Los inversores profesionales europeos prevén aumentar su exposición a ETFs de gestión activa. La búsqueda de resiliencia, diversificación y rentabilidad superior está ampliando el papel de estos vehículos más allá de la asignación táctica
Los ETFs de gestión activa están dejando de ocupar una posición secundaria para convertirse en una herramienta cada vez más relevante en la construcción de carteras. Una encuesta de Fidelity International entre inversores profesionales europeos muestra que la asignación media a ETFs activos que no replican índices podría pasar del 10% actual a cerca del 15% durante los próximos 18 meses.
El cambio responde a un entorno de inversión en el que coinciden varias preocupaciones. La incertidumbre geopolítica sigue alimentando la volatilidad, mientras que las valoraciones elevadas y la concentración de los mercados plantean dudas sobre la capacidad de las exposiciones tradicionales para ofrecer una diversificación suficiente. En este contexto, los inversores buscan soluciones que no se limiten a reproducir lo que ya existe en un índice, sino que permitan ajustar la exposición y aprovechar oportunidades concretas.
Los resultados de la encuesta reflejan esa evolución. El 58% de los participantes considera que el aumento del riesgo de concentración hace que los ETFs activos resulten más atractivos que los ETFs tradicionales ligados a índices. El 28% ya los utiliza como inversión estratégica o componente fundamental de la cartera, y el 59% espera que desempeñen un papel considerablemente mayor en las carteras de los clientes durante los próximos cinco años.
Más soluciones para objetivos distintos
El crecimiento de la demanda ha venido acompañado de una oferta más amplia. Ya no se trata únicamente de elegir entre gestión pasiva y gestión activa. Dentro del universo de ETFs activos existen enfoques distintos, diseñados para responder a necesidades específicas de cartera.
Algunas estrategias se orientan a resultados y buscan amortiguar el riesgo de mercado, por ejemplo mediante derivados que pueden limitar las caídas o generar rentas adicionales. Otras adoptan posiciones de mayor convicción para alejarse de mercados muy concentrados o de segmentos cuyas valoraciones parecen exigentes.
La encuesta también muestra diferencias en el grado de libertad que desean los inversores. Casi una cuarta parte, el 24%, está aumentando su asignación a ETFs activos discrecionales y agnósticos respecto al índice de referencia. Por otro lado, el 28% está ampliando su exposición a estrategias que mantienen una relación más estrecha con un índice, pero permiten un tracking error de entre 2 y 4 puntos porcentuales para expresar convicciones en valores concretos.
La demanda de innovación sigue siendo elevada. La mitad de los encuestados querría disponer de más ETFs activos de alta convicción conscientes del índice de referencia, mientras que una cuarta parte reclama una oferta mayor de estrategias independientes de los índices.
De la exposición táctica a la búsqueda de alfa
Durante años, muchos inversores utilizaron los ETFs principalmente para obtener una exposición rápida y eficiente a un mercado. Cada vez se emplean más como fuente potencial de alfa y como instrumento para resolver necesidades concretas: protección frente a caídas, diversificación, generación de rentas o participación en oportunidades que un índice puede no reflejar adecuadamente.
Esta evolución eleva la importancia de la selección de valores. Cuanto más pretende diferenciarse una estrategia de su índice de referencia, mayor es la influencia de las decisiones sobre qué empresas incluir, qué posiciones evitar y con qué peso incorporarlas. No basta con ofrecer acceso a un segmento del mercado. Para aspirar a una rentabilidad superior, el ETF necesita un proceso de inversión capaz de identificar señales relevantes y convertirlas en posiciones de cartera.
Por eso, el potencial de rentabilidad superior aparece como el resultado más buscado por los inversores al seleccionar un ETF activo. El coste y la liquidez siguen siendo factores decisivos, pero el criterio de evaluación cambia. En un ETF pasivo, una desviación reducida frente al índice suele interpretarse como una señal de eficacia. En un ETF activo, cierta desviación es precisamente el mecanismo que permite expresar convicciones y tratar de mejorar el resultado.
Por qué hace falta una visión prospectiva
Replicar un índice significa, por definición, mantener una exposición vinculada a la composición del propio índice. Esto puede reforzar riesgos que los inversores desean controlar, especialmente cuando una parte elevada del mercado se concentra en pocas compañías o cuando las cotizaciones reflejan expectativas muy exigentes. Además, los índices reaccionan a la información disponible, pero no incorporan necesariamente una evaluación fundamental de cómo pueden evolucionar las empresas, los sectores o las economías.
La gestión activa necesita, por tanto, señales con visión de futuro. Los ETFs activos de Fidelity se apoyan en las perspectivas de su equipo global de análisis para incorporar información fundamental al proceso de inversión. Los analistas no se limitan a reunirse con las compañías que cubren. También contrastan lo que comunica la dirección con las opiniones de competidores, proveedores, clientes y otros participantes del sector. Esa comparación ayuda a construir una visión más completa de lo que está ocurriendo y de cómo podría cambiar.
El valor de este enfoque se aprecia especialmente cuando el mercado reacciona con rapidez a un relato dominante. A comienzos de 2026, por ejemplo, varias compañías de software como servicio sufrieron fuertes ventas ante el temor de que la IA agéntica desplazara sus modelos de negocio. El equipo de análisis de Fidelity consideró que el ajuste había ido demasiado lejos y que los actores tradicionales conservaban ventajas fundamentales. En los meses posteriores, la evolución del mercado se acercó a esa lectura.
Las opiniones no son estáticas. Se revisan a medida que cambian los datos, las condiciones competitivas y las perspectivas empresariales.
Análisis fundamental, tecnología y supervisión humana
Las señales de compra y venta generadas por los analistas pueden integrarse de forma sistemática en la construcción de un ETF. La sistematización permite aplicar el proceso a un universo amplio de oportunidades, mantener una disciplina coherente y controlar las características de la cartera. Al mismo tiempo, la supervisión humana da al gestor capacidad para interpretar las señales y desplegar la estrategia dentro de sus parámetros de riesgo.
La tecnología amplía todavía más el alcance del análisis. Las herramientas de inteligencia artificial pueden examinar grandes volúmenes de información histórica e identificar relaciones que serían difíciles de detectar manualmente. Fidelity cuenta con más de 30 años de historial de análisis propio y añade alrededor de 1.000 notas nuevas cada semana. Este conjunto de información puede utilizarse para buscar patrones, contrastar hipótesis y enriquecer el proceso de selección.
La aportación del análisis va, por tanto, mucho más allá de asignar una recomendación de compra o venta. Su utilidad reside en combinar conocimiento sectorial, datos fundamentales, perspectivas empresariales y herramientas cuantitativas para comprender qué factores pueden impulsar las rentabilidades futuras. La tecnología puede organizar y relacionar la información; el criterio humano sigue siendo esencial para valorar su significado y aplicarla de forma responsable.
Una nueva etapa para los ETFs
La combinación de innovación en productos, análisis fundamental y nuevas técnicas de construcción está ensanchando el papel de los ETFs. En un entorno marcado por la incertidumbre geopolítica, la concentración del mercado y unas valoraciones exigentes, los inversores quieren algo más que exposición. Buscan soluciones capaces de aportar resiliencia y, al mismo tiempo, participar en las oportunidades de crecimiento.
Los ETFs activos responden a esa necesidad con distintos grados de libertad y convicción. Unas estrategias se mantienen próximas a un índice; otras aceptan desviaciones mayores o prescinden por completo de una referencia. La elección depende del objetivo de la cartera, pero en todos los casos la calidad del motor de inversión es determinante.
La cuestión central ya no es únicamente cuánto cuesta un ETF o con qué precisión sigue un índice. También importa qué información utiliza, cómo convierte esa información en posiciones y qué controles aplica para gestionar el riesgo. A medida que los ETFs activos ganan presencia, la atención se desplaza del simple acceso al mercado hacia una pregunta más exigente: qué impulsa realmente las rentabilidades y cómo puede aprovecharse de forma sistemática y prospectiva.
Fidelity: apostar por la inversión activa
Tribuna elaborada por Stefan Kuhn, responsable de distribución de ETFs para EMEA en Fidelity International
Este contenido puede ser catalogado como material de marketing. No constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos y rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.
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