La vuelta del verano llega cargada de incertidumbre: las claves para los mercados hasta final de año
Septiembre suele marcar una especie de vuelta a la realidad para los mercados. Después de los meses de verano, los inversores vuelven a mirar con atención a los bancos centrales, la inflación, los resultados empresariales y, este año especialmente, al petróleo.
Y la vuelta de 2026 viene cargada de temas importantes. La situación en Irán ha vuelto a tensionar los mercados energéticos, la inflación europea ha repuntado, las rentabilidades de los bonos están subiendo y tanto el BCE como la Reserva Federal vuelven a enfrentarse a una pregunta que hace algunos meses parecía mucho más lejana: ¿habrá que seguir subiendo los tipos de interés?
Los bancos centrales vuelven al centro de la escena
La inflación de la eurozona subió hasta el 3,3% en agosto, frente al 2,9% de julio, impulsada principalmente por el aumento de los precios energéticos. Esto ha reforzado considerablemente las expectativas de una nueva subida de tipos por parte del Banco Central Europeo en su reunión de septiembre.
De hecho, el mercado prácticamente da por descontada una subida del tipo de depósito hasta el 2,50%. La gran pregunta ya no parece ser únicamente qué hará el BCE en septiembre, sino si este movimiento será suficiente o si tendremos que convivir con tipos más altos durante más tiempo.
En Estados Unidos sucede algo parecido. El mercado asigna actualmente alrededor de un 70% de probabilidad a que la Reserva Federal suba los tipos en septiembre. Hace apenas una semana, esa posibilidad se contemplaba con mucha menos claridad.
El petróleo tiene bastante que ver con este cambio de expectativas.
El petróleo vuelve a decidir muchas cosas. La escalada del conflicto con Irán ha llevado nuevamente al Brent hacia los 95 dólares por barril. Y cuando el petróleo sube de esta manera, el problema para los mercados no termina en el precio de la gasolina.
Un petróleo más caro puede traducirse en mayores costes para las empresas, presión sobre los márgenes y, sobre todo, más inflación. Si esa inflación persiste, los bancos centrales tienen menos margen para bajar los tipos e incluso pueden verse obligados a subirlos.
Al mismo tiempo aparece otro elemento interesante. Estados Unidos y Venezuela avanzan en un acuerdo de enorme magnitud que podría facilitar el acceso estadounidense a una parte importante de las reservas venezolanas y contempla fuertes inversiones para aumentar la producción del país. Su ejecución todavía plantea bastantes interrogantes, pero demuestra hasta qué punto la energía ha vuelto a ocupar un lugar central en la política económica y geopolítica mundial.
Por eso, durante los próximos meses probablemente habrá que seguir mirando el precio del petróleo casi tanto como los datos de inflación.
Los bonos vuelven a ser protagonistas
Quizás uno de los movimientos más importantes esté ocurriendo fuera de la bolsa.
El bono estadounidense a 10 años se encuentra alrededor del 4,8%, mientras que las rentabilidades de la deuda pública también han aumentado con fuerza en Europa. El Bund alemán a 10 años, por ejemplo, ha alcanzado niveles que no veíamos desde 2011.
Esto tiene dos lecturas para un inversor.
La primera es evidente: después de muchos en los que encontrar rentabilidad en renta fija era complicado, los bonos vuelven a ofrecer oportunidades interesantes.
La segunda afecta directamente a la bolsa. Si un inversor puede obtener rentabilidades atractivas en activos de menor riesgo, necesariamente aumenta la rentabilidad que exigirá para asumir el riesgo de invertir en determinadas compañías.
Además, unos tipos más elevados aumentan el coste de financiación de las empresas y reducen el valor actual de sus beneficios futuros. Esto puede afectar especialmente a compañías con valoraciones elevadas o cuyos beneficios esperados se encuentran muy lejos en el tiempo.
Entonces, ¿Qué debe hacer un inversor?
Probablemente el error sería intentar adivinar cuál será el próximo movimiento del mercado.
No sabemos dónde estará el petróleo en diciembre, cuánto durará el conflicto con Irán ni hasta dónde tendrán que llegar finalmente el BCE o la Reserva Federal.
Lo que sí sabemos es que el escenario ha cambiado.
La renta fija vuelve a ofrecer rentabilidades interesantes, la bolsa continúa ofreciendo oportunidades, pero no todas las compañías parten de las mismas valoraciones ni soportan igual unos tipos elevados. Y la incertidumbre geopolítica seguirá estando presente.
Por eso, más que intentar acertar qué ocurrirá durante los próximos cuatro meses, quizá septiembre sea un buen momento para volver de vacaciones y hacer algo mucho más sencillo: revisar nuestra cartera, comprobar si sigue adaptada a nuestros objetivos y preguntarnos si estamos asumiendo el riesgo adecuado para la rentabilidad que podemos obtener hoy.
Porque las oportunidades cambian, los mercados cambian y nuestras carteras también deberían hacerlo cuando sea necesario.
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