¿Qué tiene que hacer el inversor conservador con su cartera en un entorno en el que el petróleo sigue alto, la inflación amenaza con repuntar y los bancos centrales no tienen claro si subir o bajar tipos? ¿Es momento de volver a los monetarios o de apostar por renta fija antes de que bajen los tipos? ¿Y qué pasa con el oro, la divisa y los bonos de largo plazo?
Fernando Luque, Senior Financial Editor de Morningstar España, analiza el momento actual de los mercados de renta fija y comparte su visión sobre cómo posicionar la parte más conservadora de la cartera en un contexto de tipos inciertos y geopolítica convulsa.
Bolsa y bonos miran en direcciones opuestas
Para Luque, el dato más llamativo del momento es la brecha entre lo que está descontando la renta variable y lo que refleja la renta fija. La bolsa ha recuperado prácticamente todo lo perdido tras el inicio del conflicto y cotiza cerca de máximos históricos, impulsada por unos beneficios empresariales que en Estados Unidos superarán el 20% de crecimiento y en Europa el 10%. Los mercados de bonos, en cambio, no han recuperado los niveles previos a la guerra y el tipo a diez años en Estados Unidos se sitúa ya por encima del 4,5%. "La bolsa parece que está olvidándose del conflicto y el conflicto, de momento, no está resuelto del todo", advierte.
Su lectura es que la bolsa ha adelantado en precio todo lo bueno —beneficios, expectativas de bajada de tipos, resolución del conflicto— mientras que la renta fija sigue reflejando el riesgo inflacionista que representa el petróleo alto. "La oportunidad está más en la renta fija que en la bolsa ahora mismo, porque la bolsa ya se ha adelantado", señala. Esto no significa que espere un mercado bajista inminente: todavía ve recorrido alcista, pero cree que falta antes un periodo de digestión.
Monetarios ahora, renta fija cuando el conflicto se resuelva
La pregunta que más se repite entre inversores conservadores es si ha llegado el momento de salir de los fondos monetarios y dar el paso a renta fija de más duración. La respuesta de Luque es matizada: ahora mismo, no. "Estaría de forma muy temporal en los monetarios. Son los únicos fondos de renta fija que se benefician de subidas de tipos de interés", explica, recordando que el resto de categorías de renta fija, incluso el ultra corto plazo, han sufrido por las subidas de tipos.
El momento de mirar la duración larga llegará, en su opinión, cuando aparezcan señales de recesión —que no descarta para este año o el próximo— o cuando el conflicto se cierre y los bancos centrales vuelvan a pensar en bajar tipos. Hay además una razón estructural que empuja en esa dirección: Estados Unidos tiene que refinanciar una parte importante de su deuda y no puede permitirse mantener tipos altos indefinidamente. "Hay una voluntad política y casi una necesidad económica de que los tipos bajen", resume.
El principal error del inversor conservador: asumir demasiado riesgo
Luque lleva semanas recibiendo preguntas sobre productos que han tenido un inicio de año espectacular: high yield, bonos convertibles, renta fija emergente. Su diagnóstico es claro: el error más habitual del inversor conservador en este momento es salir a buscar rentabilidad asumiendo más riesgo del que corresponde a su perfil. "Para carteras conservadoras, el error es asumir demasiado riesgo", insiste.
Reconoce que los monetarios no dan mucho, pero protegen. Y recuerda que muchos inversores llegan con expectativas infladas tras unos años extraordinariamente buenos: ganar un 8% en cuatro meses y medio "está muy por encima de la norma histórica". Su consejo es ser flexible y rebalancear la cartera con disciplina, sin necesidad de hacerlo cada día, pero sí ajustando el peso de los activos cuando la rentabilidad alcanzada se aleja mucho de los objetivos.
La divisa: cubrir el dólar para carteras conservadoras
Sobre el riesgo divisa, Luque tiene una posición clara: para perfiles conservadores y moderados, lo mejor es cubrir el dólar. Su argumento es doble. Por un lado, el dólar debería depreciarse en este "final de fiesta" alcista que todavía no se ha producido, lo que restaría rentabilidad a las posiciones sin cubrir. Por otro, es un riesgo innecesario para quien no está buscando exposición especulativa a divisas. "Cubriendo la divisa, uno ya tiene suficiente rentabilidad", apunta.
Para carteras más agresivas, en cambio, llega un momento en que el dólar recupera su papel de activo refugio —cuando los mercados entran en fase bajista fuerte— y entonces sí puede tener sentido asumir ese riesgo. Pero ese momento, dice, todavía no ha llegado.
Oro y plata: paciencia, el viento cambiará
Para quien está en oro o plata y ve cómo el metal retrocede mientras el conflicto escala, el mensaje de Luque es de calma. "Le diría que tenga paciencia. El oro y la plata dentro de una cartera de medio-largo plazo tienen mucho sentido", afirma. Su tesis es que cuando los tipos de interés bajen —como espera que ocurra una vez resuelto el conflicto— el oro volverá a brillar, porque los bonos dejarán de competir con él en términos de rentabilidad real.
La corrección actual tiene una explicación concreta: algunos bancos centrales, como el de Turquía, han tenido que vender reservas de oro para hacer frente al encarecimiento del petróleo. Pero en cuanto se normalice la situación, "todos los activos de riesgo deberían beneficiarse: renta variable, materias primas, criptos, oro y plata". El único perdedor en ese escenario sería quien se quede demasiado tiempo en monetarios y se pierda la subida.
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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.
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