Dividendos de activos reales que aguantan mejor la inflación y los tipos altos

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Con la inflación resistiendo por encima del objetivo del 2% y los bancos centrales moviendo tipos otra vez, muchos inversores se preguntan cómo construir una cartera que aguante mejor este entorno sin renunciar a cobrar rentas periódicas. ¿Pueden los activos reales ser una respuesta? ¿Qué papel juegan hoy las infraestructuras frente a un bono americano al 5%?

En una nueva edición de Finect Focus, Nieves Picallo, Relationship Manager en BNY Investments, repasa junto a Vicente Varó por qué los activos reales pueden funcionar como protección frente a la inflación, dónde están hoy encontrando oportunidades y cómo encaja la infraestructura cotizada dentro de una cartera diversificada.

Por qué los activos reales ayudan a resistir la inflación

Picallo arranca con una idea sencilla: los activos reales tienen ingresos ligados de una u otra forma a la inflación, y además son tangibles. "Son las autopistas o los puertos, son las torres de telecomunicación. Y lo importante que tiene estos activos reales es que además son esenciales", explica. Esa combinación —marco regulatorio por detrás, contratos a largo plazo y mecanismos de indexación— es lo que permite trasladar la subida de precios a los ingresos de la compañía.

Pone ejemplos concretos. En una concesión de autopista, la actualización de tarifas suele estar fijada en el propio marco regulatorio y se revisa de forma anual, sin depender de la voluntad de la empresa. En torres de telecomunicaciones, los contratos con las operadoras incluyen mecanismos de actualización fijos o variables. Y en utilities eléctricas, el regulador reconoce un beneficio basado en costes y reinversión.

"Todo esto, además, viene acompañado de una demanda porque son activos esenciales, inelástica. Entonces va directamente a los ingresos de la compañía y nos permite tener esa protección a la inflación de una manera directa", resume.

Sobre si la inflación va a seguir alta, su lectura es que el 2% ha pasado de ser un objetivo a comportarse como un suelo. "Estamos en un contexto más inflacionario. El contexto macro es completamente diferente del que teníamos en los años 2010", apunta, señalando factores como las tensiones geopolíticas, la fragmentación en cadenas de suministro, Rusia-Ucrania, Irán o los aranceles de Trump como fuerzas que seguirán empujando los precios de forma recurrente.

La pregunta aparece sola cuando el bono americano a largo plazo ofrece cupones ya por encima del 5%. Picallo reconoce que es una alternativa, pero marca la diferencia: "Sería un cupón estable del 5%. Si las inflaciones siguiesen al alza, ese 5% se podría deteriorar, ya no sería un activo real que protege, tendrías una reacción".

Frente a eso, la infraestructura cotizada ofrece un dividendo que sí se actualiza con la inflación y una revalorización del negocio subyacente a largo plazo. Su conclusión es que no se trata de elegir entre uno y otro, sino de combinarlos en función del objetivo de cada cartera.

Un objetivo de rentabilidad por dividendo del 6%

Charlando ya más concretamente sobre el BNY Mellon Global Infrastructure Income, su estrategia tiene una filosofía clara: superar la rentabilidad por dividendo del mercado de renta variable global y también la del propio mercado de infraestructuras. Históricamente la cifra se ha movido por encima del 6%, aunque en el momento actual se sitúa en torno al 5%. "Si no hay oportunidades que encontramos, pues tenemos que bajar un poco la yield para conseguir esa revalorización, sí lo haríamos", matiza.

Para que una compañía pueda sostener y hacer crecer su dividendo, Picallo busca tres características: ingresos estables ligados a demanda inelástica, barreras de entrada que frenen a los competidores y un balance sano. "Para que puedas seguir subiendo esos dividendos tienes que tener unos ingresos estables, tienes que ser un activo esencial", explica.

La cartera combina infraestructura tradicional —transportes, utilities, energía— con lo que denominan infraestructura social. El mayor peso lo tiene utilities, con alrededor del 45%, un sector donde ven revalorización y una demanda estructural creciente desde varios frentes. Le sigue energía con un 21-22%, con foco en gaseoductos con contratos a largo plazo.

El tercer bloque, con cerca del 14%, es inmobiliario, con especial atención a las residencias de tercera edad en Estados Unidos. "Son negocios muy estables, en los que estamos viendo muchísimo crecimiento y que tienen unas rentas muy estables", señala.

La exposición indirecta a la inteligencia artificial

Una de las preguntas más repetidas estos meses es por qué no incluir centros de datos en una cartera de infraestructuras. Picallo lo explica sin rodeos: no cumplen con las características que ellos exigen. "Un centro de datos no está regulado. Tú puedes hacer un centro de datos donde te apetezca", afirma. La competencia creciente y la falta de barreras de entrada les llevan a quedarse fuera.

Eso no significa dar la espalda a la IA. Al contrario: calculan que la materialidad del fondo a la inteligencia artificial se mueve entre el 75% y el 80%, pero por la vía indirecta de las utilities, el gas y la electrificación. "Los centros de datos se espera que necesiten siete veces más energía los de inteligencia artificial que los que teníamos anteriormente", recuerda. La apuesta es aprovechar el consumo energético que exige la IA sin asumir el riesgo competitivo del centro de datos como tal.

La cartera concentra el grueso de sus posiciones en mercados desarrollados. La razón es la estabilidad del marco regulatorio frente a la mayor volatilidad regulatoria de los emergentes. Para mitigar el riesgo de que un gobierno cambie las reglas, Picallo trabaja con tres filtros: buscar entornos regulatorios estables y con reguladores independientes, diversificar por país y por sector, y centrarse en activos que el propio regulador necesita que funcionen.

"Tienes una alineación de intereses, que es lo que nos ayuda a mitigar y a gestionar ese riesgo regulatorio", explica. La lógica es que si el país necesita que una red eléctrica o una red de fibra óptica funcionen, el regulador no puede ahogar los beneficios hasta el punto de frenar la inversión.

A todo ello se suma una tendencia que juega a favor del sector: el nearshoring. Acercar las fábricas a casa obliga a reforzar puertos, autopistas y capacidad eléctrica. "La infraestructura es necesaria para que funcione la economía, pero también es esencial para que funcione el país", apunta.

Un activo híbrido entre renta variable y renta fija

Picallo cierra posicionando la infraestructura cotizada dentro de una cartera. La describe como un activo híbrido: correlacionado con renta variable pero más defensivo, y parecido a la renta fija en que paga una renta periódica, con la diferencia de que esa renta se actualiza en lugar de quedarse fija. "Es un activo que nos parece que complementa muy bien la renta variable y la renta fija, que descorrelaciona de ambos y que tiene ese enfoque híbrido para formar parte de las carteras", resume.

En términos de valoración, el fondo cotiza en torno a 17 veces beneficios frente a las 21 veces del mercado, y ofrece una rentabilidad por dividendo bruta cercana al 5% frente al 3,5% del índice global.

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Este contenido puede ser catalogado como material de marketing. No constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos y rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.


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