Desde la elección de Trump y la renovación republicana de la Casa Blanca y el Congreso, los mercados de renta variable han registrado subidas ante la expectativa de que el estímulo adicional en forma de políticas fiscales impulse el crecimiento de Estados Unidos. Pese a ello, el cambio en las previsiones de los mercados sobre la política monetaria estadounidense ha sido sorprendentemente limitado, y actualmente estos asumen con una probabilidad del 100% que la Fed incrementará los tipos en su reunión de diciembre. Sin embargo, los mercados están descontando una sola subida de los tipos en todo el próximo ejercicio, una conjetura extraña si se tienen en cuenta las relativamente optimistas previsiones de crecimiento sobre la economía estadounidense.

No obstante, el escepticismo de los inversores sobre los posibles incrementos en las tasas en 2017 es perfectamente entendible, ya que, tras prepararse para varias subidas de tipos al cierre de 2014 y 2015, la Fed les dejó atónitos al no mover ficha. En cambio, un factor que no entró en juego durante los últimos dos años y que sí parece estar emergiendo en 2017 es el de la inflación.

Incluso antes de las elecciones, se apreciaron signos de que la presión inflacionaria comenzaba a crecer dentro de la economía estadounidense. Ahora, el mercado laboral goza de buena salud, la desocupación se encuentra por debajo del 5% -el porcentaje más bajo desde la crisis financiera- y el número de reclamaciones de prestaciones por desempleo se encuentra en mínimos históricos. Mientras tanto, los precios del crudo se han incrementado un 41% en este ejercicio y, si le sumamos, rebajas fiscales, medidas proteccionistas sobre las mercancías extranjeras y un incremento del gasto en infraestructuras, podría desencadenar en un aumento de la inflación en los próximos años.

No obstante, existe la posibilidad de que la Fed se abstenga de aplicar recortes adicionales en los tipos de interés y opte por continuar estimulando la economía. Dado que desde mayo de 2014 la inflación general se ha situado por debajo del 2% fijado por el máximo organismo monetario estadounidense, sus responsables podrían considerar aceptable que dicho objetivo se supere en algunas décimas a corto plazo. El riesgo de este enfoque es que la Reserva Federal pierda el control de la situación y termine detrás de la curva, suscitando un incremento pronunciado en los tipos de interés en un breve periodo y perjudicando con ello a los mercados financieros y la economía.

En el plano opuesto, también cabría preguntarse qué supondría para los inversores que la Fed decidiese incrementar los tipos a un ritmo superior al esperado por el mercado durante el próximo ejercicio. La peor parte se la llevaría el dólar estadounidense, ya que el crecimiento del diferencial de tipos de interés entre Estados Unidos y el resto del mundo impulsa la moneda al alza, y mientras que esta apreciación perjudicaría a los exportadores estadounidenses y los mercados emergentes, resultaría beneficiosa para las empresas situadas fuera del país con una fuerte exposición a su economía.

 

Extracto del informe mensual Market Insights

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