¿Hasta cuándo durará el rally en bolsa? Queda gasolina hasta 2027 y la clave está en los beneficios, según expertos

¿Hasta cuándo durará el rally en bolsa? Queda gasolina hasta 2027 y la clave está en los beneficios, según expertos

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Con más del 90% de las compañías del S&P 500 ya publicadas, el beneficio por acción del índice crece un 30% interanual en el segundo trimestre de 2026. Es un 4% por encima de las previsiones más optimistas y casi el doble del avance del 18% que registró el primer trimestre. En Europa, el Stoxx 600 apunta a un crecimiento del 23%, el mejor desde mediados de 2022.

Sobre esa base, varias gestoras han salido en estos días en algunos análisis con el mismo mensaje: el rally bursátil tiene combustible para rato, y lo tiene por una razón concreta. No lo están sosteniendo las valoraciones, sino las cuentas de resultados.

Pero hay un matiz en los datos que conviene mirar de cerca antes de dar la tesis por buena, y tiene que ver con de dónde salen exactamente esos beneficios.

La tesis: beneficios, no múltiplos

Loomis Sayles, gestora afiliada de Natixis Investment Managers, espera que la subida de la renta variable mundial se prolongue hasta finales de año y durante 2027. Su argumento se apoya en una distinción que importa: lo que ha movido las bolsas hasta ahora ha sido "el crecimiento de los beneficios, más que la expansión de los múltiplos de valoración", y la gestora considera probable que esa dinámica continúe.

Y es que cuando un mercado sube porque los inversores están dispuestos a pagar más por cada euro de beneficio, la subida depende del ánimo colectivo y puede revertirse deprisa. Pero cuando sube porque las empresas ganan más dinero, el suelo es distinto.

Los datos de valoración respaldan esa lectura. Según el análisis mensual de Edmond de Rothschild, la ratio precio-beneficio a doce meses del S&P 500 se sitúa en 20 veces, por debajo de las 22 veces de comienzos de año y cerca de su media de la última década (19 veces). El Stoxx 600 cotiza a 15 veces, frente a su media de 14,5. Es decir: los índices están en máximos, pero los múltiplos han bajado, porque los beneficios han corrido más que las cotizaciones.

Desde Capital Group, el gestor de renta variable Rob Lovelace lo sintetiza al analizar las perspectivas del mercado: "El factor clave es el respaldo que ofrecen los sólidos beneficios empresariales". Añade que ese crecimiento lleva tres años siendo visible y que no da señales de agotarse.

"Cuando analizo las perspectivas del mercado, el factor clave es el respaldo que ofrecen los sólidos beneficios empresariales", señala el gestor de renta variable Rob Lovelace. "Este crecimiento ha resultado evidente en estos tres últimos años, y no parece estar perdiendo fuelle". Y para muestra, un gráfico de previsiones de beneficios para este 2026 que muestran en un reciente análisis en su grupo en Finect.

La gestora Neuberger Berman llega a la misma conclusión con una formulación casi idéntica en sus perspectivas de renta variable para el tercer trimestre: el mercado seguirá repuntando impulsado por el aumento generalizado de los beneficios, y no por la expansión de los múltiplos.

Su analista Amr Hanafy añade el matiz que las otras dos casas no incorporan de forma tan explícita: la subida podría ser bastante más accidentada a medida que aumente el riesgo. "Creemos que el mercado seguirá repuntando (impulsado por el aumento generalizado de los beneficios, y no por la expansión de los múltiplos), aunque la
subida podría ser más accidentada a medida que aumente el riesgo", avisa.

Ya no son solo siete valores

Uno de los reproches habituales al rally de los últimos años ha sido su estrechez: unos pocos gigantes tecnológicos tirando de todo el índice. Los datos de agosto apuntan a que eso está cambiando.

Alrededor del 75% de las empresas del S&P 500 acumulan una evolución positiva en agosto, frente a menos del 60% en julio. Desde finales de junio, la mitad de los componentes del índice ha batido al propio índice, cuando en el segundo trimestre solo lo lograba el 30%. Y la rentabilidad media de los valores que lo integran supera el 6% en agosto, por encima del 3,9% que sube el índice.

El indicador más visible de esa ampliación está en las compañías pequeñas. El Russell 2000 acumula una revalorización superior al 23% en el año, frente al 13% del S&P 500. Después de varios ejercicios de comportamiento discreto, las small y midcaps estadounidenses han vuelto a la fotografía.

El detalle incómodo: la energía no solo es un lastre

Aquí es donde la tesis se complica. El relato dominante presenta unos beneficios que aguantan pese al encarecimiento de la energía derivado del conflicto en Oriente Medio. Los números sectoriales cuentan algo distinto.

El sector energético del S&P 500 registró en el segundo trimestre un crecimiento del beneficio por acción del 148%, impulsado por la subida del crudo y por la ampliación de los márgenes de refino. Es, con diferencia, el mayor avance de todos los sectores, muy por encima del 72% de la tecnología. Y en Europa, los sectores financiero y energético siguen siendo los dos principales motores del crecimiento de beneficios del Stoxx 600.

Dicho de otro modo: parte del combustible que sostiene el rally viene precisamente del shock energético, no a pesar de él. Capital Group lo ilustra con casos concretos, señalando el notable aumento de beneficios de compañías como ExxonMobil, Shell o TotalEnergies gracias al encarecimiento del petróleo derivado del conflicto con Irán.

Eso convierte el escenario en más frágil de lo que sugiere el titular. Una normalización de los precios del crudo aliviaría la inflación y el bolsillo del consumidor, pero se llevaría por delante buena parte de esa contribución a los beneficios agregados.

Neuberger aporta la otra mitad de la explicación: por qué la economía estadounidense ha encajado el cierre del estrecho de Ormuz sin descarrilar. Señala tres amortiguadores. La contratación se ha ampliado en siete de los últimos ocho meses, las existencias del sector manufacturero han limitado los cuellos de botella, y las reservas nacionales de crudo y gasolina han aliviado la presión sobre el consumidor.

EDMOND DE ROTHSCHILD · AGOSTO 2026

Quién aporta de verdad: crecimiento del BPA por sector en el S&P 500 (2T 2026)

Crecimiento interanual del beneficio por acción en el segundo trimestre de 2026. Fuente: Monthly CIO View de Edmond de Rothschild, agosto de 2026.

No todo es IA... pero una buena parte es IA

El otro reduccionismo habitual consiste en atribuir el ciclo completo de beneficios al gasto en inteligencia artificial. Y sí, la IA pesa, y mucho: los valores vinculados a ella crecieron su beneficio por acción un 28% de mediana en el trimestre, frente al 12% del resto de compañías.

Capital Group aporta contraejemplos que salen de ese perímetro. En el sector sanitario, las ventas de Eli Lilly aumentaron un 56% en el primer trimestre, hasta los 19.800 millones de dólares, gracias a la demanda de sus fármacos para la diabetes y la pérdida de peso. Y Apple presentó cifras sólidas en abril por un motivo ajeno a la IA: el tirón de las ventas del iPhone 17.

De cara a lo que viene, la previsión más llamativa está en los mercados emergentes, donde el consenso apunta a un crecimiento agregado de beneficios del 49,2% en 2026, en buena medida por el impacto del auge de la IA en fabricantes de semiconductores como TSMC, Samsung o SK Hynix.

La excepción del trimestre fue el sector sanitario en su conjunto, único con contracción de beneficios en el S&P 500, con una caída del BPA del 7%.

Dicho lo cual, el peso de la IA en el conjunto de la economía es difícil de exagerar. Según los cálculos de Neuberger, la inversión en capital fijo vinculada a la inteligencia artificial, que incluye equipos, software e infraestructura de centros de datos, ha aportado la mitad del crecimiento del PIB estadounidense de los últimos doce meses. La gestora describe el momento como un superciclo de inversión que debería extenderse al resto de la economía por el efecto multiplicador del gasto en infraestructuras.

Dos lecturas opuestas del mismo bono

Si algo amenaza este escenario, las propias gestoras que lo defienden apuntan a los tipos de interés. Lo interesante es que discrepan sobre qué significa exactamente lo que está pasando en el mercado de deuda, y de esa discrepancia depende buena parte de la tesis.

El contexto es común a las dos. Hace unos días el Tesoro estadounidense colocó bonos a diez años con una rentabilidad del 4,68%, el nivel más elevado en veinticinco años, y el bono a treinta años se mueve por encima del 5,20%, máximos desde 2007.

Nicolas Bickel, director de Inversiones de banca privada y CIO en Edmond de Rothschild, lo lee como una señal de alarma. Para su gestora, esas rentabilidades responden hoy más a las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública que a la propia inflación. Y avisa de que unos tipos persistentemente altos podrían tener "un impacto más significativo sobre los resultados empresariales que la propia inflación", hasta el punto de marcar el punto culminante del actual superciclo inversor vinculado a la IA.

Neuberger sostiene lo contrario. Su análisis desmenuza de dónde viene la subida y concluye que, desde octubre de 2025, ha estado impulsada íntegramente por los rendimientos reales, mientras las expectativas de inflación del mercado se mantenían contenidas. Su interpretación es que el mercado está descontando "un mayor coste real del capital, no un problema de inflación", una normalización hacia un crecimiento nominal más alto en lugar de una advertencia.

La diferencia importa para un inversor. Si Bickel tiene razón, la subida de los tipos es el mecanismo que puede frenar el ciclo de beneficios. Si la tiene Neuberger, es la consecuencia de que ese ciclo sea sólido.

Lo que ninguna de las dos discute es la factura. Los grandes proveedores de servicios en la nube han emitido más de 240.000 millones de dólares en deuda desde comienzos de año, frente a los 105.000 millones de todo 2025. Ese volumen supone cerca del 30% del total de emisiones con grado de inversión, cuando en 2025 no llegaba al 5% y en 2024 apenas rozaba el 2%. El gasto que sostiene los beneficios se está financiando cada vez más caro.

La Fed, la otra gran incógnita

Loomis Sayles por su parte espera que la Reserva Federal mantenga los tipos sin cambios durante el resto del año, y sigue pensando que su próximo movimiento será un recorte. Neuberger coincide en el escenario de tipos planos en 2026, y subraya que el mercado descuenta justo lo contrario: dos subidas. Su argumento es que los precios actuales reflejan la inquietud por la inflación a corto plazo derivada de la energía, cuando el indicador que consideran más revelador, el IPC inercial, sigue anclado en torno al 3%.

Esa brecha se ve en el propio mercado. Neuberger observa que los múltiplos bursátiles y las expectativas de política monetaria se han separado en las últimas semanas, señal de que los inversores en renta variable no se creen que la Fed vaya a endurecer tanto como indican los tipos.

El mercado ha ido moviéndose en esa dirección: a 18 de agosto, la probabilidad asignada a una subida en la reunión del 16 de septiembre había retrocedido hasta el 35%, después de que la inflación estadounidense diera señales de moderación, con la subyacente en el 2,5%, su nivel más bajo desde 2021.

Los indicadores de actividad envían mensajes menos alineados. Las ventas minoristas cayeron un 0,6% en julio, la primera caída en seis meses, y el informe de empleo del mismo mes reflejó una destrucción neta de 23.000 puestos de trabajo, con revisiones a la baja de los dos meses anteriores. Edmond de Rothschild atribuye buena parte de ese movimiento a la normalización tras el pico de contratación vinculado a los preparativos del Mundial de fútbol.

Qué vigilar de aquí a final de año

Las gestoras coinciden en que el foco se desplazará en los próximos meses desde lo microeconómico, que ha dominado la temporada de resultados, hacia lo macro: tipos de interés, geopolítica y precios de la energía.

Sobre esa última pata, el alto el fuego de sesenta días firmado en junio entre Irán y Estados Unidos expiró el lunes pasado, con la reapertura plena del estrecho de Ormuz todavía sin resolver. Loomis Sayles identifica ahí, junto al mar Rojo, su principal riesgo transversal. Las bolsas, de momento, han ignorado por completo ese frente, aunque los mercados monetarios y de renta fija sí lo han recogido.

El otro elemento a seguir es el margen de error. Con el S&P 500 acumulando 28 máximos históricos en lo que va de 2026, las expectativas de los inversores están altas, y las compañías que no baten previsiones han sido castigadas con dureza en trimestres anteriores. Eso deja poco espacio para decepciones en la próxima campaña de resultados, y encaja con lo que anticipan las gestoras: un mercado que sigue subiendo, sí, pero con el viaje bastante más movido.

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