Ahorrar para comprar una vivienda: el error de buscar rentabilidad antes de hacer número
Comprar una vivienda es uno de los mayores objetivos financieros que afrontará una persona a lo largo de su vida. Y cuando faltan todavía varios años para hacerlo aparece una pregunta bastante lógica: ¿qué hago con el dinero que estoy ahorrando para la entrada mientras llega ese momento?
¿Lo dejo en una cuenta? ¿Busco un depósito? ¿Invierto una parte? ¿Tiene sentido asumir algo de riesgo para intentar llegar antes al objetivo?
Cinco Días abordaba recientemente esta cuestión planteando diferentes alternativas en función del tiempo disponible hasta la compra. La idea de fondo es importante: no debería invertirse igual un dinero que necesitaremos dentro de un año que otro que probablemente no utilizaremos hasta dentro de siete u ocho.
Sin embargo, antes de decidir dónde invertir ese dinero hay una cuestión todavía más importante: la inversión debería ser consecuencia de la planificación, no su punto de partida.
Antes de invertir la entrada, calcula cuánto necesitas realmente
Imaginemos que alguien quiere comprar una vivienda de 250.000 euros.
Podría pensar que su objetivo consiste simplemente en reunir el porcentaje del precio que el banco no vaya a financiar. Pero la operación probablemente exigirá más dinero.
Además de la entrada habrá que considerar impuestos y gastos asociados a la compra y, dependiendo de cada caso, pueden aparecer reformas, mobiliario, mudanza u otros desembolsos.
Por eso el primer paso no debería ser buscar una inversión que proporcione un 4%, un 6% o un 8%.
Debería ser calcular cuánto dinero necesitaremos realmente y en qué fecha queremos disponer de él.
A partir de ahí podremos saber cuánto tenemos ya, cuánto necesitamos ahorrar cada mes y qué papel puede jugar la rentabilidad para alcanzar el objetivo.
Y puede ocurrir que descubramos algo importante: que el problema no está en conseguir más rentabilidad, sino en aumentar nuestra capacidad de ahorro, retrasar la fecha de compra o revisar el presupuesto de vivienda.
El plazo cambia completamente la inversión
Cinco Días recoge una simulación partiendo de 10.000 euros iniciales y aportaciones mensuales de 300 euros durante cinco años.
El resultado aproximado sería:
32.000 euros con una rentabilidad media del 4%.
34.200 euros con una rentabilidad media del 6%.
36.600 euros con una rentabilidad media del 8%.
La diferencia existe y demuestra el efecto que puede tener la rentabilidad acumulada.
Pero hay una cuestión que una simulación financiera nunca debería hacernos olvidar: ese 8% no está garantizado.
Cuanta mayor rentabilidad esperamos obtener, normalmente tendremos que aceptar también una mayor incertidumbre sobre el resultado.
Y eso puede ser perfectamente asumible cuando estamos invirtiendo para un objetivo situado dentro de veinte años. Es mucho más complicado cuando necesitamos el dinero para firmar la compra de una vivienda dentro de unos meses.
Una caída del mercado no es necesariamente un problema si tenemos muchos años para esperar una recuperación. Pero puede convertirse en un problema enorme si necesitamos 40.000 euros para comprar nuestra vivienda y nuestra inversión acaba de caer un 15%.
Por eso el horizonte temporal es una de las variables fundamentales al construir una cartera: junto con la liquidez necesaria, condiciona nuestra verdadera capacidad para asumir riesgo.
Una cosa es querer asumir riesgo y otra poder asumirlo
Esta distinción es especialmente importante.
Una persona puede considerar que tiene un perfil agresivo porque soportaría psicológicamente ver caer sus inversiones un 20% sin vender.
Eso describe, en cierta medida, su tolerancia al riesgo.
Pero existe otra cuestión diferente: su capacidad financiera para asumirlo.
Supongamos que esa misma persona pretende comprar una vivienda dentro de nueve meses y necesita prácticamente todo ese capital para la entrada.
Puede tolerar emocionalmente una caída del mercado perfectamente.
Lo que probablemente no puede permitirse es sufrirla.
Porque si los 50.000 euros reservados para la vivienda se convierten temporalmente en 40.000, quizá tenga que retrasar la compra, pedir financiación adicional o renunciar a la operación.
Por eso el riesgo adecuado para una inversión no depende únicamente de cómo nos sentimos cuando los mercados caen.
Depende también de para qué necesitamos ese dinero y cuándo vamos a necesitarlo.
Tener 80.000 euros ahorrados no significa tener 80.000 euros para invertir
Aquí aparece uno de los errores más frecuentes cuando se empieza a invertir: considerar todos nuestros ahorros como si fueran un único patrimonio disponible.
No deberían serlo.
Podemos tener 80.000 euros ahorrados y, sin embargo, no disponer realmente de 80.000 euros para invertir a largo plazo.
Parte puede corresponder al colchón de emergencia. Otra parte puede estar destinada a la entrada de una vivienda dentro de tres años. Y quizá solamente otra parte pueda permanecer invertida durante quince o veinte años.
Son euros iguales, pero tienen trabajos diferentes.
Una planificación sencilla podría separar el patrimonio en distintas bolsas:
| Bolsa | Cuándo puede necesitarse | Prioridad |
|---|---|---|
| Gastos previstos | Corto plazo | Liquidez |
| Fondo de emergencia | Imprevisible | Seguridad |
| Entrada de vivienda | Fecha determinada | Alcanzar el objetivo |
| Inversión patrimonial | Largo plazo | Crecimiento |
En el caso de autónomos y propietarios de pequeños negocios habría que añadir además la tesorería necesaria para mantener el negocio y el dinero reservado para obligaciones fiscales.
Mezclar todas estas bolsas puede provocar una situación peligrosa: creer que tenemos mucho dinero disponible para invertir cuando una parte importante ya tiene un destino asignado.
Conforme se acerca la compra, la rentabilidad debería perder protagonismo
La cartera utilizada para alcanzar la entrada de una vivienda tampoco tiene por qué permanecer igual durante todo el proceso.
Si faltan muchos años para comprar, existe mayor margen para asumir fluctuaciones.
Pero conforme se aproxima la fecha prevista, preservar el capital y disponer de liquidez adquiere cada vez mayor importancia.
Eso significa que la planificación debería revisarse periódicamente, no solamente para comprobar cuánto hemos acumulado, sino para analizar:
cuánto falta para alcanzar el objetivo;
si la fecha prevista de compra sigue siendo la misma;
cuánto estamos pudiendo ahorrar;
cuánto capital necesitaremos finalmente;
y cuánto riesgo tiene sentido seguir manteniendo.
El objetivo no consiste en obtener la máxima rentabilidad posible hasta el último día.
Consiste en tener el dinero disponible cuando llegue el momento de utilizarlo.
El interés compuesto ayuda, pero no sustituye al ahorro
Hay otra conclusión interesante en las simulaciones anteriores.
Si partimos de 10.000 euros y aportamos 300 euros mensuales durante cinco años, habremos añadido otros 18.000 euros mediante nuestras propias aportaciones.
Es decir, buena parte del capital final procederá del ahorro y no exclusivamente de la rentabilidad obtenida.
El interés compuesto puede ayudarnos enormemente cuando dispone de tiempo para actuar, pero no debería convertirse en una excusa para plantear objetivos poco realistas.
Si necesitamos reunir 60.000 euros dentro de cuatro años y nuestra capacidad de ahorro hace prácticamente imposible alcanzar esa cifra, asumir más riesgo para intentar compensarlo no necesariamente soluciona el problema.
Puede simplemente añadir otro problema.
Quizá tengamos que ahorrar más, ampliar el plazo, reducir el presupuesto destinado a la vivienda o combinar varias de esas decisiones.
Eso también es planificación financiera.
Entonces, ¿dónde invertir el dinero para la entrada de una vivienda?
Esta suele ser la pregunta con la que empezamos.
Pero probablemente debería ser una de las últimas.
Antes habría que definir:
Cuánto necesitamos realmente para comprar.
Cuándo queremos hacerlo.
Cuánto tenemos actualmente.
Cuánto podemos ahorrar cada mes.
Qué dinero debe permanecer separado como fondo de emergencia o para otros objetivos.
Qué pérdida podríamos asumir sin poner en peligro la compra.
Solamente después tiene sentido decidir qué productos y qué combinación de activos son adecuados.
Porque la mejor inversión para este objetivo no será necesariamente la que tenga mayor rentabilidad esperada.
Será aquella cuyo nivel de riesgo, liquidez y horizonte temporal sean coherentes con nuestro plan.
Y quizá por eso, cuando alguien pregunta “¿dónde invierto el dinero para la entrada de mi vivienda?”, antes de hablar de fondos, depósitos o rentabilidades convendría hacerle otra pregunta:
¿Cuándo necesitas ese dinero y qué ocurriría con tus planes si llegado ese momento tienes menos del que esperabas?
La respuesta probablemente diga mucho más sobre cómo deberías invertir que cualquier previsión de rentabilidad.
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