Cada vez más personas se plantean cómo afrontar el reto que supone la jubilación, una etapa que, teniendo en cuenta las previsiones demográficas y del mercado laboral, puede prolongarse tanto como la etapa activa. Es un desafío personal que tiene, sin duda, un gran impacto en el terreno de las decisiones de inversión. Para abordar el que será, seguro, uno de nuestros objetivos de inversión más exigentes, la jubilación, debemos hacerlo con el enfoque de gestión adecuado y la correcta construcción de nuestra cartera.

Como en toda decisión de inversión, hemos de recordar las tres variables principales que van a marcar la estrategia:

1-La rentabilidad que necesita el inversor.
2-El riesgo máximo que está dispuesto a asumir.
3-El plazo de la inversión.

No existen recetas estándar. Cada persona es un caso diferente y así debe ser tratado su plan de inversión. Recetar un plan de pensiones cualquiera puede ser incorrecto si esta recomendación no lleva detrás un estudio de lo que cada inversor debe hacer en la etapa de acumulación de capital y de cómo quiere vivir cuando empiece a disfrutar de ese ahorro.

El primer paso consiste en situar en el tiempo el objetivo de inversión. Es decir, el horizonte temporal o los años que restan hasta el momento de la jubilación. Cuanto mayor sea el plazo disponible, mayor será el riesgo que el inversor pueda asumir. No obstante, en Abante entendemos que el plazo es móvil, por lo que se irá modulando (reduciendo) el nivel de riesgo a medida que nos vayamos acercando al momento de la jubilación.

Otro aspecto muy importante es determinar la rentabilidad necesaria para cumplir con el objetivo y establecer el nivel de riesgo máximo. Una vez fijadas estas dos variables, debemos comprobar si, unidas, permiten la consecución del objetivo. El diseño de una cartera de inversión correcta, activamente gestionada y que sea revisable periódicamente es vital.

Por cartera de inversión correcta entendemos el diseño de una distribución de activos robusta, que permita capturar la rentabilidad adecuada, pero que cuente con las protecciones suficientes para dotarla de mayor estabilidad y control del riesgo. La mejor decisión de inversión es. y ha sido siempre, permanecer invertido en el largo plazo asumiendo como normales los movimientos (volatilidad) del mercado dentro de las reglas marcadas por el perfil del inversor. Intentar hacer market timing normalmente da al traste con gran parte de la rentabilidad.

Por activamente gestionada entendemos una cartera que tenga detrás un equipo de gestión profesional, dedicado y que se ocupe de detectar la oportunidades de inversión que se vayan presentando. Hemos de exigir calidad y acompañamiento durante la vida (larga) de la inversión y tratar de huir de los productos de moda de cada mes de diciembre. 

 

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