La semana comenzaba con titulares sobre la imposibilidad de Evergrande, gigante chino inmobiliario, de hacer frente a sus pagos. La mayoría de los analistas descartan el riesgo sistémico al estilo “Lehman”, en línea con la reciente inyección de liquidez, si bien no hay duda de que su sector inmobiliario tiene un problema. Además, China sigue en el candelero tanto por los sucesivos anuncios de intervención regulatoria (tecnología, educación privada, videojuegos) como por la desaceleración macro. El sentimiento continúa siendo negativo, esperando a la intervención de las autoridades en el cuarto trimestre para contrarrestar la debilidad del crecimiento del PIB.

La estanflación vuelve a la palestra, si bien descartamos este escenario. La inflación continuará elevada debido a los cuellos de botella en la cadena de suministro y los bajos niveles de inventarios. Por el contrario, el cerco regulatorio en China es deflacionario. En este sentido, la reunión de la Fed (EE. UU.) trajo consigo un adelanto de la expectativa de retirada de estímulos monetarios, así como de la primera subida de tipos, a 2022. Hablamos del fin del soporte monetario, si bien está pendiente de aprobación el paquete fiscal de Biden.

Los beneficios empresariales continúan fuertes, si bien queda atrás el pico de revisiones positivas, con lo que una cartera balanceada, con un sesgo hacia crecimiento estructural y valores afectados por las cadenas de suministro, pero con demanda latente, se presenta como la opción más acertada.

 

 

Miriam Fernández Jiménez, CFA

Responsable ASG

Ibercaja Gestión