Los sesgos del inversor - el exceso de confianza -
Los sesgos del inversor: el exceso de confianza
En esta serie de Brújula financiera toca hablar de los sesgos conductuales que inconscientemente sufre todo inversor, pero que también pueden trasladarse a otros ámbitos de nuestra vida cotidiana.
Nuestro día a día se basa en una toma constante de decisiones. Algunas de ellas son menos relevantes, pero otras son de gran importancia. Daniel Kahneman es quizás el autor que más ha estudiado los sesgos conductuales que afectan a nuestra toma de decisiones. En sus estudios analiza como el cerebro humano recurre, de manera inconsciente, a ciertos trucos o atajos mentales, que ayudan a simplificar los procesos que llevamos a cabo al tomar una decisión. Esto, que en nuestra supervivencia puede resultar clave, termina provocando que tomemos decisiones rápidas, automáticas e intuitivas, algo que da lugar a malos resultados en las inversiones. Por este motivo, hoy afrontamos el análisis de uno de estos sesgos: el exceso de confianza.
¿Qué es el sesgo del exceso de confianza?
El exceso de confianza es uno de los sesgos que más puede afectarnos como inversores. Consiste en la tendencia a sobreestimar nuestros conocimientos y a considerar nuestros juicios subjetivos como certeros. Cuando tomamos decisiones, sobrevaloramos nuestras capacidades y nuestra experiencia, sin tener en cuenta aquello que desconocemos. Por tanto, terminamos generando una falsa sensación de control sobre nuestras acciones.
¿Cómo afecta a nuestra toma de decisiones de inversión?
En inversión, el exceso de confianza aparece constantemente. Al sobreestimar nuestros conocimientos tendemos a creer que somos capaces de predecir eventos futuros con mayor acierto que el resto de los inversores. A su vez, suele traducirse en una subestimación de los riesgos, ya sea no considerándolos o, creyendo que están bajo control. El resultado, se refleja en la siguiente lista de errores:
· Sobre ponderar creyendo que se puede batir al mercado fácilmente.
· Subestimar los riesgos y concentrar demasiado la cartera.
· Ignorar información contraria a la que fundamenta nuestro análisis.
· Uso excesivo del apalancamiento para invertir.
· Infravalorar eventos inesperados.
· Creer que un éxito pasado es directamente trasladable al futuro.
· Despreciar el asesoramiento profesional.
Si crees que cometes alguno de los errores del listado anterior… tranquilo, no pasa nada, es lo normal. Ningún inversor está exento de caer en este tipo de conductas, es inevitable.
¿Cómo evitamos este sesgo?
Saber de su existencia es el primer paso para tratar de evitarlo, ya que como con todos los sesgos, es un error que cometemos de forma inconsciente. Los siguientes puntos resultan especialmente útiles para analizar nuestra toma de decisión y ver si estamos siendo víctimas de un exceso de confianza:
1. Ser autocrítico: dudar de nuestro proceso mental y de nuestras capacidades.
2. Usar el método científico: tratar de validar empíricamente todas nuestras teorías.
3. Plantear hipótesis alternativas: analizar que ocurriría en escenarios distintos nos ayuda a contemplarlos y ser conscientes de que pueden ocurrir.
4. La técnica del espectador de teatro: consiste en imaginar que estás como espectador observando tu decisión. Al verlo desde fuera nos ayuda a ser críticos.
5. Coméntalo con un conocido: pon a prueba tu confianza y trata de ver si los demás concuerdan con tu tesis.
6. Haz evaluaciones en retrospectiva: si has cometido un error puedes aprender de ello y ver en qué puedes mejorar.
Conclusiones:
Como conclusión debemos ser conscientes de que el sesgo del exceso de confianza aparece en nuestro día a día. La humanidad ha acumulado una gran cantidad de conocimientos sobre patrones y errores comunes, que nos permite progresar más rápidamente. Sin embargo, un buen inversor, debe ser capaz de combatirlo y, para ello, el primer paso es ser consciente de que existe. Errores, como creer que estamos más seguros o que vamos a obtener mayor rentabilidad por invertir en valores españoles, demuestran un exceso de confianza. Creer tener la capacidad de predecir el mejor momento para invertir, es otro ejemplo. Por ello, ir de la mano de expertos es siempre más fácil.