En España los ahorradores suelen inclinarse por los productos más conservadores como, por ejemplo, los depósitos, un vehículo con poco riesgo que en el pasado ofrecía retornos atractivos pero que, en el contexto actual, con la bajada de tipos, no dan rentabilidad.

En ocasiones, esta preferencia responde al desconocimiento de los productos y mercados financieros. En la actualidad, no asumir ningún riesgo con nuestras inversiones implica no obtener ninguna rentabilidad, lo que en el medio y largo plazo provocará que nuestro dinero pierda poder adquisitivo, y esto puede representar un riesgo mayor que el de la volatilidad de los mercados.

En este sentido, es importante que los ahorradores tengan siempre en cuenta el efecto de la inflación sobre el dinero cuando analizan sus opciones de inversión y antes de tomar ninguna decisión. Un aspecto que cobra especial relevancia en un momento como el actual, dado que, con la recuperación económica, los precios se han disparado provocando un repunte de la inflación (incremento que no preocupa a los bancos centrales, dado que veníamos de inflaciones muy bajas y que consideran que será coyuntural). El Banco Central Europeo tiene un objetivo (“simétrico) de inflación de 2% en el medio plazo (tras el cambio en su política monetaria anunciado en julio), pero la Comisión Europea prevé que la inflación en España supere esta cifra hasta principios de 2022.

Por lo tanto, con el incremento de la inflación y sin subidas de tipos en el horizonte, si quisiéramos contratar un depósito para intentar proteger el dinero de los movimientos del mercado, el resultado sería una pérdida de poder adquisitivo y una devaluación del ahorro en el medio y largo plazo. Por ejemplo, con una inflación del 2%, si tenemos 10.000 euros y no los invertimos, en 10 años equivaldrán a 8.203 euros y en 20 años, a 6.730. Es decir, por el efecto de la inflación y como consecuencia de ser excesivamente conservadores, perderíamos un 17% de nuestro poder de compra en una década y casi un tercio en dos.

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