Mercados en chanclas: petróleo, deuda, IA y Trump buscando la sombrilla

Mercados en chanclas: petróleo, deuda, IA y Trump buscando la sombrilla

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Agosto. ☀️

Mes de chiringuito, espetos, aeropuertos abarrotados y ese momento del año en el que media Europa parece haber colgado el cartel de “volvemos en septiembre”.

¿Media Europa? Sí. Los mercados financieros, desde luego, no.

Después de una temporada en la que hemos tenido de todo —geopolítica, petróleo, inflación, inteligencia artificial, deuda pública y, por supuesto, Donald Trump haciendo de Donald Trump—, las bolsas llegan a agosto con una sensación curiosamente veraniega: los deberes importantes parecen aprobados… pero todavía quedan varias recuperaciones en septiembre.

🏖️ Primera asignatura aprobada: los resultados empresariales

Empecemos por las buenas noticias.

Las presentaciones de resultados han vuelto a ejercer de socorrista de las bolsas.

Tanto en la vieja Europa como en la tierra de las oportunidades, las compañías han demostrado que, más allá del ruido geopolítico, las amenazas comerciales y los titulares apocalípticos, las empresas siguen haciendo lo que tienen que hacer: vender, generar beneficios y defender márgenes.

Y esto importa. Porque podemos hablar durante horas de expectativas, narrativas y promesas futuras, pero al final llega un señor llamado beneficio empresarial y pregunta:

—Muy bien… ¿y cuánto has ganado?

De momento, la respuesta ha sido suficientemente satisfactoria como para mantener a las bolsas flotando tranquilamente sobre su colchoneta. Pero cuidado. Que haya socorrista no significa que podamos tirarnos de cabeza desde cualquier sitio.

🎢 El petróleo se ha comprado una entrada para la montaña rusa

Aquí encontramos probablemente uno de los grandes protagonistas del final del verano. El petróleo sube. Baja. Vuelve a subir. Amenaza con dispararse. Respira. Y vuelta a empezar. Una montaña rusa que sería divertida si no fuera porque el precio de la energía termina apareciendo en prácticamente todas las facturas de la economía.

Petróleo más caro → más costes → más inflación.

Más inflación → menos margen para bajar tipos.

Y ahí aparecen nuestros queridos bancos centrales.

A finales de agosto, concretamente del 27 al 29, los grandes banqueros centrales, economistas y responsables de política económica se reunirán en Jackson Hole. Este año, además, el simposio estará dedicado a la innovación financiera y sus implicaciones para los pagos y la política económica.

Una especie de campamento de verano para banqueros centrales, aunque sospecho que habrá menos sangría y más gráficos de inflación subyacente. Y mientras unos miraremos el mar, ellos estarán mirando el petróleo. Porque el dilema es sencillo:

¿qué haces con los tipos si la economía aguanta, los resultados empresariales acompañan, pero la energía vuelve a meter presión sobre la inflación?

Pues probablemente… no correr. Y los mercados llevan años demostrando que tienen bastante menos paciencia que los bancos centrales.

💣 Mientras tanto, debajo de la toalla… la deuda

Hay otro invitado a esta fiesta del que se habla bastante menos de lo que deberíamos: el endeudamiento internacional.

Estados, empresas y economías desarrolladas llevan años acumulando deuda como quien reserva hamacas en primera línea de playa: “carro grande, ande o no ande”.

Durante años, con tipos cercanos a cero, financiar esa deuda era relativamente sencillo. Pero cuando los tipos permanecen elevados y refinanciar cuesta más, la película cambia. Por eso sigo pensando que debemos tener mucho cuidado con esa idea tan española de: “me voy a renta fija porque quiero estar tranquilo”.

¿Tranquilo? Depende de qué renta fija.

Duraciones largas, emisores altamente endeudados y rentabilidades que no compensen adecuadamente el riesgo pueden convertir aquello que compramos buscando estabilidad en una fuente adicional de volatilidad.

La renta fija tiene riesgo de crédito, duración, inflación y tipos de interés.

Que ponga “bono” en la etiqueta no significa que venga con flotador.

🤖 Y desde la tumbona… vigilando la IA

Mientras tanto, con las gafas de sol puestas, seguimos mirando de reojo al gran fenómeno financiero de nuestro tiempo: la Inteligencia Artificial.

No porque dude de que vaya a transformar la economía. La cuestión es otra. ¿Cuánto dinero habrá que invertir para hacerlo?

Porque las grandes tecnológicas están entrando en una carrera de CAPEX monumental: centros de datos, chips, energía, infraestructura… Y llega un momento en el que el mercado dejará de preguntar: “¿Cuánto estás invirtiendo en IA?” para empezar a preguntar: “¿Cuánto dinero estás ganando con todo lo que has invertido?”

Ahí estará la verdadera prueba del algodón. Resultados. Guías empresariales. Retorno sobre el capital invertido. Y un elemento adicional que vigilo especialmente: las futuras salidas a bolsa de las grandes compañías vinculadas a la IA.

Porque una cosa es valorar empresas en rondas privadas y otra muy diferente ponerlas delante del mercado todos los días.

Cuando llegue ese momento veremos si el entusiasmo continúa… o si alguien empieza discretamente a buscar el botón de take profit.

🇺🇸 Y Trump ya está pensando en noviembre

Y, naturalmente, faltaba nuestro personaje imprescindible: Donald Trump.

El presidente estadounidense ya tiene otro gráfico encima de la mesa que probablemente le preocupa tanto como el S&P 500: las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre. Y aquí la economía vuelve a mezclarse con la política.

Una encuesta Reuters/Ipsos publicada en agosto mostraba una carrera prácticamente empatada sobre quién ofrece mejores propuestas económicas: 37% para los demócratas frente al 36% para los republicanos, además de cierta ventaja demócrata en intención de voto al Congreso.

¿Por qué importa esto a los mercados?

Porque perder capacidad de control sobre el Congreso puede significar más dificultades para aprobar determinadas políticas económicas, fiscales o presupuestarias. Trump puede tener muchas cosas en la cabeza… pero sospecho que perder margen político no figura entre sus planes favoritos para terminar el verano.

🍹 Así que… ¿nos tomamos agosto libre?

Podemos. Pero dejando un ojo abierto.

Porque tenemos:

a) resultados empresariales que, de momento, hacen de socorrista;

b) un petróleo jugando en la montaña rusa;

c) unos bancos centrales calculando cuánto pueden moverse sin despertar otra vez a la inflación;

d) una deuda mundial que cada vez pesa más;

e) una IA que deberá empezar a demostrar que detrás del CAPEX existe retorno;

f) y unas elecciones estadounidenses capaces de cambiar el equilibrio político de Washington.

No está mal para un mes en el que supuestamente “no pasa nada”.

Los mercados pueden ponerse las chanclas. Los inversores también. Pero recuerden una cosa: estar de vacaciones no significa mandar también de vacaciones a la gestión del riesgo.

Disfruten del verano. 🌴

Y si el mercado decide pegarse otro chapuzón de volatilidad… que la última peseta la gane otro.

Un saludo desde Sherwood. 🏹📊💰🌲 
 

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