BCE en Sintra: el dilema de los tipos
Christian Schulz, economista jefe de AGI
Los responsables de política monetaria del BCE llegan al foro de Sintra de este año con una confianza razonable y una postura unida. La inflación general sigue en torno al 3% y la inflación subyacente permanece por encima del objetivo, pero la bajada de los precios de la energía y una nueva subida de tipos están mostrando un camino claro de vuelta a la estabilidad de precios. La actualización de la estrategia del BCE de 2025 ha cumplido hasta ahora su cometido: anclar las expectativas, señalar una baja tolerancia a desviaciones persistentes respecto al objetivo y hacer más transparente la función de reacción.
La cuestión más difícil es si esta unidad sobrevivirá a la siguiente fase. Los miembros más restrictivos, como Isabel Schnabel, defienden tipos de interés permanentemente más altos. Pueden apoyarse en repetidos shocks de oferta, unas expectativas de inflación rígidas y un posible aumento del tipo de interés neutral. La debilidad del crecimiento se atribuye a problemas estructurales que deben abordar los gobiernos.
Sin embargo, el bajo rendimiento económico de la eurozona desde la pandemia y el aumento del desempleo en Francia y Alemania también podrían sugerir una política monetaria excesivamente restrictiva. La moderación de la inflación general podría utilizarse para volver a bajar los tipos y estimular la demanda. Sintra mostrará si el consenso es tan sólido como parece o si nuevas voces empiezan a cuestionar el sesgo restrictivo dominante.
La comparecencia del presidente de la Fed, Kevin Warsh, añade otra dimensión. En su primera rueda de prensa, Warsh puso más énfasis en la inflación que en el empleo, acercándose retóricamente al mandato del BCE. Un debate con un grupo de miembros de corte restrictivo podría reforzar esa orientación.
La influencia podría ir en ambos sentidos. El escepticismo de Warsh respecto a las políticas no convencionales, especialmente los grandes balances de los bancos centrales, puede encontrar eco en el BCE, que aún debe definir su futuro marco de liquidez y su cartera de bonos. Esto podría fortalecer a los miembros más restrictivos que abogan por una cartera más pequeña y de menor duración. En ese sentido, Sintra puede tratar menos sobre el último shock energético y más sobre la futura arquitectura de la política monetaria a ambos lados del Atlántico.