Los precios de los activos no están baratos, especialmente en el mundo de la renta fija de alta calidad, que es el que en teoría aporta más seguridad. Esto obliga a los inversores a ser más imaginativos y a salirse de los estándares de compra que han funcionado en los últimos años.

Ya hemos vuelto al cole... Y si miramos dónde están los mercados de renta fija y renta variable ahora y dónde estaban a finales de julio, parece que nada haya pasado... El Eurostoxx 50 en niveles del 3.500, el S&P 500 en 3.000 y el bono a 10 años alemán y americano, unos puntos básicos de rentabilidad más abajo. Y sin embargo, el verano no ha sido para nada tranquilo.

Esto nos lleva, una vez más, a invitar a la reflexión de lo relevante que es el mirar las cosas con un poco de perspectiva y no centrarse en el rabioso corto plazo.

Parece que la macroeconomía no nos va a dar grandes alegrías en el corto plazo, pero tampoco grandes disgustos, menos con el apoyo de los bancos centrales. Pero los precios de los activos tampoco son baratos, especialmente en el mundo de la renta fija de alta calidad que en teoría aporta más seguridad.

Y esto obliga a este tipo de inversores a ser imaginativos y a salirse (solo a aquellos que se lo permita su política de inversión) de los estándares de compra que han funcionado en los últimos años.

Prácticamente todos los bonos de alta calidad hasta cinco años en euros ofrecen rentabilidades negativas, por lo que, aunque en el corto plazo se puedan encarecer más, no parece el instrumento más adecuado para los inversores que buscan hacer crecer su patrimonio.

En nuestra opinión, que sostenemos hoy más que nunca, la búsqueda del incremento patrimonial de una forma razonable provendrá de la búsqueda de nichos de rentabilidad (¡la buena noticia es que aún quedan!), tanto en el mundo de la renta fija, en muchos casos en el mundo BB/B, como en acciones de compañías poco seguidas y analizadas por el mercado y que, además, no entran en el radar de la gestión pasiva, combinada con una alta dosis de liquidez en las carteras y de una fuerte diversificación. Esto permitirá que, en el caso de cometer algún error, estos tengan un impacto limitado en las carteras y mucho más si le añadimos protecciones para los riesgos de cola a través de una estrategia de opciones y compra de volatilidad que sirvan de airbag, sin que se produzca un deterioro significativo de la rentabilidad potencial de la cartera. 

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Alfonso Benito, Director de gestión de activos