Ricardo González Ramos

(Ricardoesbolsa)

Inversor, apasionado de los mercados y gestor del fondo GPM International Capital (ES0142630021)

Valencia.

Los ETFs inversos no son lo que parecen


Escrito 9 Aug 16

Como la situación general del mercado la tenemos totalmente revisada, hoy me gustaría dedicar un artículo para mostraros algunos aspectos del mercado y sus productos que rara vez se trata (tal vez porque no interese) pero que en mi opinión es importante conocer. Ya lo hicimos en su día con  los dividendos y hoy haremos nuestra parada en los ETFs.

Para todo aquel que no lo sepa, comentaré que un ETF no es más que una cesta de valores o activos financieros cuyo valor cotiza en algún mercado organizado.

El ETF replica los movimientos de los valores que están en su interior, y para ello tiene en cuenta el peso que tiene cada uno de los valores dentro de la cesta. Una de las diferencias de los ETFs con respecto a un fondo tradicional, es que los ETF se comportan como una acción, dado que su precio se calcula de forma automática teniendo en cuenta la ponderación de los valores que contiene. Por ese motivo se puede comprar y vender exactamente igual que una acción durante toda la sesión del mercado en el que cotice.

La idea de los ETFs es brillante, reduce costes operativos y son muy accesibles, por lo que en líneas generales son un producto atractivo para replicar una cesta de activos. Ahora bien, hay algunos datos menos positivos y muchas veces “ocultos” al gran público que debemos conocer, y hoy trataremos uno relacionado con los ETFs inversos.

Los resultados diarios de la cotización de un ETF inverso es la rentabilidad inversa diaria a la de su índice de referencia. Es decir, los ETFs inversos suben cuando su activo de referencia baja, y viceversa. Es por ello que este tipo de ETFs inversos son usados por algunos operadores con tal de obtener retornos positivos en entornos negativos de mercado.

Pongamos un ejemplo simple. Si tú compras un ETF inverso sobre el S&P 500, tú esperarías obtener el rendimiento inverso a lo que haga el S&P 500. Si el S&P 500 baja tú ganas y si el S&P 500 sube tú pierdes. Por su parte, si compras un ETF doble inverso sobre el S&P 500, si el índice baja tú ganas el doble de lo que el índice ha bajado y si el S&P 500 sube, tú pierdes el doble de lo que el índice ha subido.

Es aquí donde viene el problema y la principal “laguna” de los ETFs inversos, lo comentado anteriormente es verdad, pero solo en un día. Estos ETFs tienen la misión de producir el retorno inverso con referencia diaria, por lo que son rebalanceados diariamente.

Comparemos el comportamiento a largo plazo de un ETF normal del S&P 500 (línea azul) con respecto a un ETF inverso (línea amarilla) y un doble inverso (línea roja) del mismo índice.

El gráfico que podéis ver sobre estas líneas muestra que los ETFs inversos tienden a caer casi todo el tiempo, a excepción de periodos muy extremos, los ETFs inversos tienden a tener retornos negativos.

Si quieres obtener el rendimiento inverso en un día, los ETFs inversos cumplen el objetivo casi de forma perfecta, pero si estás buscando posiciones a semanas vista o incluso a meses vista, los ETFs inversos no seguirán una réplica tan exacta como esperas.

Vamos con una explicación simple que seguro os ayuda a entender lo que sucede. Empezamos con un índice a 100. El primer día, el índice cae un 10%. Ahora el índice está en 90, el ETF inverso está en 110 y el doble inverso en 120.

Al día siguiente, el índice vuelve a 100, ganando un 11% (subir de 90 a 100 es un incremento del 11%). ¿Esperarías que los ETFs inversos volvieran al punto de partida? El ETF inverso perdería un 11% desde 110, bajando hasta los 97,8 puntos. El ETF doble inverso perdería un 22% de 120, bajando hasta los 93,3 puntos.

Repetimos este movimiento hasta el infinito, y obtenemos lo que podéis ver en la siguiente imagen.

El índice de referencia se mueve con vaivenes que lo dejan sin cambios, subiendo un poco, bajando un poco, pero termina sin cambios. En estas circunstancias el ETF inverso se va depreciando progresivamente, mientras que el doble inverso se deprecia todavía más rápidamente.

Esta es una circunstancia que en mi opinión no ha sido explicada (hasta ahora) como merece a los inversores de este tipo de productos. Los ETFS inversos son un buen ejemplo de un activo “complejo” que puede causar pérdidas a los inversores que no estén familiarizados con la estructura de los derivados.

Como decía, los ETFs en sí son una gran idea, pero hay que ir con cuidado porque algunos de ellos podrían no ser lo que a priori “parecen”.

Recuerda que en  mi libro “El código de Wall Street” explico todos los detalles de mi metodología de inversión.


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