?
Por Anthony Willis, Economista Sénior
- Las elecciones de mitad de mandato en EE. UU. podrían limitar la agenda política de la Administración y redefinir las perspectivas fiscales.
- El elevado endeudamiento público y los persistentes riesgos de inflación podrían mantener altas las rentabilidades de los bonos estadounidenses.
- El escaso margen fiscal y la fragmentación política probablemente mantendrán a Reino Unido y Francia bajo la atenta vigilancia de los inversores.
- La incertidumbre en torno a Irán podría aumentar la volatilidad de los precios de las materias primas, la inflación y los tipos de interés.
La resiliencia de la actividad económica y de los beneficios empresariales sirve de apoyo a los activos de riesgo, aunque también podría reforzar un entorno de tipos más altos durante más tiempo.
Cuatro factores tendrán probablemente un peso importante en los mercados financieros durante el cuarto trimestre de 2026: la política estadounidense, la política fiscal en Reino Unido y Francia, la evolución de la situación en Irán y las perspectivas de beneficios empresariales. En conjunto, apuntan a un periodo en el que los riesgos políticos y de inflación seguirán siendo elevados, aunque el contexto económico y empresarial de fondo continúa ofreciendo soporte.
Las elecciones de mitad de mandato de principios de noviembre en EE. UU. podrían alterar de forma significativa el equilibrio de poder en Washington. Las expectativas actuales apuntan a que los demócratas se harán con el control de la Cámara de Representantes, mientras que la contienda por el Senado está más reñida. Un Congreso bajo control demócrata supondría un freno más fuerte a la agenda política del presidente Trump y sometería las decisiones de la Casa Blanca a un mayor escrutinio.
Un cambio en la composición del Congreso no implicaría necesariamente un giro inmediato en la orientación fiscal, pero sí podría influir en la dirección y la aplicación de la política interna. El endeudamiento público estadounidense sigue siendo inusualmente alto para esta fase del ciclo. El déficit se sitúa en niveles más propios de una recesión, a pesar de que la economía parece haber crecido a una tasa anualizada superior al 4% en el tercer trimestre.
Las recientes subidas de las rentabilidades de la deuda pública estadounidense parecen reflejar más el riesgo de inflación que una preocupación inmediata por la sostenibilidad de la deuda. Aun así, la magnitud del déficit supone un reto a largo plazo, sobre todo cuando la economía apenas necesita estímulo fiscal adicional. Por tanto, un Congreso menos complaciente podría convertirse en un contrapeso importante al programa político de la Administración.
La política fiscal también estará en el punto de mira en Europa. En Reino Unido, los Presupuestos de finales de octubre acapararán probablemente una atención considerable. La ministra de Hacienda tiene un margen de maniobra limitado, ya que el aumento de las rentabilidades de los bonos eleva el coste del servicio de la deuda y reduce el margen fiscal. Esto hace improbable un estímulo macroeconómico significativo; lo más probable es que el foco se ponga en subidas de impuestos marginales y en encontrar suficiente capacidad de gasto para cumplir los compromisos ya adquiridos.
Francia se enfrenta a una combinación igualmente complicada de un elevado déficit presupuestario y fragmentación política. El déficit sigue por encima del 5% del PIB, y los esfuerzos por reducirlo encuentran resistencia tanto en la izquierda como en la derecha. Para los inversores, la preocupación inmediata es que la falta de consenso político y un ajuste fiscal exigente mantengan bajo presión los bonos soberanos franceses.
La proximidad de las elecciones presidenciales francesas añade otra capa de incertidumbre más allá del cuarto trimestre. Los posibles cambios en el panorama político podrían complicar los esfuerzos por establecer una senda fiscal creíble a medio plazo. A corto plazo, la combinación de un déficit considerable y una estabilidad política limitada seguirá siendo probablemente un factor importante para los mercados europeos de renta fija.
La situación geopolítica en torno a Irán constituye una tercera fuente de riesgo para los mercados. La reanudación de las conversaciones indirectas entre EE. UU. e Irán es alentadora, pero no parece haber un impulso real hacia un acuerdo duradero. Persisten diferencias importantes sobre las condiciones de un posible acuerdo, y sigue habiendo incertidumbre sobre las perspectivas de normalización de rutas comerciales y energéticas clave.
Esa incertidumbre aún no está plenamente reflejada en los precios de las materias primas. Cualquier nueva perturbación podría aumentar las presiones inflacionistas, complicar las perspectivas de tipos de interés y contribuir a una mayor volatilidad en los mercados de bonos. Es posible que haya nuevas negociaciones, pero sin avances tangibles, la prima de riesgo geopolítico probablemente persistirá.
Las perspectivas de beneficios empresariales ofrecen un contrapeso más constructivo. Los resultados han sido sólidos en lo que va de 2026, con un crecimiento de los beneficios que ha superado las expectativas tanto en amplitud como en magnitud. La temporada de resultados del tercer trimestre comienza en las próximas semanas, y las expectativas actuales sugieren que esta resiliencia puede mantenerse durante el cuarto trimestre.
Unos beneficios favorables deberían ayudar a sostener el apetito por el riesgo, sobre todo mientras las principales encuestas empresariales sigan apuntando a un contexto económico sólido. Sin embargo, la resiliencia de la actividad también da a los bancos centrales más margen para mantener una orientación restrictiva o seguir subiendo tipos si las presiones inflacionistas no remiten. Por tanto, los mercados podrían tener que lidiar con tipos de interés más altos durante más tiempo, incluso aunque la economía y los fundamentales de las compañías se mantengan relativamente firmes.
En conjunto, nuestra visión sigue siendo constructiva. La evolución política, las restricciones fiscales y las tensiones geopolíticas podrían provocar episodios de volatilidad, especialmente en los mercados de tipos y de bonos. No obstante, la combinación de una actividad económica resiliente y unos beneficios empresariales saludables sugiere que la economía mundial sigue bien posicionada para absorber unas condiciones monetarias más restrictivas. Si el contexto geopolítico o macroeconómico se deteriorara de forma significativa, habría que revisar esta valoración.
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