La Financière de l'Echiquier (LFDE)
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China alcanza sus metas de crecimiento con una economía desequilibrada

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Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM, accionista de LFDE 

El enquistamiento del conflicto en Oriente Medio se traduce en una presión alcista sostenida sobre los precios de los hidrocarburos. En estos momentos, hay pocas esperanzas de avances en las negociaciones, toda vez que el presidente Trump parece haberse desconectado de las conversaciones. Al menos, ha prometido no atacar Irán antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato. En conjunto, el precio del barril de Brent se mantiene en cotas elevadas cercanas a los 107 dólares. En cuanto al gas, la capacidad de producción de Catar sigue sufriendo bloqueos y el hemisferio norte necesita reponer sus reservas ante la llegada del invierno, lo que provocó nuevas alzas que llevaron los precios hasta un nuevo máximo histórico (89 €/MWh) en Europa. Así las cosas, los efectos negativos sobre el poder adquisitivo deberían seguir lastrando el consumo.

Seguimos esperando que se produzca una apertura real del estrecho de Ormuz tras las elecciones estadounidenses. La oferta recuperaría paulatinamente unos niveles abundantes, por lo que la caída de los precios de los hidrocarburos debería ser una realidad antes de finales de año y acelerar en 2027.

A pesar de que los precios de la energía siguen siendo elevados, los tipos de interés registraron un acusado descenso la pasada semana. Este retroceso se explica en parte por una menor asunción de riesgos en los mercados. Concretamente, los inversores comienzan a estar preocupados por la rentabilidad de las inversiones colosales destinadas al despliegue de las infraestructuras de la inteligencia artificial. La reducción del riesgo favoreció a la deuda pública; así, por ejemplo, los tipos largos estadounidenses (10 años) descendieron más de 20 puntos básicos (pb). En la zona euro, este movimiento fue bastante más comedido.

Esta dinámica concuerda con nuestro posicionamiento prudente a corto plazo en activos de riesgo y nuestra sobreponderación en deuda pública. Sin embargo, seguimos pensando, a pesar de las grandes incertidumbres, que nuestro escenario de crecimiento persistente, con una caída de los precios de la energía y unos bancos centrales menos restrictivos de lo que prevé el mercado, debería resultar favorecedor para los activos de riesgo a medio plazo.

En Francia, los disturbios del fin de semana pasado han agravado las tensiones sobre los bonos galos. Así, los títulos a largo plazo, que incorporan la prima de riesgo relacionada con la sostenibilidad de la deuda, subieron con fuerza ayer, 19 de octubre de 2026. Con 147 pb, el diferencial entre los bonos franceses y alemanes en el vencimiento a 10 años se sitúa muy cerca de los niveles alcanzados durante la crisis de deuda de la zona euro de 2011-2012. En estos momentos, Francia es el país del bloque que presenta el diferencial más amplio con Alemania.

A corto plazo, el debate presupuestario en curso debería resolver el enorme reto de apaciguar las reivindicaciones actuales y, al mismo tiempo, reducir el déficit público en 2027. El objetivo mínimo del gobierno es colocar el déficit público en el 5 % del PIB, frente al 5,4 % estimado en 2026. De este modo, habrá que encontrar entre 15.000 y 20.000 millones de euros de ahorros, sabiendo que las perspectivas económicas no son especialmente halagüeñas y que el coste del endeudamiento del estado está aumentando. El veredicto sobre el esfuerzo que deberá realizarse lo conoceremos cuando se voten los presupuestos a mediados de noviembre.

En cuanto a Asia, llegaron datos tranquilizadores procedentes de China. Las cifras de crecimiento del PIB en el tercer trimestre fueron, en efecto, mejores de lo previsto y arrojaron una expansión interanual del 4,5 %. Esta tasa de crecimiento está en consonancia con el objetivo del gobierno para el conjunto del año (4,5-5 %). Esta aceleración del crecimiento se explica en parte por unos indicadores muy focalizados de la demanda interna, sobre todo la inversión en tecnología, en especial en el ámbito de la inteligencia artificial. Sin embargo, la inversión total sigue de capa caída, como demuestran las cifras del mes de septiembre (-7,2 % en tasa interanual).

Al mismo tiempo, el consumo (ventas minoristas) rebotó en septiembre (+1,1 % interanual), pero sigue estando bastante presionado, ya que el desempleo se mantiene en niveles relativamente elevados (5,2 %) y la confianza no remonta. Las tribulaciones del sector inmobiliario erosionan la confianza. La inversión inmobiliaria volvió a descender en septiembre y situó en el -20,6 % el descenso desde comienzos de año, comparado con el mismo periodo del año anterior.

En este sentido, las autoridades siguen apostando por el sector exportador para animar el crecimiento. Este siguió alimentando la producción industrial. No obstante, aunque las exportaciones, sobre todo hacia EE. UU., se benefician enormemente de la demanda vinculada al desarrollo de la IA, están surgiendo restricciones y prueba de ello son las negociaciones con la Unión Europea para tratar de limitar las importaciones chinas. Estas restricciones podrían convertirse en un obstáculo para el modelo de crecimiento chino en 2027.

Aunque los datos económicos de EE. UU. han demostrado hasta ahora una gran resistencia, es importante recordar, como venimos señalando desde hace varios meses, que el aumento de los precios de la energía y la escalada de los tipos de interés deberían moderar el crecimiento durante los próximos meses. Los resultados de la encuesta a constructoras residenciales (NAHB) del mes de octubre apunta en esta dirección. Así, el índice de confianza volvió a descender y alcanzó mínimos desde 2012, es decir, cuando comenzó la recuperación gradual del mercado inmobiliario tras la gran crisis de 2008-2009. Como cabía esperar, el elevado nivel de los tipos de interés lastra la actividad.

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