Los acuerdos de Bretton Woods en 1944 concedieron al dólar estadounidense la prerrogativa de ser la divisa de reserva mundial. Se estableció que la FED tendría la obligación de intercambiar 1 onza de oro por 35$. Esto permitió que el dólar se convirtiera en la divisa del comercio mundial, haciendo que la demanda de dólares se incrementara a medida que este crecía.

En 1971, Nixon suspendió la convertibilidad de dólares a oro y el mundo fue testigo de una de las mayores expropiaciones de la historia. Sin embargo, el dólar mantuvo su estatus, permitiendo que EEUU pudiera emitir deuda y moneda sin ningún tipo de restricción. Desde entonces, la deuda estadounidense se ha multiplicado unas 73x hasta alcanzar los 28,5 billones de dólares, mientras que el PIB únicamente unas 18x. Los gurús de la teoría monetaria moderna quieren hacernos creer que el volumen de deuda no importa, ya que siempre se puede imprimir dinero para pagarla.

Pero la deuda pública importa, ya que es una promesa de pago que tiene como colateral la riqueza económica del país. La historia es tozuda al demostrar que siempre que se han intentado experimentos monetarios de monetización de la deuda o impresión indiscriminada de moneda el resultado ha sido el mismo: devaluación de la moneda, restructuración política (a veces violenta) y surgimiento de un nuevo orden. Por eso la verdadera tumba del imperio estadounidense será su deuda

 

Alberto de Antonio Gardeta

Ibercaja Gestión