Aunque persisten los temores a una recesión, la economía estadounidense se mantiene robusta y consideramos que las perspectivas sobre la renta variable estadounidense para el año que viene siguen siendo halagüeñas en general. El efecto retardado de la relajación monetaria de los bancos centrales de todo el mundo comenzará a recalar en la economía, lo que actuará como revulsivo para la actividad.

Las elecciones presidenciales de noviembre acapararán previsiblemente todos los titulares. Con esto en mente, anticipamos una moderación de las tensiones comerciales con China, aunque una resolución sustantiva a largo plazo parece improbable, dadas las complejas diferencias geopolíticas.

En marzo, los demócratas elegirán a su candidato presidencial. Incluso si Elizabeth Warren, una candidata más radical, consiguiera ser nominada y fuera elegida, probablemente se enfrentaría a un congreso dividido y no lograría adoptar algunas políticas muy polémicas, como Medicare para todos. Sin embargo, es posible que se endurezca la regulación del sector financiero y de las grandes firmas tecnológicas.

El índice S&P 500, pese a revalorizarse un 23% en 12 meses (en el momento de redactar estas líneas), presenta una valoración razonable y prevemos un crecimiento de los beneficios del 5%-7% en 2020, en torno a la tasa tendencial a largo plazo. El crecimiento del PIB sigue ralentizándose desde el «subidón de azúcar» inducido por la reforma fiscal, aunque todavía esperamos que alcance su tasa tendencial del 1,8% aproximadamente en 2020.

En cuanto a sectores, prevemos un rebote del manufacturero a partir del bache del ciclo de inventarios de este año —el tercero desde la crisis financiera— y la posibilidad de una importante revalorización del sector sanitario cuando se haga patente que Medicare para todos no puede llevarse a cabo. También prevemos unos sólidos fundamentales y un robusto crecimiento de los beneficios de las grandes compañías tecnológicas, como Facebook y Google, en vista de las ingentes inversiones de 2019.