La Financière de l'Echiquier (LFDE)
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El crecimiento mundial aguanta

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Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM, accionista de LFDE

Los rumores recientes en torno a un posible recrudecimiento del conflicto entre EE. UU., Israel e Irán tras las elecciones legislativas estadounidenses a comienzos de noviembre han redoblado las presiones sobre los precios de los hidrocarburos. El barril de crudo Brent ronda los 117 dólares, mientras que el precio del gas en Europa está rompiendo récords y se acerca a los 100 euros/MWh.

Esta situación no es una buena noticia para la economía mundial. El riesgo de que este conflicto se prolongue está aumentando. Desafortunadamente, este hecho refuerza nuestro escenario de ralentización de la actividad por la vía de los efectos negativos sobre los costes de las empresas y el poder adquisitivo.

Mantenemos la prudencia táctica en los activos de riesgo y preservamos nuestro sesgo más favorable en deuda pública, aunque hemos moderado ligeramente nuestras posiciones tras el fuerte descenso de los tipos durante las últimas semanas.

A corto plazo, la opción más prometedora, aunque frágil, parece ser un entendimiento entre los países de la región para abrir el estrecho de Ormuz. A todos los países del Golfo les perjudica la inseguridad que reina en la región y la importante merma de recursos financieros. A pesar de que los flujos de crudo parecen normalizarse, con unos costes de transporte muy elevados, el bloqueo continúa en los productos destilados y el gas (GNL).

El miércoles se conocerán a buen seguro los resultados de las elecciones legislativas israelíes. Existe una gran incertidumbre sobre quién se alzará con la victoria. Los sondeos no dan ninguna mayoría, ni a la coalición en el poder (formada por la derecha, los partidos religiosos y la extrema derecha) ni a la oposición. El primer ministro Netanyahu ha multiplicado estos últimos días los mensajes atemorizantes en torno al conflicto con Irán para inclinar la balanza electoral a su favor. Un posible cambio de gobierno podría modificar la estrategia de Israel en la región y alterar también los planteamientos de EE. UU.

En las elecciones presidenciales celebradas en Brasil durante el fin de semana, el presidente saliente Lula sorprendió a todo el mundo con su victoria. Se le daba prácticamente por derrotado tras el abrumador resultado obtenido por Bolsonaro en la primera vuelta. El mercado había adoptado una visión muy favorable a Bolsonaro, considerado también mucho más favorable a las empresas, sobre todo en el sector agrario. También parecía más dispuesto a acometer el saneamiento de las cuentas públicas.

Por lo tanto, el triunfo de Lula ha provocado una fuerte decepción en los mercados. La bolsa brasileña se hundió más de un 16 % en la apertura y los tipos de interés han experimentado fuertes alzas. Este movimiento nos parece exagerado. El presidente deberá alcanzar acuerdos con otras fuerzas políticas en el parlamento, ya que el gobierno no tiene mayoría. En este sentido, consideramos que el riesgo de que continúe, en especial, la desviación presupuestaria es limitado.

En Francia, el debate sobre los presupuestos de 2027 no ha concluido, pero consideramos que, en estos momentos, no existe una vía asegurada para devolver los presupuestos a una senda más sostenible. Por el momento, algunas medidas de ahorro importantes, sobre todo en materia de jubilación, han sido rechazadas por los parlamentarios. Esta dificultad para alcanzar acuerdos entre fuerzas políticas con el fin de conseguir un ajuste importante del déficit (pasar del 5,4 % del PIB previsto en 2026 a un 5 % del PIB en 2027) abre la puerta a una aprobación «por la fuerza» por parte del gobierno, utilizando, por ejemplo, el artículo 49-3 de la constitución.

A pesar de la persistencia de la crisis energética, el entorno alterado por procesos electorales importantes y las crecientes dudas de los inversores sobre la rentabilidad futura de las enormes inversiones en la inteligencia artificial (IA), la actividad mundial parece resistir, aunque se aprecia también cierta inflexión. De hecho, los resultados preliminares de las encuestas PMI de S&P del mes de octubre muestran que, en un gran número de países y regiones, el crecimiento aguanta, aunque con dinámicas diferenciadas.

En EE. UU., se observa una ralentización muy moderada de la actividad, sobre todo en los servicios, pero el índice global se mantiene en niveles muy elevados, cerca de su máximo de los últimos cinco años. En el sector manufacturero, la actividad sigue siendo muy dinámica y el índice se sitúa en máximos de los últimos cuatro años. Como el mes anterior, la encuesta revela que las intenciones de contratación mejoran, a la vista de la solidez de la actividad. Este mensaje no quedó realmente confirmado en los datos de empleo del mes anterior.

Paralelamente, las presiones sobre los costes siguen intensificándose. Cabe destacar que, según la encuesta, las empresas parecen estar encontrando más facilidades para repercutir las alzas de costes a sus clientes, a la vista de la fortaleza de la demanda. Estos factores parecen apuntar a un potencial aumento de las presiones inflacionistas que confirmaría la tendencia alcista que registró la inflación en septiembre.

El aumento del coste de la vida sigue siendo uno de los factores que lastra la confianza de los hogares estadounidenses y será, a buen seguro, una cuestión determinante en las próximas elecciones legislativas. Eso es lo que revelan los resultados definitivos de la encuesta de la Universidad de Michigan, en la que la confianza se deterioró frente al mes anterior, pero ha mejorado ligeramente con respecto a la encuesta preliminar de comienzos de octubre. Por el momento, las perspectivas de inflación, tanto a corto como a medio plazo, siguen siendo elevadas, pero no han aumentado más este mes. No obstante, seguimos pensado que el efecto negativo del coste de la vida supondrá un freno para el consumo durante los próximos trimestres.

En la zona euro, las encuestas preliminares de los PMI de S&P también arrojaron un mensaje de moderación de la actividad, pero claramente con unos niveles de expansión mucho más bajos que al otro lado del Atlántico. No obstante, en Alemania vemos que la actividad resiste, sobre todo en el sector manufacturero. La buena salud que muestra la dinámica germana quedó confirmada en la encuesta del IFO, cuyo índice global volvió a subir. El índice de perspectivas registró su nivel más alto desde comienzos de 2022. Cabe pensar que, más allá del crecimiento de las exportaciones, los estímulos presupuestarios alemanes han dado un verdadero impulso a la economía.

De hecho, la caída de la actividad en la zona euro se debe principalmente a Francia, donde tanto la industria como los servicios están perdiendo fuelle. Así, los dos índices sectoriales se sitúan en territorio de contracción en octubre. En nuestra opinión, eso no es un buen augurio para las perspectivas de crecimiento del país, aunque la resistencia del conjunto de la zona euro también debería brindar cierto apoyo a la economía gala. Por el contrario, las presiones inflacionistas vinculadas a los aumentos de los costes siguen siendo elevadas en todo el bloque. Esta situación también pinta un panorama negativo para el crecimiento, ya que podría lastrar aún más el poder adquisitivo.

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