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Elecciones medio mandato EEUU: qué implica una victoria demócrata contundente para las perspectivas económicas
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Elecciones medio mandato EEUU: qué implica una victoria demócrata contundente para las perspectivas económicas

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Salman Ahmed - Responsable global de Macroeconomía y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity

Las elecciones legislativas de mitad de mandato en EE. UU. han deparado una contundente victoria demócrata, con el partido tomando el control tanto de la Cámara de Representantes como del Senado. Aunque es probable que esto limite la agenda interna del presidente Trump, también podría ampliar el margen para una relajación fiscal. Nuestro equipo de análisis macroeconómico examina las implicaciones para la política económica estadounidense, la inversión en IA y el conjunto de la economía mundial.

Puntos clave

  • Los próximos vencimientos de la financiación del Gobierno y del techo de deuda podrían brindar a  los demócratas oportunidades para negociar concesiones en materia de gasto, manteniendo los  riesgos fiscales sesgados hacia una mayor expansión. 
  • Una regulación más estricta del desarrollo de centros de datos a escala estatal podría frenar la  inversión en infraestructuras de IA, lo que supone un riesgo clave para las perspectivas  económicas de EE. UU. 
  • Es poco probable que la política exterior estadounidense cambie de forma sustancial, ya que el  presidente Trump mantiene un considerable control ejecutivo sobre el comercio, la inmigración y  los asuntos exteriores. 

Aunque el recuento definitivo sigue en marcha en algunos estados, los resultados conocidos hasta  ahora apuntan a una histórica ola demócrata. Según las estimaciones en tiempo real del NYT, los  demócratas se encaminan a obtener más de 250 escaños en la Cámara de Representantes, el mayor  número en esta cámara desde 2008. La victoria en el Senado ha sido igualmente contundente: los  demócratas van camino de ganar ocho escaños y alcanzar una mayoría de 55 frente a 45, la más  amplia desde 2012. Estas cifras en ambas cámaras darán a los demócratas bastante más margen de  maniobra para definir las políticas que las ajustadas mayorías parlamentarias de los últimos años. 

Sin embargo, aunque los demócratas pueden fijar la agenda y redactar leyes, seguirá siendo difícil  aprobar cambios importantes en las políticas. El obstruccionismo parlamentario en el Senado y el veto  presidencial seguirán limitándoles, incluso con el control de ambas cámaras. En cambio, prevemos  que impulsen sus prioridades de gasto, como la sanidad, otras partidas sociales y la energía limpia,  mediante proyectos de ley de reconciliación presupuestaria, que solo requieren una mayoría simple.  Esto cobra especial relevancia cuando se aproximan los vencimientos fiscales, ya que los demócratas  pueden aprovechar las negociaciones con los republicanos para obtener concesiones en sus  prioridades. 

Los demócratas cuentan con dos principales fuentes de presión. La primera es el techo de deuda, que  podría alcanzarse en torno al segundo trimestre de 2027 con los actuales planes de gasto, aunque las  medidas extraordinarias podrían retrasar la «fecha X» hasta finales de año. La segunda, más inmediata,  es la financiación del Gobierno, que vence el 11 de diciembre. El plazo vence durante el periodo de  sesiones entre las elecciones y la toma de posesión del nuevo Congreso, cuando los republicanos aún  controlan ambas cámaras, lo que podría propiciar un último intento de impulsar sus prioridades de  gasto o limitar el gasto demócrata. Sin embargo, la falta de consenso sobre las asignaciones  presupuestarias para todo el ejercicio hace que lo más probable sea una prórroga presupuestaria a  corto plazo, que trasladaría el siguiente vencimiento de la financiación a principios de 2027 y  mantendría vivo el riesgo de cierre de la Administración. 

En conjunto, consideramos que los riesgos se inclinan hacia una mayor expansión fiscal, puesto que  ambos partidos podrían alcanzar acuerdos para impulsar sus prioridades de gasto. Pese al importante  estímulo fiscal de este año derivado de la ley One Big Beautiful Bill, observamos escasa disposición  en los dirigentes de ambos partidos a reducir el elevado déficit fiscal, a pesar de la fortaleza del  crecimiento.

Por otro lado, el control demócrata de la Cámara de Representantes abriría la puerta a un mayor  escrutinio de la administración Trump, incluidas investigaciones sobre posibles conflictos de interés  relacionados con sus actividades empresariales, los mercados de predicción y posibles procedimientos  de destitución. Aunque la destitución requeriría una mayoría de dos tercios en el Senado, estos  procedimientos podrían absorber la atención política y generar riesgos asociados a los titulares. Un  Senado demócrata también podría bloquear nombramientos clave, incluidos los de la Fed, limitando  aún más la agenda interna del presidente. 

Las elecciones a gobernador tendrán importantes implicaciones para la inversión en IA 

Más allá de Washington, las elecciones a gobernador también tienen importantes implicaciones  macroeconómicas. Los demócratas han arrebatado a los republicanos cuatro estados, tres de los  cuales -Texas, Ohio y Georgia- constituyen un núcleo fundamental del despliegue de centros de datos  y concentran casi un tercio de la capacidad prevista en EE. UU. Es probable que los gobernadores  demócratas que hicieron campaña a favor de limitar la construcción de centros de datos impongan  nuevas moratorias y restricciones a la concesión de permisos, junto con medidas de protección  relativas al suministro de agua, los costes energéticos y los incentivos a la inversión. Estas medidas  podrían tener importantes implicaciones para la inversión en infraestructuras relacionadas con la IA.  Por ahora, consideramos que estos riesgos se concentran principalmente en el ámbito estatal, más  que en el federal. Sin embargo, dada la sensibilidad de esta cuestión entre los votantes  estadounidenses, podría cobrar fuerza a escala federal, especialmente de cara a las elecciones de  2028. Consideramos que este es un riesgo clave para nuestras perspectivas macroeconómicas. 

Las competencias del poder ejecutivo permanecen prácticamente intactas 

Al margen del cambio en el equilibrio de poder en el Congreso, el presidente Trump conservaría un  considerable margen de maniobra en materia de aranceles, control de la inmigración y política exterior.  Ante una mayor resistencia a su agenda interna, la Administración podría recurrir en mayor medida a  sus competencias ejecutivas y centrar su atención en el exterior. Por tanto, seguimos observando  riesgos al alza para los precios del petróleo derivados de la guerra de Irán, mientras que es poco  probable que la política comercial estadounidense cambie sustancialmente de rumbo. La  Administración está preparando investigaciones al amparo de la Sección 301 sobre el exceso de  capacidad industrial para sustituir los aranceles anulados que se habían impuesto en virtud de la IEEPA, lo que sugiere que las restricciones comerciales seguirán siendo un instrumento central de la política  económica incluso con un Congreso demócrata. 

Implicaciones para el resto del mundo 

Dado que la autoridad ejecutiva del presidente Trump apenas se vería afectada, esperamos pocos  cambios en las relaciones actuales de EE. UU. con el resto del mundo en materia de política exterior. 

Las principales implicaciones seguirán transmitiéndose por tres vías. La primera es la energía: seguimos previendo riesgos al alza para los precios del petróleo, dado que el riesgo de escalada de la  guerra de Irán sigue siendo elevado. Esta situación probablemente seguirá siendo una posible fuente  de perturbaciones de oferta para la economía mundial, alimentando las presiones inflacionistas,  especialmente en Europa y Asia, grandes importadoras de energía, y manteniendo un sesgo hacia el  endurecimiento monetario. 

La segunda es la tecnología. Las perspectivas de inversión y regulación de la IA en EE. UU. serán  especialmente importantes para Taiwán y Corea del Sur, dado su papel central en la cadena de  suministro mundial de IA, mientras que los controles a las exportaciones de semiconductores tendrán  implicaciones más directas para China. Estas políticas siguen siendo, en gran medida, competencia  del poder ejecutivo, lo que limita el impacto directo del cambio en el Congreso. 

Por último, es probable que persistan las tensiones comerciales. En las relaciones comerciales entre  EE. UU. y China vemos poco margen para una relajación significativa de las tensiones. Los aranceles,  las restricciones tecnológicas y la diversificación de las cadenas de suministro siguen contando con un  amplio respaldo de ambos partidos, lo que sugiere que es poco probable que el control demócrata del  Congreso cambie sustancialmente el rumbo de la política estadounidense hacia China. La próxima cumbre de la APEC podría aportar mayor claridad sobre las negociaciones comerciales a corto plazo, pero es poco probable que cambie la trayectoria general de las relaciones entre EE. UU. y China. 
Europa también sigue viéndose afectada por la agenda estadounidense y la evolución de la situación  en Ucrania, aunque 2028 podría marcar el inicio de un periodo de normalización si se mantienen las  tendencias actuales. 

De cara al futuro 

Consideramos que esta histórica ola demócrata limitará la agenda interna y los nombramientos del  presidente Trump, mientras que la política exterior se mantendrá prácticamente sin cambios al seguir  bajo el control del poder ejecutivo. En nuestro escenario central, prevemos que el crecimiento  estadounidense se ralentice el próximo año hasta su ritmo tendencial, tras el sólido avance de 2026.  Todo ello se enmarca en un entorno macroeconómico más complejo, con un nuevo ciclo de subidas  de tipos de la Fed, un endurecimiento de las condiciones financieras y crecientes perturbaciones  geopolíticas e inflacionistas. 

También observamos riesgos derivados de la creciente dependencia de la economía respecto a la  inversión en bienes de capital y el despliegue de la IA, cuyo foco se está desplazando de la magnitud  del gasto de capital a la rentabilidad que esa inversión pueda generar en última instancia. Una  regulación más estricta de los centros de datos podría ralentizar el despliegue de la inversión en IA y  tener importantes implicaciones macroeconómicas para el resto del mundo. 


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