Los mercados llevan meses resistiendo en máximos pese a la volatilidad geopolítica, la guerra en Irán y una inflación que no termina de desaparecer. Y esa resistencia genera una pregunta incómoda que cada vez más inversores se están haciendo: ¿está todo demasiado caro? ¿Es hora de vender o de reducir riesgo? ¿Y si todo parece caro, dónde están las oportunidades?
Juan Enrique Cadiñanos, Head of Europe en Naga Markets y experto en mercados financieros, tiene una respuesta clara: en un mercado dopado por la deuda, ni "caro" ni "barato" son los términos correctos. Y mientras la música siga sonando, lo mejor que puede hacer el inversor es seguir bailando, pero con los ojos bien abiertos.
Por qué los índices siguen en máximos pese al caos
Para Cadiñanos, la clave está en la deuda. La continua inyección de liquidez al sistema actúa como un grifo que no para de verter agua, y ese dinero tiene que acabar en algún sitio: renta variable, renta fija, activos refugio. "Mientras que la deuda siga aumentando, no podríamos valorar en términos de caro o barato, porque al final lo que está es dopada", explica. En este contexto, intentar hacer un análisis de valor tradicional de una compañía se convierte en un ejercicio casi imposible: los precios reflejan el dopaje, no la realidad económica subyacente.
El resultado es un mercado que sigue subiendo no porque las empresas valgan objetivamente más, sino porque el dinero extra que se inyecta en el sistema no tiene otro sitio a donde ir. "Nos encontramos en una situación en la que el mercado no valora per sé el análisis propio", señala. La consecuencia lógica: cuando ese dopaje pare, la caída será desde mucho más arriba.
Bailar mientras suena la música, pero preparados para cuando pare
Ante la pregunta de qué debe hacer un inversor en este entorno, Cadiñanos no recomienda salirse. Su consejo es acompañar la tendencia mientras ésta continúe. "Mientras que la música siga sonando, el mercado seguirá subiendo y obviamente no hay indicios de que el mercado vaya a parar", afirma. Pero matiza que eso no significa relajarse: hay que estar preparados para reaccionar rápido cuando llegue el giro, porque las caídas, cuando llegan, son mucho más rápidas que las subidas.
En cuanto a la diversificación, sigue siendo la estrategia que más le convence. Ve recorrido en mercados emergentes, en el sector financiero —especialmente en compañías españolas con fuerte exposición a Latinoamérica como Santander o BBVA—, en tecnología con visión de medio y largo plazo, en farmacéuticas y, a corto plazo, en industriales ligadas al sector defensa.
Para los activos refugio, reconoce que el oro acumula un comportamiento extraordinario —más del 70% de rentabilidad el año pasado—, pero advierte que ese exceso también puede corregir con fuerza. "Si esto puede ocurrir en el oro con caídas del 25%, obviamente cualquier compañía de cualquier sector se puede ver perjudicada por esta situación", señala.
Qué señal anunciará el final del ciclo
La pregunta del millón es cuándo parará la música. Cadiñanos no tiene fecha, pero sí identifica los frentes desde los que puede llegar el primer aviso. El más vigilado, a su juicio, es el sector bancario: si algún banco empieza a tener problemas de pagos y no puede ser rescatado con facilidad, la cadena de impagos puede extenderse rápidamente. También apunta al consumo y al empleo como indicadores macroeconómicos clave: cuando el dinero en circulación empiece a escasear y el consumidor se retraiga, las señales serán difíciles de ignorar.
También menciona la posibilidad de que una nueva crisis sanitaria —como el hantavirus, que en su opinión podría ser más una excusa que una amenaza real— sirva de detonante para una corrección que el mercado ya tiene pendiente. "La clave va a venir por bancos", resume, aunque insiste en que mientras ese momento no llegue, la volatilidad seguirá siendo la compañera habitual de cualquier cartera y que eso, bien gestionado, también genera oportunidades.
Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.
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