La deuda de EE. UU. supera el 5% pese a las recompras del Tesoro: ¿qué significa para tu cartera?

La deuda de EE. UU. supera el 5% pese a las recompras del Tesoro: ¿qué significa para tu cartera?

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Algo está cambiando en el mercado de renta fija estadounidense y merece atención, especialmente si tienes fondos de bonos dentro de tu cartera.

La rentabilidad del bono de Estados Unidos a 30 años ha llegado estos días a aproximarse al 5,34%. Ante la tensión del mercado, el Tesoro anunció que duplicaría determinadas recompras de bonos de largo plazo hasta al menos 4.000 millones de dólares por operación. La reacción inicial fue importante: la rentabilidad cayó hacia el 5,19%.

Sin embargo, el alivio duró poco. Apenas un día después, el bono a 30 años volvía aproximadamente al 5,25%, mientras que la referencia a diez años se situaba alrededor del 4,7%.

Las recompras pueden facilitar la negociación de determinadas emisiones antiguas, pero no eliminan las cuestiones que preocupan al mercado: inflación, déficit público, necesidades futuras de financiación, expectativas sobre los tipos de interés y una enorme cantidad de deuda que necesita encontrar compradores.

Para el inversor, la consecuencia no debería ser salir corriendo a comprar un bono porque ofrece más del 5%. Tampoco vender sus fondos de renta fija por miedo a nuevas subidas.

La situación actual puede servir para algo bastante más útil: entender qué renta fija tenemos realmente y cómo podría reaccionar si continúa la tensión en los tipos de largo plazo.

No todo depende de lo que haga la Reserva Federal

La Reserva Federal mantiene actualmente sus tipos entre el 3,50% y el 3,75%, pero las actas de su última reunión mostraron que varios participantes estaban preparados para volver a endurecer la política monetaria si la inflación no se dirige de manera convincente hacia el objetivo del 2%.

Sin embargo, la parte larga de la curva no depende únicamente de la próxima decisión de la Fed. Quien presta dinero durante veinte o treinta años también necesita valorar qué inflación espera durante ese periodo y qué compensación exige por comprometer su capital durante tanto tiempo.

A esto se suma la enorme necesidad de financiación del Gobierno estadounidense. Las recompras anunciadas por el Tesoro pueden mejorar la liquidez de determinadas emisiones, pero no reducen por sí mismas el déficit ni eliminan la necesidad de continuar emitiendo deuda.

El hecho de que la reacción del mercado apenas durara un día resulta significativo: mejorar la liquidez de algunos bonos no equivale a solucionar las razones por las que el mercado exige rentabilidades elevadas a largo plazo.

Y los Estados no son los únicos buscando financiación

Hay otro fenómeno que añade presión a los mercados de capitales.

La carrera por la inteligencia artificial está exigiendo inversiones extraordinarias en centros de datos, semiconductores, energía, redes eléctricas e infraestructuras. Algunas de las mayores compañías tecnológicas están recurriendo también al mercado de deuda para financiar parte de esas inversiones.

Esto aumenta las alternativas disponibles para los grandes inversores. Además de deuda pública, pueden comprar crédito corporativo de compañías con balances y calificaciones crediticias extraordinariamente sólidos. Alphabet, por ejemplo, mantiene una calificación AA+ de S&P.

Esto no significa que las tecnológicas sean las responsables de que el Treasury a 30 años se encuentre por encima del 5%. Inflación, déficit público, expectativas sobre la política monetaria, oferta de deuda soberana y demanda de activos de larga duración tienen un peso fundamental.

Pero sí existe una realidad que conviene tener presente: el mercado tiene que absorber simultáneamente grandes necesidades de financiación pública y privada. Cuando aumenta la oferta de deuda, los distintos emisores compiten por captar el capital disponible, y la rentabilidad ofrecida forma parte de esa competencia.

¿Qué tiene que ver todo esto con tu fondo de renta fija?

Mucho más de lo que puede parecer.

Dos inversores pueden decir que tienen un 30% de su patrimonio en renta fija y estar asumiendo riesgos completamente diferentes.

Uno puede tener fondos que invierten fundamentalmente en emisiones de corto plazo. Otro puede estar expuesto a bonos con vencimientos mucho más largos. Uno puede concentrarse en deuda pública de elevada calidad crediticia y otro incorporar crédito corporativo. También podemos encontrar fondos globales con exposición al dólar, cubierta o sin cubrir.

Por eso conocer únicamente el porcentaje de renta fija de nuestra cartera no es suficiente. Necesitamos saber qué riesgos existen dentro de ella.

Y uno de los más importantes en el momento actual es la duración.

La duración importa especialmente cuando se mueven los tipos largos

Cuando las rentabilidades exigidas por el mercado aumentan, el precio de los bonos existentes tiende a caer. Cuando disminuyen, ocurre lo contrario.

La duración permite aproximar la sensibilidad del precio de un bono o una cartera de bonos ante esos movimientos. Cuanto mayor sea, mayor suele ser la reacción del precio ante una variación de las rentabilidades. La duración y la convexidad son precisamente dos herramientas fundamentales para analizar este riesgo en renta fija.

Esto explica por qué dos fondos clasificados como renta fija pueden reaccionar de forma muy diferente ante exactamente el mismo movimiento del mercado.

Una duración elevada no convierte automáticamente un fondo en una mala inversión. Significa que estamos asumiendo una mayor sensibilidad a los movimientos de los tipos y debemos saber si ese riesgo tiene sentido teniendo en cuenta nuestro horizonte de inversión.

Tu fondo puede caer aunque sus bonos sigan pagando

Esta distinción es especialmente importante porque solemos relacionar el riesgo de un bono con la posibilidad de que el emisor no pague.

Pero existe también el riesgo de tipos.

Imaginemos un bono emitido cuando el mercado aceptaba una rentabilidad del 3%. Si posteriormente aparecen bonos comparables ofreciendo un 5%, el primero continúa pagando los flujos prometidos, pero resulta menos atractivo frente a las nuevas emisiones. Para competir con ellas, su precio tendrá que ajustarse.

Ese mecanismo afecta diariamente a la valoración de los bonos que mantienen los fondos.

Por tanto, un fondo puede invertir en emisores de elevada calidad crediticia y experimentar pérdidas sin que se haya producido ningún problema de solvencia. Si tiene mucha duración y las rentabilidades suben con fuerza, su valoración puede sufrir simplemente por el movimiento de los tipos.

Pero las rentabilidades más altas también tienen una segunda cara

Que aumenten las rentabilidades no supone únicamente una mala noticia para quien invierte en renta fija.

Los fondos no mantienen indefinidamente los mismos bonos. Las emisiones vencen, algunas posiciones se venden y el gestor incorpora otras nuevas. Si ahora puede reinvertir ese dinero en bonos que ofrecen rentabilidades superiores, la cartera irá incorporando progresivamente esas nuevas condiciones.

Por eso el horizonte temporal resulta fundamental.

Una caída de valoración puede ser especialmente problemática para alguien que vaya a necesitar su dinero próximamente. Para un inversor con suficiente horizonte, en cambio, la posibilidad de reinvertir a rentabilidades superiores puede ir compensando parte del impacto inicial.

Preguntar si «ahora es buen momento para la renta fija» resulta, por tanto, demasiado genérico. Primero necesitamos saber qué renta fija estamos comprando, durante cuánto tiempo podemos mantenerla y qué función queremos que cumpla dentro de nuestro patrimonio.

La renta fija tampoco tiene que hacer todo el trabajo de la cartera

La situación actual también permite recordar por qué una cartera debería combinar activos con funciones diferentes.

El dinero que podemos necesitar próximamente puede requerir liquidez o inversiones con una sensibilidad reducida a los movimientos de los tipos. La renta fija puede aportar estabilidad y rentas en determinados escenarios, mientras que la renta variable permite participar en el crecimiento de las compañías.

También pueden existir otros activos con una función diferente. El oro, por ejemplo, no sustituye a los bonos ni proporciona sus mismos flujos, pero puede aportar diversificación ante determinados escenarios de inflación, incertidumbre monetaria o tensión geopolítica.

Eso no significa que debamos vender renta fija y comprar oro porque el Treasury haya superado el 5%. La cuestión es otra: comprobar si las distintas partes de nuestro patrimonio responden a riesgos diferentes o si prácticamente toda nuestra cartera depende de que se produzca el mismo escenario económico.

Podemos tener muchos fondos y estar menos diversificados de lo que pensamos.

Aprovecha lo que está ocurriendo para revisar tus fondos

En lugar de intentar adivinar dónde estará el bono estadounidense a 30 años dentro de seis meses, podemos utilizar la tensión actual para hacer una comprobación bastante más útil.

Abre la ficha de tus fondos de renta fija y busca cuatro datos:

  1. Duración: para conocer aproximadamente su sensibilidad a movimientos de las rentabilidades.
  2. Vencimiento medio: para entender durante cuánto tiempo está prestando dinero la cartera.
  3. Calidad crediticia: para conocer el riesgo de los emisores en los que invierte.
  4. Divisa: especialmente en fondos globales, para comprobar si existe exposición a monedas diferentes del euro y si está cubierta.

Después añade un quinto dato que no aparecerá en ninguna ficha: cuándo puedes necesitar tú ese dinero y para qué objetivo lo estás invirtiendo.

Ese último dato es el que permite interpretar correctamente todos los anteriores. Un fondo no es adecuado o inadecuado simplemente por tener más duración, invertir en deuda corporativa o mantener bonos denominados en dólares. Hay que relacionar esas características con nuestros objetivos, horizonte temporal y necesidades de liquidez.

Antes de buscar otra inversión, comprueba si la que ya tienes encaja contigo

Los bonos estadounidenses por encima del 5% pueden representar oportunidades para determinados inversores, pero el movimiento actual del mercado también recuerda que renta fija y ausencia de riesgo no son sinónimos.

La primera acción puede hacerse hoy mismo: abre tu cartera, revisa la duración y el vencimiento de tus fondos de renta fija y anota cuándo necesitarás realmente ese dinero. Si las características de la inversión y la fecha de tus objetivos no encajan, merece la pena revisar la cartera antes de añadir un nuevo producto.

Si no sabes cómo hacer ese análisis o qué peso deberían tener la renta fija, la renta variable, la liquidez o activos como el oro, ahí es donde puedo ayudarte. Cuando trabajo una cartera no empiezo buscando qué fondo comprar. Primero analizo los objetivos, los plazos, las necesidades de liquidez y el riesgo que puede asumir cada persona; después reviso lo que ya tiene y valoro qué cambios, si son necesarios, pueden hacer que el patrimonio esté preparado para diferentes escenarios.

Porque la cuestión que nos deja este episodio no es únicamente si un bono estadounidense al 5% es una oportunidad. También es un buen momento para comprobar si la cartera que ya tenemos sigue teniendo sentido para los objetivos que queremos alcanzar.

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