He leído con fruición esta mañana el artículo de ManuelCu sobre la última carta a sus inversores de David Einhorn, uno de los inversores más afamados de estos tiempos. En ella, el jefe de Greenlight Capital explica por qué en su opinión estamos asistiendo a una segunda burbuja en las compañías tecnológicas.

Su razonamiento me ha llevado a recordar un artículo que leí hace unos meses con el sugerente título ¿Cuantos tontos se necesitan para crear una burbuja? El post citaba un más interesante todavía estudio publicado en la revista Neuron, realizado por neurólogos, economistas y psicólogos.  

Consistió en poner a los estudiantes ante dos situaciones 'de mercado' distintas y ver cómo reaccionaba su actividad cerebral.

En la primera situación, los precios se movían en un entorno, digamos, de eficiencia de mercado. Es decir, los precios no se separaban mucho de lo que podríamos llamar el valor intrínseco de la acción.  En la segunda, los precios tendían a la locura. Es decir, las valoraciones multiplicaban varias veces el valor objetivo. Y atención a lo que descubrieron...

En nuestra actividad cerebral, en los mercados burbujísticos, se activa una parte distinta que en los 'racionales': la que imagina lo que otros están pensando o sintiendo. Según los autores del estudio pasamos a fijarnos más en lo que otros están comprando o vendiendo que en lo que estamos comprando o vendiendo.

Es la explicación científica a esa forma de operar pensando que llegará otro primo que nos las comprará más caras. Y cuanto mayor es la subida de la acción, menos pensamos en los fundamentales de la compañía y más en colocársela a otros. Así somos los humanos. 

¿Qué conclusiones podemos sacar de este estudio para nuestra vida diaria?

Para empezar, reconocer nuestras limitaciones como inversores. Quizá este mecanismo de pensar en lo que hacen otros es bueno para adaptarnos a la sociedad y la supervivencia de las especies, pero no es precisamente de ayuda para nuestra relación con los inversores. 

Para seguir, buscar buenos gestores de fondos o asesores, capaces de abstraerse del ruido y pensar en nuestros objetivos. Si les podemos adivinar rasgos 'contrarians', puede ser un punto.

También podemos pensar en sistemas de compras y ventas periódicas (por ejemplo, hacer suscripciones a fondos a principio de mes o de trimestre) que nos reduzca el riesgo de entrar en los momentos de burbuja, aunque lógicamente tampoco compraremos en los precios más baratos.

Y, por último, en caso de duda, acérquese a su neurólogo más cercano y pida que le eche un vistazo a su actividad cerebral mientras toma sus próximas decisiones de inversión. Igual le cuesta un dinero la prueba, pero estará bien pagado si evita caer presa de la próxima burbuja . Desde luego, más  de uno lo hubiera agradecido cuando se puso a comprar como 'inversiones' pisos en la costa como si no hubiera un mañana... 

Fuera bromas, no olvidemos que somos así y llevamos esta forma de actuar en nuestras neuronas, quizá nos sirva para caer en errores importantes en la toma de decisiones. 

 

¿Alguna idea más? ¿Qué os parece?