¿Por qué cae el precio del oro con la guerra en Irán? ¿Ha dejado de ser refugio?
El oro lleva semanas haciendo lo contrario de lo que se supone que tiene que hacer.
Desde que el 28 de febrero estallara el conflicto en Oriente Próximo —con el primer ataque coordinado entre Washington y Tel Aviv sobre Teherán— el metal precioso ha llegado a perder más de un 22%. De cotizar en torno a los 5.300 dólares la onza el día anterior al inicio de la guerra... a los 4.100 dólares el pasado lunes 23 de marzo.
Pero algo está cambiando. Donald Trump anunció negociaciones con Irán y puso sobre la mesa un plan de paz de 15 puntos. Y el oro ya ha rebotado hasta los 4.550 dólares.
El lunes fue especialmente duro. En pocas horas el oro llegó a cotizar en torno a los 4.100 dólares la onza. En solo seis días, el metal había caído desde los 5.000 dólares. Más de 700 dólares menos por onza. Un 14% de bajada en menos de una semana.
No es solo que el oro esté cayendo fuerte esta semana. Es que la caída es histórica. Un -10,6% en siete días. Hay que remontarse a 1983 para encontrar una semana peor para el metal. Y en 1980 fueron varias seguidas, en plena crisis del precio del petróleo. Lo que está ocurriendo ahora tiene pocos precedentes en más de cuatro décadas.
Y lo curioso es que está pasando justo cuando más lo necesita el inversor como refugio. El contexto: Trump ha dado esta madrugada un ultimátum de 48 horas a Irán para que abra el estrecho de Ormuz. Si no lo hace, amenaza con destruir sus instalaciones energéticas. Irán ha respondido diciendo que si eso ocurre, cierra el estrecho por completo y ataca a sus vecinos árabes. El plazo vence esta noche.
Es decir, que estamos en uno de los momentos de mayor tensión geopolítica en mucho tiempo. Y el oro... baja. Si bien es cierto que ya estaba en niveles históricos (el inversor se acostumbra rápido a los 5.000 dólares por onza, pero hace un año eso era casi una quimera), lo cierto es que puede ser otra razón más básica la que esté detrás.
¿Y por qué cae el oro entonces?
La respuesta corta: que cuando el miedo es grande, la gente vende todo para tener liquidez. No hay activo refugio que valga. Así lo explica esta mañana Juan J. Fdez-Figares, director de Gestión de IICs de Link Gestión, en su comentario diario: "activos tan en principio poco correlacionados como las acciones, los bonos o el oro y la plata han sufrido ventas indiscriminadas por parte de los inversores". Nada está a salvo.
José Manuel Marín Cebrián, economista y fundador de Fortuna SFP, lo explica con una imagen muy clara: "el oro se convierte en el cajero automático de la cartera para cubrir pérdidas". En fases iniciales de estrés financiero, los inversores venden los activos con mayores plusvalías para generar caja. Y el oro, tras un fuerte rally previo, era el activo con más ganancias acumuladas. "No es que el oro deje de ser refugio. Es que primero hay pánico y luego criterio", señala Marín.
Desde Julius Baer coinciden en el diagnóstico. Carsten Menke, responsable de investigación de la gestora suiza, habla de "comportamiento gregario": los operadores, ante el temor a una dura reacción de los bancos centrales y la presión de las ventas forzadas, estaban actuando todos igual y a la vez. "La ausencia de inversores que busquen refugio seguro en el mercado del oro es preocupante", apunta.
Y no es que el conflicto en sí sea lo único que asusta. Lo que de verdad está moviendo los mercados es lo que implica para la inflación y los tipos de interés. Si el petróleo se queda con precio alto, la inflación repunta. Y si la inflación repunta, los bancos centrales tendrán que subir tipos en lugar de bajarlos. El escenario que nadie quería: estanflación.
Marín apunta otro factor: "el foco del mercado se ha desplazado hacia la energía. Las tensiones en el estrecho de Ormuz han impulsado el precio del petróleo y reavivado el riesgo inflacionista, atrayendo flujos hacia activos vinculados a la energía en detrimento del oro. El mensaje implícito es claro: la preocupación dominante no es financiera, sino energética".
Julius Baer lo confirma desde el punto de vista macroeconómico: "el riesgo de estancamiento económico con alta inflación en Europa ha aumentado notablemente", con el BCE revisando sus previsiones de inflación para 2026 al alza y tanto la Fed como el BCE optando por no mover tipos ante la incertidumbre.
¿Y el bitcoin tampoco funciona como refugio?
Pues tampoco está ejerciendo como tal, no. Javier Molina, analista de mercados de eToro, lo dejaba muy claro esta mañana en su análisis semanal: "activos que deberían actuar como refugio, como el oro o incluso Bitcoin, no están respondiendo de forma clara, lo que sugiere que en fases de estrés real las correlaciones tienden a uno".
Que las correlaciones "tienden a uno" significa que en los momentos de pánico todo cae a la vez. Da igual que sea renta variable, renta fija, oro o cripto. Los inversores venden lo que pueden. Y eso es lo que está pasando ahora.
Molina también apunta que "la liquidación de posiciones en activos más sensibles —small caps, emergentes o incluso metales— indica que el desapalancamiento ya está en marcha". Es decir, no estamos solo ante una corrección: hay gente reduciendo riesgo de forma activa.
Entonces llegó el giro. El lunes, a media mañana, Trump anunció que el ejército estadounidense aplazaría los ataques contra infraestructuras energéticas iraníes durante cinco días, y habló de "conversaciones muy buenas y productivas sobre una resolución completa y total de las hostilidades". Luego declaró que Irán deseaba "poner fin" a la guerra.
El petróleo Brent, que había llegado a rozar los 115 dólares, se giró a la baja. Las bolsas europeas, que habían abierto con fuertes caídas, dieron la vuelta. Y el oro empezó a rebotar. Irán negó las conversaciones. Eso moderó el movimiento. Pero el rebote siguió durante el martes y el miércoles.
¿Y qué dicen las gestoras ahora? ¿Hay oportunidad?
Las grandes casas de análisis coinciden: la debilidad táctica del oro no cuestiona su papel estratégico. Bien al contrario. Matthew Michael, analista de materias primas de Schroders, señala que "la elevada liquidez global y las persistentes presiones inflacionistas aumentan el atractivo del oro como reserva tangible de valor". Schroders incluso ha adoptado esta semana una posición larga en materias primas en su cartera multiactivos, con el conflicto de Oriente Medio como telón de fondo.
Julius Baer mantiene una "perspectiva constructiva sobre el oro" a largo plazo. Menke señala que las "sólidas compras de los bancos centrales resultan tranquilizadoras" y que el nivel de 4.150 dólares —donde la demanda física alcanzó récords en el cuarto trimestre de 2025— actúa como soporte técnico clave. Su conclusión: "el mercado necesita tiempo para encontrar su equilibrio, pero la visión a largo plazo no ha cambiado".
Marín, desde Fortuna SFP, va en la misma dirección: "el escenario de medio y largo plazo sigue apoyando su papel estratégico. La combinación de deuda global elevada, compras estructurales por parte de bancos centrales, presiones inflacionistas persistentes y tipos reales potencialmente negativos configura un entorno favorable para el oro". Y lanza un aviso para navegantes: "El oro no está actuando como refugio táctico inmediato en esta fase del ciclo, pero mantiene intacto su papel como activo de protección estructural".
Eso sí, todos avisan de que la volatilidad a corto plazo seguirá siendo alta. Julius Baer recuerda que el acercamiento con Irán "no está confirmado y faltan detalles". Schroders advierte que "los altos niveles actuales de la plata no se consideran sostenibles a largo plazo, mientras que el oro seguirá teniendo una rentabilidad superior".
¿Entonces qué está protegiendo ahora?
El dólar. Durante los peores momentos, ha cumplido su papel de refugio, apreciándose frente al resto de divisas. Marín lo explica: "la relación inversa entre el dólar y el oro sigue siendo determinante. Un dólar más fuerte encarece el oro para los inversores internacionales y presiona su cotización".
"El descenso en los precios de estos metales podría deberse en parte a la continua apreciación del dólar estadounidense, que históricamente ha mostrado una fuerte correlación inversa con los movimientos bruscos en el mercado del oro", destacan también desde XTB.
La clave de lo que pase en los próximos días está en el estrecho de Ormuz. Como apuntaba Fdez-Figares desde Link Gestión: "cualquier nueva noticia sobre potenciales negociaciones entre las partes será muy bien recibida en los mercados, con el precio del petróleo como principal referencia para los inversores".
Al menos a corto plazo. Molina lo resume así: "la cadena es clara: energía, inflación, bancos centrales, liquidez y, finalmente, riesgo. Entender ese orden es lo que permite no perderse en el ruido".
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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.