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Telecos: el activo estratégico que vuelve al centro del mercado europeo

Telecos: el activo estratégico que vuelve al centro del mercado europeo

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Virginie Dubois, especialista de producto sénior de Allianz Global Investors

En un momento marcado por la aceleración digital, la autonomía tecnológica y la necesidad de reforzar infraestructuras críticas, Europa ha situado la conectividad en el centro de su estrategia económica e industrial. Las redes de telecomunicaciones, tradicionalmente percibidas como un servicio básico y defensivo, han pasado a ocupar un papel mucho más relevante: son hoy una infraestructura esencial para la competitividad, la seguridad y el crecimiento del continente.

Este cambio de paradigma también empieza a reflejarse en los mercados. Las telecomunicaciones europeas han recuperado atractivo para los inversores gracias a una combinación poco habitual de apoyo institucional, mejora en las perspectivas de rentabilidad y generación de ingresos estables y predecibles. En lo que va de año, el comportamiento del sector ha superado al del conjunto de la renta variable europea: mientras el índice MSCI EMU retrocede un -2,4%, los servicios de comunicación avanzan un +6,3%, reflejando el renovado interés por este segmento.

De utility tradicional a infraestructura estratégica

En el ámbito europeo, la conectividad ha pasado a considerarse una prioridad pública de carácter estratégico. Dentro del marco de la Década Digital, la Unión Europea ha fijado objetivos concretos para 2030: conectividad gigabit para todos los hogares, cobertura 5G en todas las zonas pobladas, que el 75% de las empresas utilicen cloud, inteligencia artificial y big data, y el impulso de la digitalización de los servicios públicos.

Con estas metas, la UE reconoce que avances como la migración a la nube, la inteligencia artificial, la automatización industrial o los servicios públicos digitales no son viables sin redes sólidas, resilientes y de alta capacidad.

En este contexto, el programa “Conectar Europa” (CEF por sus siglas en inglés) actúa como instrumento de financiación estratégica para infraestructuras digitales en el periodo 2021–2027. Su foco está en redes de muy alta capacidad, conexiones troncales transfronterizas y el despliegue de 5G en grandes corredores de transporte. Aunque los recursos asignados no son especialmente elevados en términos absolutos, el objetivo es servir de catalizador para atraer inversiones públicas y privadas mucho mayores, reduciendo el riesgo en proyectos complejos o de carácter transfronterizo.

Al mismo tiempo, el marco regulatorio europeo ha evolucionado hacia una mayor orientación a la inversión. La Gigabit Infrastructure Act, será aplicable en su totalidad a finales de 2025, busca reducir los costes y la complejidad asociados al despliegue de fibra y 5G mediante la simplificación de permisos, el fomento del uso compartido de infraestructuras y una mayor transparencia en las obras civiles.

Este giro regulatorio responde a una realidad cada vez más evidente: la capacidad digital será uno de los principales factores de competitividad económica y autonomía estratégica en los próximos años.

Otro de los grandes puntos estructurales que impulsan al sector es la creciente importancia de la seguridad, la resiliencia y la soberanía digital. Las redes de telecomunicaciones son consideradas ya infraestructuras críticas para el funcionamiento económico y social de Europa. La directiva NIS2 (normativa de la Unión Europea sobre ciberseguridad) establece obligaciones reforzadas en materia de ciberseguridad para determinadas empresas, entre ellas los proveedores de redes y servicios de comunicaciones electrónicas. De forma adicional, y dentro del marco más amplio de la política europea de ciberseguridad, otras normativas impulsan la creación de sistemas comunes de certificación para garantizar la seguridad de productos y servicios tecnológicos. En este contexto, la seguridad deja de ser únicamente un coste operativo para convertirse también en una barrera de entrada y en un elemento de relevancia estratégica, especialmente para clientes vinculados al sector público, defensa, transporte o industria.

Por tanto, la conectividad se ha convertido en un eje central de la economía digital europea, estrechamente vinculada a la competitividad industrial, la transición energética, la defensa y los servicios públicos.

Por qué el sector vuelve a ganar protagonismo

El renovado interés por las telecomunicaciones europeas no es coyuntural, sino estructural. La conectividad se ha convertido en la columna vertebral de la economía digital europea, estrechamente vinculada a la competitividad industrial, la transición energética, la defensa y los servicios públicos. Al mismo tiempo, el marco regulatorio y de financiación está evolucionando para mejorar la rentabilidad ajustada al riesgo para los inversores a largo plazo dispuestos a participar en activos intensivos en infraestructuras.

En un contexto marcado por la fragmentación geopolítica, el aumento de la intensidad de capital y la preferencia de los inversores por flujos de caja sólidos y previsibles, las redes europeas de telecomunicaciones destacan por combinar un carácter estratégico imprescindible con previsibilidad financiera. Más allá de su perfil defensivo en términos de generación de caja, sustentan además una prioridad clave para Europa: garantizar la soberanía y la seguridad de los datos tanto en redes como en infraestructuras cloud.

Por ello, y sin perder de vista las particularidades y riesgos de cada compañía, el sector combina las características de una infraestructura esencial con visibilidad a largo plazo, y no debería pasarse por alto a la hora de construir las carteras.
 

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