Pongamos que no tenemos nada mejor que hacer y seguimos invirtiendo nuestros ahorros en los próximo 15 años (por poner algo) y que vamos disponiendo de liquidez para ello de vez en cuando, con cierta periodicidad, a lo largo del tiempo.

Si consideramos dos caminos distintos de la cotización en ese tiempo futuro veamos lo que pasaría con estas dos curvas de las infinitas posibles:

Por los dos camino llegamos al mismo sitio, de “ahora” a “15 años”.

Si lo que ocurre es el camino naranja será aburrido y con importantes sustos.

Si es el camino azul quedaremos más satisfechos psicológicamente, mayor tranquilidad e incluso más optimismo, pero lo que gana nuestro onanismo emotivo lo pierde nuestro bolsillo.

Es el camino naranja el que nos ofrece mayor rentabilidad dado que vamos comprando más barato para llegar al mismo precio final.

Luego si baja la cotización puede ser un motivo de alegría para nuestro bolsillo, pero el animal mitológico que nos habita no nos va a dejar alegrarnos y va a seguir rumiando miedos, reproches, desesperaciones y locuras que nos pueden hacer perder la perspectiva y hacernos actuar en nuestra contra.

Pero, tranquilos, no tenemos la opción de elegir. Los caminos no están trazados y, como la vida, son maravillosamente elásticos e inciertos.

Disfrutemos de lo que se presente.