Los tres ‘bolsillos’ de tu dinero: cómo repartir inversiones entre corto, medio y largo plazo
Imagina un abrigo con tres bolsillos. En el primero llevas lo que puedes necesitar en cualquier momento. En el segundo, lo que usarás dentro de un tiempo. En el tercero, lo que guardas para mucho más adelante. A nadie se le ocurriría meter las llaves de casa en el bolsillo más lejano, en el más difícil de alcanzar.
Con el dinero ocurre algo parecido: no todo el ahorro tiene la misma misión ni debe estar en el mismo sitio. Esta es la principal idea que defiende Veredas Zarco, asesora de gestión patrimonial de Mapfre Inversión.
“Una buena planificación financiera empieza por una pregunta sencilla: ¿cuándo voy a necesitar este dinero?”, explica. Y añade: “No deberíamos gestionar de la misma forma el ahorro destinado a un gasto próximo que aquel con el que queremos complementar nuestra jubilación”.
¿Por qué es importante separar el dinero según cuándo lo vamos a necesitar?
Para Zarco, separar el dinero por horizontes temporales sirve, sobre todo, para ajustar el riesgo a cada objetivo. “Cuanto más cercano esté el momento en el que necesitaremos el dinero, mayor importancia tendrán la liquidez y la estabilidad”, señala. “A medida que ampliamos el horizonte, podemos asumir una mayor volatilidad en busca de un mayor potencial de rentabilidad”.
¿Y hasta cuándo dura cada “bolsillo”? La asesora prefiere no hablar de fronteras rígidas, pero sí da unas referencias. El corto plazo sería el destinado a necesidades próximas, “generalmente dentro de los dos próximos años”. El medio plazo abarcaría objetivos situados “aproximadamente entre los dos y los cinco años”. A partir de ahí entraríamos en el largo plazo, “especialmente cuando pensamos en objetivos como la creación de patrimonio o la jubilación”. Eso sí, insiste en que “son referencias que siempre deben adaptarse a las circunstancias y objetivos de cada persona”.
Antes de llenar los bolsillos del medio y el largo plazo hay un paso previo: el colchón de emergencia, ya hablamos de ello en este artículo. Según Zarco, “es importante contar con un colchón de seguridad que permita afrontar imprevistos sin alterar nuestra estrategia de inversión”. No hay una cifra única para ese colchón. “Su importe dependerá de las circunstancias de cada persona, teniendo en cuenta aspectos como sus ingresos, gastos habituales, estabilidad laboral, cargas familiares y necesidades de liquidez”, detalla.
¿Qué productos encajan mejor en cada ‘bolsillo’?
Cada bolsillo tiene su prioridad, y de ella dependen los productos que encajan en él.
- Corto plazo: disponibilidad. “En el corto plazo debe primar la disponibilidad”, afirma la asesora. “Es un dinero que podemos necesitar pronto y, por tanto, conviene limitar su exposición a la volatilidad y priorizar alternativas de menor riesgo”. En este primer bolsillo, explica, “cuentas remuneradas, depósitos, fondos monetarios o determinadas soluciones de renta fija a muy corto plazo pueden tener cabida”. La elección concreta, matiza, “dependerá de cuándo podamos necesitar el capital, del nivel de riesgo asumible y de las características de cada producto”.
- Medio plazo: equilibrio. En el segundo bolsillo se busca “un mayor equilibrio entre estabilidad y potencial de rentabilidad”. Al haber más tiempo por delante, las opciones crecen. “Podemos incorporar renta fija o fondos de inversión diversificados, con una combinación de activos acorde con el plazo y el perfil de riesgo”, apunta Zarco. Aquí la diversificación gana peso, “ya que permite distribuir el riesgo entre distintas inversiones”.
- Largo plazo: crecimiento. En el tercer bolsillo, “el foco puede desplazarse progresivamente hacia el crecimiento del patrimonio”. Un horizonte amplio “ofrece más margen para asumir fluctuaciones de mercado y valorar una mayor exposición a renta variable dentro de una cartera diversificada”. Si uno de los objetivos es la jubilación, añade, “los planes de pensiones también pueden formar parte de la estrategia”.
En los tres casos, la asesora hace la misma advertencia: “Lo importante es entender cada producto como una pieza dentro de una planificación global y no como una solución aislada”.
¿Cómo cambia el reparto a los 30, a los 45 y a los 60 años?
Es la pregunta que muchos ahorradores se hacen, y la respuesta de Zarco es clara: “No existe un porcentaje que sirva para todo el mundo”. La edad cuenta, pero no es lo único. “Los ingresos, el patrimonio acumulado, las cargas familiares, los proyectos previstos, las necesidades de liquidez y el perfil de riesgo son igualmente importantes”, subraya.
Aun así, Zarco reconoce que cada etapa vital suele tener prioridades distintas.
A los 30 años, una vez cubiertas las necesidades más cercanas, “un horizonte temporal amplio puede permitir dar más peso al largo plazo”. Para la asesora, empezar pronto es una ventaja: “No solo importa cuánto conseguimos ahorrar e invertir, sino también el tiempo que damos a ese capital para crecer”.
En torno a los 45, el panorama se suele complicar. “Vivienda, familia, proyectos personales y jubilación pueden competir por el mismo ahorro”, describe Zarco. En esta etapa, según explica, “cobra especial importancia encontrar un equilibrio entre los tres bolsillos y revisar periódicamente si la estrategia sigue alineada con nuestras necesidades y objetivos”.
Al acercarse a los 60, “la liquidez y la estabilidad suelen ganar protagonismo, especialmente en la parte del patrimonio que podamos necesitar durante los próximos años”. Pero eso no significa cerrar el tercer bolsillo. “Esto no significa necesariamente renunciar al largo plazo”, aclara. “La jubilación puede extenderse durante muchos años y una parte del patrimonio puede mantener un horizonte suficientemente amplio para seguir buscando crecimiento”.
No hay un reparto perfecto ni un producto que sirva para todo. Zarco lo resume en una frase: “Se trata de dar a cada euro un objetivo y a cada objetivo un plazo”. Esa es, en sus palabras, “la base de una buena planificación financiera: disponer de liquidez para el presente, buscar estabilidad para los proyectos de los próximos años y mantener capacidad de crecimiento para el futuro”.
Como cada situación es distinta, conviene contar con ayuda profesional para decidir qué va en cada bolsillo. Mapfre Gestión Patrimonial cuenta con una red de expertos financieros que pueden ayudarte a construir y mantener una estrategia adaptada a tu perfil.