Los bancos centrales pasan de dirigir el ciclo a gestionar riesgos
Mapfre Economics ve en los últimos movimientos de la Fed y el BCE un cambio de fondo
El conflicto en Oriente Medio con Estados Unidos, Israel e Irán como principales implicados ha desatado una alta volatilidad en los mercados financieros. Como consecuencia del shock energético derivado de la crisis, el crecimiento se ha frenado y la inflación se ha revisado al alza tanto en Europa como en EEUU. Esta 'nueva normalidad' puede ser un síntoma de un cambio de fondo en cómo funcionan los bancos centrales, según ha señalado Mapfre Economics en una rueda de prensa a medios este jueves.
No se trata de una indecisión. Actualmente, los bancos centrales han dejado de optimizar el ciclo económico y han pasado a gestionar riesgos, según el servicio de estudio y análisis de Mapfre. Para los expertos de la firma, esto es una respuesta a por qué es probable que los tipos permanezcan altos más tiempo. El manual clásico de las autoridades monetarias era distinto: si sube la inflación, subes tipos; si la economía se desacelera, los bajas; y un shock puntual se estabiliza rápido.
En 2026 la realidad ha cambiado. Los servicios de estudios describen un entorno con shocks de oferta recurrentes, una geopolítica ya integrada en la economía, niveles de endeudamiento elevados y una oleada de inversión en inteligencia artificial que altera los mecanismos habituales de transmisión de la política monetaria. "La política económica ha dejado de ser un conjunto de herramientas orientadas a impulsar el ciclo para convertirse en un sistema de gestión de restricciones interdependientes", según señala el informe.
La prioridad ya no es maximizar el crecimiento, sino preservar la estabilidad dentro de un rango operativo cada vez más estrecho, según ha incidido Eduardo García, economista de MAPFRE Economics. El objetivo de los bancos centrales es ahora impedir que la incertidumbre se convierta en inestabilidad.
El BCE: subir en junio, pausar en julio
El caso del Banco Central Europeo (BCE) es el ejemplo de manual de esta nueva lógica. En su reunión de junio, el director de la política monetaria de la eurozona elevó 25 puntos básicos los tres tipos oficiales, dejando la facilidad de depósito en el 2,25%, las operaciones principales de financiación en el 2,40% y la facilidad marginal en el 2,65%.
Este movimiento se trata de un intento por preservar la credibilidad ante un repunte de la inflación provocado por el shock energético de Oriente Medio, según los expertos. Tras esta subida, el BCE decidió mantener los tipos sin cambios y reiterar que decidirá reunión a reunión, en función de los datos.
Por ello, los analistas de Mapfre Economics han apuntado a que entramos en un contexto de gestión selectiva del riesgo y de una mayor dependencia de los datos. Se trata de una estrategia para conservar margen de maniobra en un terreno donde la autoridad monetaria se mueve en un espacio muy estrecho, según la firma. Mientras, trata de no desanclar las expectativas de inflación sin ahogar todavía más una actividad ya frágil.
La Fed de Warsh y el final del forward guidance
Al otro lado del Atlántico, en su reunión de junio, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) mantuvo los tipos de interés en el 3,50%-3,75%, una decisión completamente descontada por el mercado. Lo relevante es el cambio doctrinal que, según el informe, impulsa Kevin Warsh desde la presidencia del organismo. Los expertos apuntan a que el entorno actual exige más flexibilidad y menos compromiso con trayectorias predefinidas.
Su expresión más visible es la retirada progresiva del forward guidance, esa práctica por la que los bancos centrales telegrafiaban sus próximos movimientos. Es una consecuencia lógica, según Mapfre Economics. Cuando la inflación es más difícil de descifrar y la transmisión de los tipos es más desigual, prometer una senda concreta pierde sentido. La comunicación se vuelve, deliberadamente, más ambigua.
Sobre el papel, esto se traduce en una política monetaria casi plana, con movimientos quirúrgicos de 25 puntos básicos arriba o abajo según lo exija el momento, en lugar de ciclos direccionales de recortes o subidas. El coste de este nuevo estilo es la volatilidad. Por ejemplo, la reunión de la Fed de este miércoles llegó con una probabilidad de subida en torno al 30% —cuando lo habitual es que estas citas se presenten con la decisión prácticamente asumida, por debajo del 10%—.
EEUU acelera, Europa carbura a medio gas
Esta política de tipos se aplica, además, sobre dos economías cada vez más distintas. Por un lado, Estados Unidos mantiene un crecimiento sólido. Los analistas de Mapfre Economics prevén un 2,1% en 2026 y un 2,0% en 2027, apoyado en la inversión tecnológica ligada a la IA y en el consumo de las rentas altas.
Sin embargo, el déficit se mantiene en el 7%-7,5% del producto interior bruto (PIB) y la deuda pública ya supera el 120%, con proyecciones cercanas al 140% en 2030, una senda que el propio informe califica de insostenible a medio plazo. Por otro lado, el crecimiento del 2% "esconde un patrón en K", según García. Esto significa que las rentas altas tiran del carro y las rentas bajas están cada vez más presionadas.
Por otro lado, la eurozona es la otra cara. El crecimiento previsto es del 1,0% en 2026 y del 1,2% en 2027 para el Viejo Continente. Se trata de una mejora "débil, pero positiva". Los PMI de servicios y construcción muestran fragilidad, la demanda interna es moderada y la inflación —presionada por la energía— sigue por encima del objetivo del 2%.
"El siguiente escenario más probable dentro de lo que observamos es un escenario de menor crecimiento global aún, pero no de estanflación, no de recesión inflacionaria", ha señalado el experto de la firma.
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