Si hace unos años hubiese escrito que, como ahorradores, iban a tener que pagar dinero por prestar su dinero, me habrían tachado de loco. Pero el mundo ha cambiado y ahora en muchos casos se remunera al que toma prestado y no al que presta. Gran parte de los bonos de gobiernos europeos cotizan con tasas de interés negativas, es decir, el precio que el ahorrador paga por el bono excede la cantidad que le pagarán a vencimiento más los intereses que va a recibir por el camino. Y se preguntarán, ¿por qué alguien compra un bono con rentabilidad negativa? Algunas de las razones son el miedo al futuro y la elección de asumir una pérdida acotada, la creencia de que los tipos de interés serán aún más negativos implicando un aumento del precio del bono y unas expectativas deflacionistas. Detrás de esta anómala situación, se encuentra nuestro Banco Central, que apoya la existencia de tipos de interés negativos con la creencia de que estimulará la economía. Actualmente estamos en terreno desconocido, los bonos son tratados por los inversores como acciones, buscando la apreciación del capital, y las acciones son tratadas como bonos, ya que están siendo compradas por su cupón, el dividendo. Hoy en las inversiones en renta fija, en gran parte de los casos, se aprecia una desconexión frente a las valoraciones lógicas ya que, ¿qué hay más ilógico que tener que pagar por prestar dinero? Si las tasas negativas se extienden, deberemos replantearnos las reglas del juego.

 

 

 

Pedro Lacambra Prieto

Gestor de Fondos

Ibercaja Gestión