10 datos históricos sobre los mercados que desafían la intuición del inversor

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El Ibex 35, índice de referencia de la Bolsa española tocó máximos históricos en agosto (20.356 puntos intradía el 13 de agosto) y el S&P 500 acumula cerca de un 15% en lo que va de año. El efectivo en cartera ha caído al 3,5%, el sexto nivel más bajo desde 1998, y la exposición a renta variable es la más alta desde noviembre de 2021, según la encuesta mensual de Bank of America (BofA).

Sin embargo, la reacción más frecuente del inversor particular es la contraria: esperar. A que septiembre pase, a que la Reserva Federal (Fed) se aclare con los tipos, a que el petróleo baje de los 90 dólares, a que el panorama se despeje. El instinto dice que no es momento de entrar. Que mejor quedarse en efectivo.

El problema es que el instinto, en materia de inversión, casi siempre se equivoca. Kevin Thozet, miembro del comité de inversión de Carmignac, ha destacado diez datos históricos que contradicen de frente lo que la intuición nos dice. No son opiniones, son estadísticas de cien años.

Los 10 datos de Carmignac

1. Los años muy buenos son más frecuentes que los malos

En los últimos 100 años hemos tenido más periodos en los que los índices de renta variable han subido más de un 20% que años en los que han caído. Los mercados no son, en promedio, un lugar hostil: son un lugar en el que predominan los buenos años, aunque los malos se recuerden con más intensidad.

2. Hasta el peor market timer acaba ganando

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, si cada año se hubiera invertido sistemáticamente en la peor clase de activo, el resultado final seguiría siendo positivo. El tiempo en el mercado compensa incluso las peores decisiones de selección.

3. El mejor timing de mercado es estar invertido

Durante los últimos 40 años, si se hubiera invertido 1 euro únicamente en los máximos del S&P 500, la tasa interna de rentabilidad habría sido del 10% anual, según Thoet. Si se hubiera invertido solo en los mínimos: un 11%. La diferencia entre comprar siempre en el peor momento y comprar siempre en el mejor es de apenas un punto porcentual. Lo que importa no es cuándo entras, sino que estás dentro.

4. Con el tiempo, las rentabilidades convergen

La volatilidad anualizada de la renta variable europea pasa del 20% en un horizonte de un año al 9% a cinco años y al 4% a diez años. Para la gestora, cuanto más se alarga el plazo, más se estrechan los posibles resultados alrededor de la media histórica. Lo que a corto plazo parece imprevisible, a largo plazo tiende a regularizarse.

5. Cuatro años de cada diez... perdidos

El largo plazo no es una garantía automática. Desde 1928, la renta variable estadounidense ha pasado cerca de cuatro de cada diez años en mercados bajistas seculares, caracterizados por rentabilidades reales reducidas o negativas durante periodos prolongados. Lo mismo ha ocurrido en renta fija, por ejemplo entre 1940 y 1981, o más recientemente desde 2021. El largo plazo recompensa, pero exige paciencia ante periodos largos de sequía.

6. El riesgo no siempre está donde se mira

La mayoría de los inversores identifica el riesgo con la volatilidad diaria. Pero el dato más llamativo que recoge Thozet apunta en otra dirección: desde 1913, el dólar ha perdido cerca del 97% de su poder adquisitivo. El riesgo más destructivo a largo plazo no es la caída de la bolsa un día de pánico; es el dinero que pierde valor sin que nadie lo perciba como una pérdida.

7. Una fuerte caída intradanual no significa un mal año

La caída media que registran los mercados de renta variable en algún momento del año es del -12%. En uno de cada tres años, esa corrección máxima ha superado ese umbral; pero incluso en esos casos, el 30% de las veces el año cerró en positivo, con una rentabilidad media anual del +19%. Las caídas que asustan en el momento no siempre coinciden con el resultado final del año.

8. En bonos, el rendimiento actual anticipa el futuro

A diferencia de la renta variable, los mercados de crédito ofrecen un punto de referencia claro: la rentabilidad al vencimiento que se ve hoy es, en la gran mayoría de los casos, una buena estimación de la rentabilidad que se obtendrá en los próximos años. La rentabilidad inicial explica cerca del 82% de los retornos a cinco años en high yield y el 90% en investment grade. En renta fija, el punto de entrada importa, y mucho.

9. Incluso los mejores fondos tienen temporadas bajas

De una muestra de seis fondos de renta variable internacional situados en el primer cuartil a diez años, solo la mitad mantenía esa posición en los periodos móviles de tres y cinco años. Los fondos estrella no lo son siempre ni en todos los momentos. Antes de juzgar un fondo por su comportamiento reciente, conviene mirar el cuadro completo.

10. La diferencia entre "bien invertido" y "muy bien invertido"

El interés compuesto hace que pequeñas diferencias de rentabilidad se conviertan en grandes diferencias de patrimonio. El experto incide en que una inversión de 100.000 euros a una rentabilidad media del 6% anual durante 30 años se convierte en 574.000 euros. Con un 0,5% más de rentabilidad anual media —la diferencia observada entre los gestores de renta variable global realmente activos— el resultado sube a 664.000 euros.

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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.


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