Vídeo - "La amenaza rusa no son solo tanques, Europa no está lista" | Extra Time Finect con Alberto Bueno
¿Está Europa preparada para un mundo en el que ya no puede confiar plenamente en Estados Unidos para su defensa? ¿Cuál es el verdadero estado de las capacidades militares europeas y qué amenaza representa Rusia hoy? ¿Y cómo puede un inversor posicionarse ante el mayor ciclo de rearme que ha vivido el continente en décadas?
Alberto Bueno, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Granada y experto en defensa y seguridad nacional, analiza el nuevo escenario estratégico en una nueva entrega de Extra Time Finect, las entrevistas en profundidad conducidas por Vicente Varó y que hacemos en colaboración con N26 y, en esta ocasión, también junto a BNP Paribas Asset Management y su ETF BNP Paribas Easy Bloomberg Europe Defence, que replica el Bloomberg Europe Defense Select NR Index e invierte en las principales compañías europeas del sector defensa.
Ante este cambio de rumbo que está viviendo Europa, ya se pueden encontrar productos para invertir en la defensa de la región. Pero no todo vale, lo importante es hacerlo bien. Entre las opciones encontramos el BNP Paribas Easy Bloomberg Europe Defense, un ETF y fondo índice que invierte en las principales compañías europeas del sector, y que no lo hace con una visión cortoplacista, sino estructural.
Porque pocas ideas de inversión reúnen ahora mismo un arsenal de argumentos tan favorable: visibilidad presupuestaria para varios años, apoyo político transversal, contratos de largo plazo y necesidad creciente de reforzar las capacidades estratégicas de Europa.
El fin de un paradigma: cuando la interdependencia económica ya no garantiza la paz
Durante décadas, la lógica dominante en Occidente fue que estrechar los lazos comerciales y económicos entre países haría la guerra cada vez menos probable. Alemania lo aplicó con convicción en su relación con Rusia: más gas, más comercio, más garantías de estabilidad. "La premisa se ha demostrado falsa totalmente", señala Bueno. Lo que funcionaba como un win-win se convirtió en un instrumento de presión, y Europa tardó demasiado en verlo.
La invasión de Ucrania en 2022 fue el punto de inflexión que muchos analistas y líderes políticos —incluso con las evidencias encima de la mesa— no quisieron anticipar. "Pese a todas las evidencias que teníamos en los últimos seis meses, negar la mayor, decir que esto no va a pasar porque a quién le interesa esto", recuerda Bueno, que apunta a los sesgos en el análisis como una de las principales causas del shock. Y advierte que, como sociedad, todavía seguimos arrastrando ese error de percepción.
La amenaza rusa: no son tanques en Berlín, sino cohesión atacada desde dentro
Una de las ideas más importantes de la conversación es que la amenaza de Rusia no tiene la forma que muchos imaginan. No se trata de una invasión territorial masiva al estilo de la Segunda Guerra Mundial. "La amenaza rusa en este momento no se mueve en ese ámbito. No es una amenaza de conquista. Se mueve dentro de lo que se denomina la zona gris", explica.
Drones sobre espacios aéreos de países bálticos, interferencias en comunicaciones, ataques a cables submarinos, manipulación de la información. El objetivo no es conquistar territorio, sino erosionar lo que Bueno identifica como el núcleo de la arquitectura de seguridad occidental: la cohesión. "Lo que trata de tocar es una pieza clave en la arquitectura de seguridad occidental, que es la cohesión, la unidad. Que si se produce algo, un pequeño incidente, no todos respondamos a una", apunta.
Esto explica la brecha de percepciones que existe dentro de Europa. Los países bálticos, Finlandia o Polonia ven la amenaza con una claridad que no se percibe en el sur del continente. En Vilna, capital de un Estado miembro de la UE, el gabinete de gobierno y los colegios de primaria tienen ya protocolos de seguridad para cuando entra un dron. En España, ese escenario todavía parece lejano. "No lo vemos así", reconoce Bueno.
Estados Unidos: la peor situación no es la desconfianza, sino la ambigüedad
Sobre el papel de Estados Unidos, Bueno lanza una idea que incomoda: lo que más debilita a Europa no es saber que no puede contar con Washington, sino no saberlo. "Creo que es peor porque es ambiguo. Quiero decir, que no lo sabemos y eso nos sitúa... cuando tienes una respuesta te permite actuar en consecuencia", explica.
La ambigüedad estratégica de la Administración Trump —que retira tropas de un país pero las aumenta en otro, que amenaza políticamente sin cortar la cooperación militar operativa— crea un estado de incertidumbre que paraliza la toma de decisiones. Mientras haya países europeos que confíen en que Estados Unidos seguirá siendo su garante último, la urgencia de invertir en capacidades propias se diluye. "Esa ambigüedad en estos momentos abre una ventana de vulnerabilidad aún mayor", concluye.
El rearme europeo: ¿avance real o reacción tarde?
Bueno es cauteladamente optimista sobre el proceso en marcha. Reconoce que algunos tabúes han saltado —entre ellos, la relajación de los mecanismos de déficit para financiar gasto en defensa— y que el cambio de mentalidad en países clave como Alemania es positivo. "El que el marco mental haya cambiado es positivo", afirma.
Pero también señala las limitaciones estructurales. Europa tiene 17 modelos de carros de combate frente al modelo único de Estados Unidos. Las lógicas nacionales siguen primando sobre los proyectos comunes. Y la inversión llega tarde, de forma reactiva y con urgencias que a veces generan más gasto que estrategia. El reto real, dice, no está en los tanques ni las fragatas, sino en los capacitadores tecnológicos críticos: inteligencia, satélites, ciberseguridad, defensa antiaérea. "Seguramente lo estén en lo tecnológico, y el coste de situarnos a la vanguardia en ese escenario es enorme", apunta.
En cuanto a si habría que volver al servicio militar obligatorio, su posición es matizada: antes de llegar a ese debate, hay preguntas más básicas que responder. Para qué exactamente, con qué capacidades, bajo qué modelo de reserva. Y hay una dimensión social que no se puede ignorar: "La juventud española ve que el contrato social no termina de funcionar. ¿Cuál sería el precio de que los jóvenes además vayan a ser los que hagan este servicio por la patria?", reflexiona.
Inteligencia artificial y defensa: el humano ya no siempre está en el ciclo
Uno de los bloques más llamativos de la conversación es el dedicado a la inteligencia artificial en el contexto militar. Según los informes en abierto sobre la ofensiva israelí en Gaza, el proceso de designación de objetivos ha llegado a funcionar sin intervención humana directa en la decisión de ataque. "Se ha dejado que sean las máquinas, la inteligencia artificial, quienes identifiquen cuál es el target, quien haga el análisis de situación y quien dé la orden. Sin humanos. Esto es lo que tenemos", afirma Bueno.
La consecuencia es un dilema estratégico: si un adversario externaliza completamente el ciclo de decisión a una máquina, y tú mantienes al humano en ese ciclo, estás comparando segundos con minutos. El incentivo para eliminar al humano del proceso es enorme. "Hace dos años, la doctrina compartida en la OTAN era: el humano siempre ha de estar ahí. En estos momentos los análisis son: ¿hasta dónde tiene que estar el humano?", señala. En apenas dos años, el debate ha pasado de un principio absoluto a una cuestión de grado.
La inversión en defensa: un cambio de ciclo que va más allá de los presupuestos
En el terreno de la inversión, el cambio ha sido radical. Empresas que nunca habían trabajado en defensa están abriendo líneas de negocio vinculadas al sector. Comunidades autónomas históricamente reticentes —como Cataluña— compiten ahora por atraer estos proyectos. Los principales contratistas del Pentágono ya son Amazon y Google, no Lockheed Martin. Y los valores bursátiles de las grandes empresas europeas del sector han llegado a doblar su capitalización. "Estamos en un escenario totalmente distinto", resume Bueno.
El punto que subraya como más importante, sin embargo, no es cuánto se invierte sino cómo se controla. "Lo que se destine a defensa, lo militar per se, no es un problema. Pero desde una sociedad democrática sí que se debería controlar. Ahí es donde tenemos que poner el foco", advierte.
Después de todo lo que hemos comentado se entiende bien la idea de fondo: la defensa europea ha dejado de ser una partida marginal de los presupuestos para convertirse en una prioridad estratégica. Y eso —más inversión, más industria, más autonomía— es algo que nos acompañará durante décadas, no meses. Pero igual que en defensa no basta con gastar más, sino que hay que hacerlo bien, de forma eficiente y diversificada. El BNP Paribas Easy Bloomberg Europe Defence ETF es un ETF y fondo índice que invierte en las compañías clave en Europa para el desarrollo de toda la cadena que hoy sostiene la defensa moderna.
Este contenido puede ser catalogado como material de marketing. No constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos y rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.
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