¿Qué pasa con la deuda de EEUU? El bono a 30 años se dispara hasta máximos no vistos desde 2007
La rentabilidad del bono del Tesoro de Estados Unidos a 30 años se ha disparado hasta el 5,31%, su nivel más alto en 19 años. No se veía una cifra así desde junio de 2007. El movimiento no se queda solo en el tramo largo. El bono a 10 años, referencia para hipotecas y créditos al consumo en EEUU, subió hasta el 4,724%, mientras que el 2 años, el plazo más sensible a las decisiones de la Reserva Federal, avanzó hasta el 4,182%.
La curva por tanto se ha empinado: el mercado no exige más dinero por prestar a corto plazo, sino por comprometerse tres décadas invertido en la deuda de un país que no para de subir.
Lo llamativo es el contexto en el que llega la subida. La semana pasada los datos de inflación al consumo y a la producción salieron benignos, algo que normalmente empuja los rendimientos a largo plazo hacia abajo. Esta vez ocurrió lo contrario: los inversores pidieron los intereses más altos en casi dos décadas para absorber unos 67.000 millones de dólares en deuda estadounidense a largo plazo.
Déficit, emisiones y una factura de inteligencia artificial
La primera explicación es contable. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) elevó la semana pasada su previsión de déficit anual estadounidense hasta los 2,1 billones de dólares, unos 200.000 millones más de lo que calculaba en febrero. Más déficit significa más emisiones de deuda y, para colocarlas, hay que ofrecer al comprador una rentabilidad mayor.
A eso se suma un competidor nuevo por el dinero de los inversores: las grandes tecnológicas están financiando sus centros de datos con emisiones masivas de bonos corporativos, y algunas, como Microsoft, tienen mejor calificación crediticia que el propio Tesoro estadounidense. Ese papel absorbe demanda que antes iba a los Treasuries.
Los analistas restan peso a la inflación en la ecuación y apuntan al déficit, al volumen de emisiones ligadas a la inteligencia artificial y la prima extra que exige el inversor por asumir riesgo de plazo. "El deterioro del perfil fiscal probablemente mantendrá elevados los rendimientos a largo plazo", escribe Anshul Pradhan, responsable de análisis de tipos de EEUU de Barclays Capital, en una nota a clientes recogida por Bloomberg.
El factor Warsh: cuando el silencio de la Fed se paga en tipos
Kevin Warsh asumió la presidencia de la Reserva Federal el pasado 22 de mayo con una idea explícita: reducir la forward guidance, esa práctica de anticipar al mercado hacia dónde piensa moverse el banco central. Sus críticos sostienen que el resultado ha sido una prima de incertidumbre incrustada en la curva de tipos, visible en las expectativas de volatilidad.
"Creemos que la incertidumbre es el factor de mayor peso", señala Mark Cabana, estratega de mercado de bonos de BofA Global Research, en declaraciones a Axios. "Hay literalmente un precio que pagar por la falta de guía en la que Warsh parece tan empeñado. Y ese precio son tipos de interés más altos y un coste mayor para el contribuyente", añade.
Desde Goldman Sachs apuntan en la misma dirección. "La reunión del FOMC de julio dejó al mercado una lectura más turbia sobre cómo la función de reacción de la Fed debería afectar a la curva", escribieron sus analistas la semana pasada. "En particular, la sugerencia del presidente Warsh de que los cambios en los rendimientos de mercado podrían sustituir a la acción de política monetaria hizo que la volatilidad se extendiera también a lo largo de la curva".
Ormuz, el petróleo y una inflación que no se marcha
El tramo largo de la curva es el más sensible a la geopolítica, y la guerra con Irán sigue marcando el precio de la energía. El lunes expiró el memorando de entendimiento entre Washington y Teherán que fijaba un alto el fuego y un plazo de sesenta días para resolver los asuntos pendientes. Irán descartó cualquier prórroga y su nuevo jefe naval declaró el estrecho de Ormuz bajo control iraní.
El resultado inmediato: el barril de West Texas subió un 2,6% hasta cerrar en 84,50 dólares y el Brent avanzó un 2,7% hasta los 90,87 dólares. Con la energía en esos niveles, las expectativas de inflación a un año llevan cinco meses consecutivos por encima del 4%. El mercado asigna ya un 67% de probabilidad a que la Fed mantenga los tipos en septiembre, frente a menos del 50% hace un mes.
Qué se juega el inversor en renta fija
La mecánica es la de siempre y conviene recordarla: cuando la rentabilidad de un bono sube, su precio baja, y cuanto más largo es el plazo, más violento resulta el golpe. Quien tenga fondos de renta fija de larga duración en cartera ha visto caer el valor liquidativo a medida que escalaban los rendimientos. El otro lado de la moneda es que el dinero nuevo entra hoy a unos cupones que hace una década resultaban impensables.
Esa es la razón por la que buena parte de las gestoras internacionales prefiere el tramo intermedio de la curva. PIMCO sitúa el mejor equilibrio entre rendimiento, roll-down y riesgo entre los cinco y los diez años, y pide prudencia en el tramo largo precisamente por la dinámica fiscal. Generali Investments se ha mostrado cauta con los bonos de larga duración en un contexto de mayor inclinación de la curva, en palabras de Fabrizio Viola, gestor sénior de carteras de renta fija de la firma.
El calendario aprieta. Este miércoles la Fed publica las actas de la reunión del 28 y 29 de julio, la que dejó a tres consejeros votando a favor de subir tipos. Y el 28 de agosto Warsh pronuncia su primer discurso como presidente en Jackson Hole, diecinueve días antes de la decisión del 16 de septiembre. Dos citas para medir cuánto de esta prima de incertidumbre se queda instalada en el tramo largo.
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