La Reserva Federal reconsidera el rumbo de la política monetaria
Comentario del equipo de análisis de Mapfre Economics
La Reserva Federal decidió por unanimidad elevar los tipos de interés hasta el rango 3,75%-4,0% al tiempo que anticipó otro aumento antes de que termine el año. Esta decisión reflejó no tanto una reevaluación del escenario macroeconómico (levemente mejorado en términos de actividad y algo más de inflación), sino el reconocimiento de tres factores que justifican que el escenario central se haya vuelto progresivamente menos probable.
La desaceleración esperada no ha terminado de materializarse, de hecho, la economía parece estar acelerándose de nuevo, la tendencia inflacionaria no mejora y el entorno geopolítico, que se mantienen como una fuente de presión adicional. En consecuencia, seguir en la inacción era una postura cada vez más difícil de justificar.
Esta decisión resulta especialmente relevante porque se produce apenas unos meses después de que Kevin Warsh iniciara una revisión más amplia del marco de análisis de la Reserva Federal, defendiendo una aproximación más flexible y menos dependiente de señales puntuales. Sin embargo, y aunque la política monetaria puede permitirse cuestionar las señales, difícilmente puede ignorarlas cuando todas ellas comienzan a apuntar en la misma dirección. De hecho, la cuestión para la Reserva Federal ya no es únicamente cuándo comenzará a moderarse la inflación, sino si los supuestos que guiaban esa expectativa siguen siendo válidos.
Durante los últimos años, gran parte del análisis macroeconómico ha descansado sobre una hipótesis implícita de que, una vez absorbidos los shocks extraordinarios de la pandemia y de la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania, la economía terminaría regresando gradualmente a los patrones observados durante la última década, es decir, volvería a la normalidad previa.
Sin embargo, la evolución observada durante 2026 vuelve a cuestionar simultáneamente varias de estas premisas. Ya sea por una desaceleración esperada que continúa sin materializarse con la intensidad prevista, por un mercado laboral que mantiene una fortaleza difícil de reconciliar con patrones del pasado o una inflación que sigue encadenando focos de presión procedentes de la oferta. La sorpresa ya no parece residir en que la inflación tarde en volver al objetivo, sino en seguir esperando que lo haga bajo las condiciones que precedían en ciclos anteriores.
En este contexto, la decisión de la Reserva Federal trasciende ampliamente los 25 puntos básicos aprobados en esta reunión. En concreto, la verdadera cuestión ya no es únicamente si la política monetaria es lo suficientemente restrictiva, sino hasta qué punto las herramientas diseñadas para responder a una inflación impulsada por la demanda siguen siendo igual de eficaces en un entorno donde una parte creciente de las presiones sobre los precios procede de factores energéticos, geopolíticos y estructurales.
En esta línea, Kevin Warsh desveló varias pautas: la necesidad de tomar más medidas para eliminar parte de estímulo (hasta la fecha el rango anterior se consideraba como ligeramente restrictivo) para garantizar un regreso más oportuno al objetivo (2% histórico), al tiempo que desechó la idoneidad de uso del tipo de interés neutral para devolver la economía al equilibrio (encorsetando su utilidad al ámbito académico).
Tal vez por ello, la fase de reconsideración iniciada por Kevin Warsh ya no se ciña únicamente a la trayectoria futura de los tipos de interés, sino al propio papel que los bancos centrales están llamados a desempeñar en una economía global que parece haber cambiado más de lo que inicialmente se pensaba.