BlackRock avisa: la renta fija a largo plazo vuelve a pagar bien, pero tiene truco
Los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años rozan el 5,3% de rentabilidad, un nivel no visto en 19 años. Los bunds alemanes a 10 años han alcanzado el 3,25%, máximo desde hace 15 años. Y los bonos japoneses a 10 años se acercan al 3% por primera vez desde mediados de los noventa.
Un reciente informe del BlackRock Investment Institute (BII) parte de ese dato para construir su tesis: los tipos altos han devuelto el cupón de la renta fija como fuente real de rentabilidad en las carteras, pero esto tiene "truco", y es que la naturaleza del riesgo en los mercados de deuda ha cambiado lo suficiente como para que no valga cualquier bono.
El BII atribuye el reajuste de los tipos a lo que lleva años llamando el "nuevo régimen macroeconómico": escasez de recursos, presiones inflacionarias persistentes y una competencia creciente por el mismo capital. La construcción de infraestructura de inteligencia artificial, que según el informe acumula revisiones al alza de aproximadamente el 30% en los últimos seis meses, ha disparado la emisión corporativa hasta el punto de que la financiación vinculada a IA ya representa alrededor del 14% de las emisiones de deuda con grado de inversión. A eso se suma el peso del conflicto en Oriente Medio, que mantiene los precios de la energía elevados y tensiona las cadenas de suministro.
El resultado, según los autores del informe, es un entorno en el que "la inflación se mantiene más persistente y la competencia por los recursos finitos se intensifica". En ese contexto, los bancos centrales y los propios inversores exigen más compensación por prestar dinero a largo plazo: suben los tipos de política monetaria, sube el coste del capital y sube la prima de plazo.
En Estados Unidos, el cambio de presidencia en la Reserva Federal, con Kevin Warsh al frente, añade según el BII una capa adicional de incertidumbre sobre la función de reacción del banco central.
La pérdida que nadie ha recuperado
El informe deja un dato que conviene no perder de vista: según datos de Bloomberg, los bonos de gobierno de los mercados desarrollados con vencimientos largos han perdido entre el 30% y el 40% de su valor desde principios de 2021, en función del plazo. Esas pérdidas no se han recuperado. Los rendimientos de los Treasuries a 10 y 30 años han subido más de 350 puntos básicos desde entonces, hasta el 4,7% y el 5,3% respectivamente, según datos de LSEG a finales de agosto.
El BII utiliza esto para ilustrar el riesgo de duración que llevan incorporado los bonos largos: cuanto más sube el tipo, más cae el precio del bono existente, y más tarda en recuperarse. Esas pérdidas siguen sin recuperarse, y el informe advierte de que podrían persistir si las presiones fiscales en los países desarrollados siguen obligando a los inversores a exigir más prima por financiar a los estados a largo plazo.
El cupón ha vuelto, pero el bono ya no funciona igual que antes
En el lado positivo, el informe señala que más del 80% del universo global de bonos rinde ahora por encima del 4%, según análisis del BII sobre datos de LSEG. Con tipos tan bajos como los de 2020 o 2021, conseguir rentabilidad en renta fija obligaba a asumir más duración o más riesgo crediticio. Ahora, en teoría, no hace falta llegar tan lejos en la curva ni bajar tanto en calidad para obtener un cupón decente.
El problema es que el ingreso más alto no viene solo. BlackRock sostiene que el papel tradicional de los bonos como amortiguador de carteras se ha debilitado. Hasta 2019, cuando las bolsas caían, los bonos subían porque los inversores esperaban que los bancos centrales recortaran tipos; la correlación entre renta variable y renta fija era negativa.
Ese mecanismo ya no funciona con la misma fiabilidad: "La correlación diaria entre la renta variable estadounidense y los Treasuries a 10 años durante los últimos cinco años fue positiva (7%), frente a una correlación negativa (-43%) en la década anterior a la pandemia", señala el informe citando datos de LSEG.
Dicho de otra manera: los bonos largos ya no amortiguan las caídas de la bolsa de la misma forma. Cuando la inflación domina el relato, acciones y bonos pueden caer al mismo tiempo. Eso hace que la selectividad, según el BII, sea "más importante que nunca".
Plazos cortos frente a largos
La preferencia del BII es clara: bonos gubernamentales de corto y medio plazo frente a los de largo plazo. El argumento es de eficiencia: los Treasuries a 1-5 años ofrecen una ratio de rentabilidad por unidad de duración muy superior a la de los tramos largos.
El informe incluye un gráfico que muestra cómo esa ratio (yield-to-worst dividida entre la duración modificada) ha subido notablemente para los vencimientos cortos, mientras que los Treasuries largos siguen ofreciendo menos compensación por unidad de riesgo de tipo de interés asumida.
En el horizonte táctico de seis a doce meses, el BII ve oportunidades en bonos gubernamentales de corto y medio plazo, en deuda emergente en moneda local y en crédito europeo dentro del segmento de high yield global. En cambio, mantiene una postura cauta sobre los índices de crédito amplios y la deuda pública de largo plazo.
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