Los mercados llevan meses resistiendo mejor de lo que muchos esperaban. Pero Juan Ignacio Crespo, estadístico y uno de los analistas financieros más seguidos en España, cree que la corrección no ha terminado. ¿Qué pueden hacer los inversores europeos si al final viene otro 'crash' de los mercados financieros? ¿Cómo protegerse?
En esta entrevista desgrana los riesgos que, a su juicio, el mercado todavía no está descontando bien: una caída bursátil incompleta, un crack en los bonos del Tesoro estadounidense en camino y una señal de alarma en el crédito privado que recuerda, incómodamente, al verano de 2007.
El conflicto con Irán: una duración de dos o tres meses, no más
Para Crespo, el factor clave no es la intensidad del conflicto sino su duración. Y la historia, dice, es bastante clara al respecto. "Todas las crisis del petróleo que ha habido desde 1972-73 han tenido una duración media de cuatro meses", explica. Si se excluye la revolución iraní de finales de los 70 —que se prolongó por la guerra posterior con Irak—, la media baja a tres meses. Y de esos tres, ya ha transcurrido aproximadamente uno.
Su escenario central: el petróleo podría seguir subiendo durante uno o dos meses más, y ese máximo actuaría como señal de que el conflicto está llegando a su fin. "Una vez que el petróleo marca el máximo, o es señal de que la guerra se ha terminado o es señal de que la guerra se tiene que terminar", resume, apoyándose en lo ocurrido en episodios anteriores.
Pero advierte que si el conflicto se prolongara más allá de esos plazos, las consecuencias serían mucho más amplias que la subida del crudo. El problema no sería solo la energía, sino también los alimentos —por el impacto en los fertilizantes— y el helio, subproducto de la extracción de gas natural que resulta esencial para la fabricación de chips. "Sería una catástrofe de rango muy superior", afirma.
La corrección bursátil: un 10% hecho, pero falta más
Crespo venía anticipando desde diciembre una corrección en los primeros meses del año, y reconoce que el mercado está tardando más de lo esperado en reaccionar. Su comparación de referencia es la invasión de Kuwait por Irak en 1990: tomando el máximo histórico más reciente como punto de partida, la caída debería alcanzar en el peor de los momentos el 20%. "Si llevamos un diez, pues añádele lo que queda", señala.
Lo que le llama la atención es la resistencia de las bolsas ante un shock como el del petróleo. Con el Brent subiendo casi un 100% desde niveles de 60 dólares hasta los 120, la caída bursátil debería haber sido de entre el 20 y el 25% en circunstancias normales. Y sin embargo, las bolsas están cediendo mucho más lentamente. "La bolsa parece no querer enterarse de la gravedad de la situación", apunta.
El crack de los bonos estadounidenses
Uno de los análisis más llamativos de Crespo es el que apunta a los bonos del Tesoro de Estados Unidos. En su lectura, la rentabilidad del bono a diez años —que estaba en el 3,95% al inicio del conflicto y ha escalado hasta el 4,44%— debería llegar al 5,40-5,50%.
Ese movimiento adicional, acumulado a lo que ya ha subido, supondría para los bonos de mayor duración lo que técnicamente él denomina un crack. "Eso más lo que lleva acumulado es prácticamente un crack, sobre todo para los bonos con duración más larga", explica.
Las implicaciones son directas: se encarece el coste de la deuda pública para los gobiernos, se frena la actividad económica y, si ese movimiento coincide con alguna entidad sistémica con exceso de apalancamiento, "puede degenerar en una crisis importante".
El crédito privado: una señal de alarma que recuerda a 2007
Crespo también pone el foco en algo que, a su juicio, no está recibiendo la atención que merece: el hecho de que algunos grandes fondos de crédito privado estén limitando o congelando las retiradas de capital ante la presión de reembolsos.
Y la comparación que establece no es menor: "Esto de que no se pueda retirar dinero de un fondo de inversión es una señal de alarma brutal, que es lo peor que podría suceder", afirma, recordando que algo similar ocurrió con BNP Paribas en agosto de 2007, un año antes de la quiebra de Lehman Brothers.
La vía de contagio, explica, pasaría por los bancos que prestan a este sector y por el elevado apalancamiento que acumula. "Las crisis financieras se desatan siempre por el apalancamiento", recuerda.
Y el problema es que, como ocurrió con el fondo LTCM en 1998, el verdadero nivel de apalancamiento de muchos vehículos no se conoce hasta que el daño ya está hecho. "Hay una amenaza grave cuya verdadera dimensión todavía no conocemos", concluye.
¿Qué hacer con las inversiones entonces?
Ante este escenario, el consejo de Crespo para el inversor es claro: liquidez y paciencia. Mantener pólvora seca para cuando la bolsa complete la corrección que, en su opinión, todavía no ha terminado.
Para quien ya está invertido, reconoce que la decisión es más complicada: "Ya no sabe si cortarse con los cristales o resbalarse con el gazpacho", bromea, citando a Almodóvar. Pero su mensaje de fondo es que la historia tiende a repetir patrones, y que en el episodio de 1990 el retroceso del petróleo que estamos viendo ahora también se produjo antes de que la situación se estabilizara.
Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.
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