La Fed mira más allá de los tipos de interés: así ve el impacto de la IA en la economía
El presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, compartió algunas reflexiones reveladoras durante la cumbre anual de Jackson Hole, aportando un marco más claro sobre cómo está evaluando la economía y la inflación. Su mensaje fue notablemente restrictivo (hawkish), aunque evitó comprometerse con una decisión concreta de política monetaria.
La probabilidad implícita de una subida de tipos en septiembre aumentó desde aproximadamente el 35% hasta superar el 60% en los días posteriores a su discurso. Mientras, el rendimiento de los bonos ha ido aumentando (se ha situado por encima del 5%).
Warsh hizo hincapié en que la inflación —y no la debilidad del mercado laboral— es actualmente la principal preocupación de la Reserva Federal. También destacó que la Fed analizará más allá de los datos aislados de un solo mes, centrándose en la tendencia, amplitud y persistencia de la inflación, así como en las expectativas de inflación, los precios de las materias primas y las condiciones financieras en sentido amplio.
Sin embargo, los mercados tuvieron un aliciente quizá más inesperado (e interesante) del presidente de la Fed, quien se refirió al cambio estructural que supone la Inteligencia Artificial. Warsh se atrevió a calibrar cuál puede ser el impacto macroeconómico de la IA. En lugar de considerarla simplemente como una historia vinculada al sector tecnológico, planteó esta tecnología como un posible nuevo factor de producción capaz de aumentar la productividad de la economía a largo plazo y elevar su potencial de crecimiento sin generar presiones inflacionarias.
Al mismo tiempo, reconoció que el calendario, la magnitud y la distribución de estos beneficios siguen siendo inciertos, y que las implicaciones de la inteligencia artificial a más largo plazo no deberían ser un factor determinante en las decisiones actuales de política monetaria.
Visión del equipo de Renta Fija de EE.UU. de Schroders
La renta fija sigue ofreciendo oportunidades de valoración atractivas, aunque la construcción de carteras debe mantenerse selectiva.
Los vencimientos a corto plazo ya descuentan una probabilidad significativa de nuevas subidas de tipos de interés, por lo que un endurecimiento adicional de la política monetaria podría, paradójicamente, contribuir a estabilizar las rentabilidades de los bonos a más largo plazo. Esto ocurriría al reforzar la credibilidad de la Fed en su lucha contra la inflación y limitar una mayor ampliación de la prima por plazo (term premium). Por ello, creemos que las carteras deberían priorizar la generación de ingresos y el rendimiento por carry frente a una apuesta generalizada por la duración.
Los diferenciales de crédito corporativo nos parecen cada vez más ajustados y consideramos que ofrecen una compensación limitada por los riesgos macroeconómicos o por posibles rebajas de calificación crediticia.
Por el contrario, pensamos que los activos titulizados, los bonos municipales sujetos a impuestos (taxable municipals) y determinadas emisiones de deuda de mercados emergentes continúan ofreciendo un valor relativo más atractivo.
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