Con este título escribió ayer en el suplemento dominical de La Vanguardia , Magazine, la narradora María Dueñas.

Los sinónimos son: INDIGNACIÖN , FRUSTRACIÖN , VERGÜENZA e INMORALIDAD.

Todos estos términos son aplicables a los efectos anímicos que se me remuevan por las tripas estos días. Me siento indignada, colérica e iracunda por el fracaso de una gruesa porción de nuestra clase política y de un escandaloso número de directivos y altos cargos vinculados a lo público. Me siento frustrada por la vergüenza, la deshonra y la humillación por la que nos están haciendo pasar a los ciudadanos con sus infamias, sus ultrajes, sus obscenidades y su degradación moral.

Con un índice de paro indecente, con una generación entera de jóvenes convertida en emigrantes, con la oferta de empleo público bajo mínimos, con Cáritas desbordada, con dramas atroces marcando a familias enteras, con programas de becas y ayudas sociales flacos como un espagueti, con aeropuertos absurdos, cayéndose a trozos, con abuelos que mantienen a hijos y nietos estirando como chicles sus menguadas pensiones, desayunarnos semana a semana con un nuevo escándalo es como darnos al pais entero una bofetada tras otra. Indecentes, depravados, deshonestos. Así son estos obscenos sinvergúenzas. Lo pensamos todos , y el diccionario, simplemente, lo corrobora.