Fondos excelentes, carteras incoherentes: un problema más habitual de lo que parece

Fondos excelentes, carteras incoherentes: un problema más habitual de lo que parece

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Construir una cartera no es elegir fondos: es entender qué papel juega cada uno

En inversión, muchos errores no vienen por elegir mal un fondo, sino por no entender qué papel juega dentro de la cartera.

Con el paso del tiempo he visto carteras formadas por fondos excelentes —bien gestionados, con buenos historiales y equipos sólidos— que, aun así, no funcionaban. No porque los fondos fueran malos, sino porque estaban mal combinados, duplicaban riesgos o no encajaban con el perfil y los objetivos del inversor.

Esto es incómodo de aceptar, pero conviene decirlo claramente:
una cartera puede estar llena de buenos fondos y ser, aun así, una mala cartera.

Una cartera no es una suma de productos

Uno de los errores más habituales es tratar la cartera como una colección de fondos “buenos”.
Fondos bien valorados, recomendados o con un comportamiento reciente atractivo.

El problema es que una cartera no es una lista de productos, sino un sistema.
Y en un sistema, lo importante no es solo cada pieza, sino cómo interactúan entre sí.

Aquí conviene ser claros:
Tener muchos fondos no es sinónimo de estar bien diversificado.

De hecho, en la práctica ocurre justo lo contrario.
La diversificación mal entendida suele generar una falsa sensación de seguridad, mientras se repite el mismo riesgo con distintos nombres.

Un ejemplo habitual 

Pensemos en una cartera con cinco fondos de renta variable global, todos de gran calidad y gestionados por casas reconocidas. Sobre el papel, parece una cartera diversificada.
En la realidad, muchas veces ocurre lo siguiente:

  • Exposiciones muy similares a Estados Unidos y grandes compañías. 
  • Sesgos parecidos hacia crecimiento o tecnología. 
  • Comportamientos casi idénticos en fases de mercado adversas.

El inversor cree que tiene cinco motores distintos, pero en realidad tiene el mismo motor quintuplicado.

Mientras el mercado acompaña, el problema no se percibe.
Cuando llegan las caídas, la cartera baja más de lo esperado y aparece la pregunta, casi siempre tarde:
“¿Por qué todo cae a la vez?”

La respuesta suele ser incómoda, pero sencilla:
porque la cartera no estaba tan diversificada como parecía.

El papel de cada fondo: la pregunta clave

Antes de incorporar un fondo a una cartera, hay una pregunta que rara vez se responde con rigor:

¿Para qué está este fondo aquí?

  • No “porque es bueno”.
  • No “porque lo recomienda alguien”.
  • No “porque el gestor tiene un gran historial”.

Sino, ¿Qué función concreta cumple dentro del conjunto?.

Algunos fondos están para asumir volatilidad y aportar crecimiento. Otros deberían estabilizar la cartera en momentos complicados. Otros aportar una fuente de riesgo distinta o cubrir un escenario concreto.

Un fondo puede ser excelente y, aun así, no aportar nada relevante a la cartera.
Y esto es más habitual de lo que parece.

Construcción antes que selección

La selección de fondos es importante, pero llega después.

Antes conviene definir con precisión:

  • El objetivo real del inversor.
  • Su horizonte temporal.
  • Su tolerancia efectiva a las caídas (no la teórica).
  • El comportamiento esperado de la cartera en distintos escenarios.

A partir de ahí, los fondos se eligen para encajar en una estructura, no para brillar de forma aislada.

Una cartera bien construida no es la que maximiza rentabilidad en un periodo concreto, sino la que el inversor puede mantener cuando el entorno se vuelve incómodo.

Coherencia frente a complejidad

No existen carteras perfectas ni combinaciones que funcionen siempre.
Pero sí existen carteras incoherentes.

Y suelen compartir algunos rasgos:

  • Exceso de complejidad sin un beneficio claro.
  • Fondos que cumplen el mismo papel sin que el inversor lo sepa.
  • Niveles de riesgo que solo se descubren cuando ya es tarde.

Mas fondos no siempre significa más control. En muchos casos significa menos claridad y más errores.

Reflexión final

Invertir no consiste en acertar siempre, sino en evitar errores estructurales.
Y uno de los más comunes es construir carteras sin una lógica clara detrás.

Antes de preguntarse si un fondo es bueno o malo, conviene hacerse una pregunta más incómoda —y más útil—:

¿Qué pasaría realmente con mi cartera si este fondo no estuviera?

En mi experiencia, las carteras que mejor funcionan en el tiempo no son las más sofisticadas, sino las que tienen una lógica clara detrás y se pueden mantener cuando llegan los momentos difíciles. Y eso, en inversión, suele marcar más la diferencia que cualquier fondo “estrella”.

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