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Conseguir algo gratis tiene un inconveniente: a la larga, uno se acostumbra | La carta de Edouard Carmignac octubre 2026
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Conseguir algo gratis tiene un inconveniente: a la larga, uno se acostumbra | La carta de Edouard Carmignac octubre 2026

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Conseguir algo gratis tiene un inconveniente: a la larga, uno se acostumbra.

Durante casi 15 años, los gobiernos, las empresas y los inversores han vivido en un mundo en el que el dinero parecía estar disponible de forma casi ilimitada. Los gobiernos gastaban, las empresas invertían y los mercados asignaban valor. ¿Por qué elegir cuando casi todo puede financiarse?

Esta era está llegando a su fin. El dinero vuelve a tener precio y, con él, regresa una disciplina que quizás hayamos olvidado demasiado rápido: la disciplina de la elección.

Este cambio llega en un momento en el que las necesidades de capital son mayores que nunca. Estados Unidos debe financiar al mismo tiempo una enorme deuda pública y una revolución tecnológica que exige inversiones extraordinarias. Centros de datos, semiconductores, memoria digital, generación de energía: la inteligencia aumentada requiere infraestructuras de una magnitud gigantesca. En mi última carta, hablé de los profundos cambios que traerá consigo. Ahora, una pregunta resulta cada vez más apremiante: ¿quién lo va a pagar?

Todos nosotros, por supuesto. Los ahorradores, los inversores y los contribuyentes son quienes aportan, en última instancia, este capital. Por tanto, los gobiernos y las empresas compiten por una reserva de ahorro finita. Desde el punto de vista económico, no hay nada especialmente nuevo en ello, salvo que 15 años de dinero fácil casi nos han hecho olvidar que el capital es escaso.

Europa debe evitar verse como una víctima de esta nueva disciplina. Necesita financiar su defensa, su independencia energética y sus infraestructuras, además de movilizar el capital necesario para cerrar su brecha tecnológica. Tras años regulando lo que ya no sabía producir, tendrá que aprender a invertir de nuevo. Este despertar es bienvenido, pero la soberanía es más fácil de proclamar que de financiar.

¿Cómo podemos escapar de la temible trampa de la deuda? De resultar duradera, la subida de los tipos de interés, cuya magnitud infravaloramos, incrementaría por sí sola la carga de los intereses en torno a un 50 % para 2030, tanto en Estados Unidos como en Francia. Al mismo tiempo, suponiendo que los déficits fiscales se mantengan sin cambios, la deuda pública pasaría del 100 % al 110 % en Estados Unidos y del 119 % al 132 % en Francia durante el mismo periodo. Estas estimaciones ni siquiera tienen en cuenta los mayores costes de las pensiones que resultan de las tendencias demográficas.

El dinero fácil es un anestésico potente. Permite a los gobiernos aplazar decisiones dolorosas, mantiene a las empresas mediocres con respiración asistida y aviva entre los inversores la ilusión de que todos los activos acabarán revalorizándose. Cuando el capital vuelve a tener un precio, los proyectos deben demostrar su valía y las empresas, su capacidad para generar rentabilidad a partir de él.

¿Debería preocuparnos este nuevo entorno? La escasez de capital favorece a las empresas más prometedoras, especialmente a las que aprovechan la inteligencia aumentada, al tiempo que deja a los Gobiernos con una política fiscal descontrolada con menos acceso a la financiación. Nuestro papel es asegurarnos de que ustedes participen del éxito de empresas que no se limitan a prosperar en el mundo tal como es, sino que ayudan a definir el mundo que viene. Hasta la fecha, hemos apoyado a Mistral, SpaceX, Revolut y Lovable en rondas de financiación previas a sus posibles salidas a bolsa. Hemos invertido en quienes creemos que podrían convertirse en los líderes del mañana y, siempre que sea posible, ofreciendo a nuestros clientes acceso a algunas de estas oportunidades mediante nuestros fondos. La inteligencia aumentada, la exploración espacial, los nuevos servicios financieros o la revolución del software forman parte, cada una a su manera, de la profunda transformación de nuestro mundo.

Cuando el dinero era gratis, limitarse a estar invertidos en el mercado podía bastar. Cuando el dinero vuelve a ser caro, elegir resulta esencial. Elegir las empresas a las que confiamos su capital, con la convicción de que seguirán determinando el futuro.

Eso debería mantenernos ocupados.

Atentamente,
Edouard Carmignac


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