Nvidia impulsa 500.000 millones de inversión en IA: ¿está tu cartera más expuesta de lo que crees?
La inteligencia artificial está provocando uno de los mayores ciclos de inversión de los últimos años. Para muchos inversores, exponerse a esta tendencia significa tener Nvidia, Microsoft, Alphabet o algún fondo tecnológico. Sin embargo, los últimos movimientos alrededor de Nvidia muestran que la IA está empezando a extenderse mucho más allá de las acciones tecnológicas.
Y eso plantea una pregunta interesante para cualquiera que tenga una cartera formada por varios fondos, ETF o inversiones alternativas:
¿Sabemos realmente cuánto de nuestro patrimonio depende ya del crecimiento de la inteligencia artificial?
La respuesta puede ser bastante diferente de la que obtenemos simplemente mirando cuántos fondos tecnológicos tenemos.
Nvidia quiere movilizar más de 500.000 millones de dólares
Nvidia trabaja con Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR en plataformas destinadas a movilizar más de 500.000 millones de dólares de capital de terceros para financiar centros de datos y capacidad informática vinculada a la inteligencia artificial.
La propia Nvidia podría respaldar hasta 125.000 millones de dólares, aproximadamente una cuarta parte de las operaciones potenciales. Al mismo tiempo, las grandes compañías tecnológicas prevén invertir conjuntamente más de 730.000 millones de dólares este año en inteligencia artificial.
Conviene precisar qué significan estas cifras. Los 500.000 millones no representan dinero que ya haya sido invertido. No se han comunicado compromisos individuales, condiciones financieras ni un calendario concreto de despliegue, por lo que estamos hablando de una capacidad de financiación que se pretende movilizar.
Sin embargo, la dimensión de la iniciativa permite observar algo importante desde el punto de vista de construcción de carteras: la exposición económica a la inteligencia artificial está dejando de limitarse al sector tecnológico.
La IA puede empezar a aparecer en lugares muy diferentes de nuestra cartera
El desarrollo de la inteligencia artificial necesita semiconductores, pero también centros de datos, terrenos, edificios, redes eléctricas, generación de energía, sistemas de refrigeración, fibra, equipamiento y enormes cantidades de financiación.
Por eso una misma tendencia económica puede terminar apareciendo dentro de inversiones aparentemente muy diferentes: fondos tecnológicos, fondos globales, infraestructuras, inmobiliario especializado, deuda corporativa, crédito privado o private equity.
Aquí aparece un problema que no siempre resulta evidente cuando miramos nuestra cartera desde la plataforma del banco o del bróker.
Podemos tener productos diferentes sin tener necesariamente riesgos diferentes.
Cuatro fondos diferentes pueden depender de una misma historia
Imaginemos una cartera formada por un fondo global, otro tecnológico, un fondo de infraestructuras y alguna estrategia de crédito privado.
A primera vista parece bastante diversificada. Tenemos renta variable global, tecnología, activos reales y crédito. Sin embargo, cuando analizamos qué hay realmente detrás de cada vehículo, la fotografía puede cambiar.
El fondo global puede tener entre sus mayores posiciones a las grandes compañías tecnológicas estadounidenses. Al incorporar además un fondo tecnológico, probablemente estaremos aumentando nuevamente la exposición a algunas de esas mismas empresas.
Hasta aquí el solapamiento resulta relativamente fácil de detectar.
Lo interesante de la noticia de Nvidia es que permite llevar el análisis un paso más allá. Si el desarrollo de la IA necesita cientos de miles de millones para construir centros de datos y ampliar la capacidad informática, un fondo de infraestructuras puede invertir en compañías relacionadas con centros de datos, redes eléctricas o infraestructura digital, mientras que determinadas estrategias de crédito privado pueden participar en la financiación de esos mismos proyectos.
Por tanto, podemos tener cuatro vehículos con nombres, gestoras y clases de activo diferentes y descubrir que una parte de ellos depende del mismo escenario económico: que continúe creciendo la inversión en inteligencia artificial y que la demanda futura termine justificando las infraestructuras que se están construyendo y financiando hoy.
Eso no convierte esas inversiones en malas inversiones. Lo que cambia es nuestra percepción sobre cuánto estamos realmente diversificando.
Diversificar productos no siempre significa diversificar riesgos
Este problema suele aparecer progresivamente. Vamos construyendo nuestra cartera durante años y cada incorporación tiene una explicación razonable: un fondo global como núcleo, tecnología para aumentar el potencial de crecimiento, infraestructuras buscando otra fuente de rentabilidad, inversiones alternativas para complementar los mercados cotizados o renta fija y crédito para reducir la dependencia de la bolsa.
Cada decisión puede tener sentido individualmente.
El problema aparece cuando nunca volvemos a juntar todas las piezas.
Podemos terminar confundiendo diversificación de productos con diversificación de riesgos. Tener cinco fondos no significa necesariamente disponer de cinco fuentes independientes de rentabilidad, igual que utilizar varias gestoras tampoco garantiza que nuestra cartera esté realmente diversificada.
Por eso, antes de incorporar una nueva inversión deberíamos conocer qué tenemos ya, qué compañías y sectores se repiten, qué factores económicos afectan simultáneamente a varias posiciones y qué aporta realmente el nuevo producto al conjunto de la cartera.
La concentración que no aparece en el nombre del fondo
Los solapamientos más evidentes son relativamente sencillos de encontrar. Si tenemos un MSCI World y además un fondo tecnológico estadounidense, sabemos que probablemente estamos aumentando nuestra exposición a algunas de las compañías que ya aparecen entre las principales posiciones del índice.
Pero existe otro nivel de concentración más difícil de detectar.
Dos inversiones pueden no compartir ninguna compañía y, sin embargo, depender de una misma tesis económica.
Una compañía tecnológica que desarrolla IA y una empresa propietaria de centros de datos son negocios diferentes. También lo es una compañía eléctrica que necesita ampliar capacidad para abastecer esos centros de datos. Y todavía más diferente parece un vehículo de crédito privado que financia la construcción de esas instalaciones.
Sin embargo, parte de la rentabilidad futura de todas ellas puede terminar dependiendo de que las enormes expectativas de crecimiento de la inteligencia artificial se materialicen.
Por eso, analizar una cartera exige ir más allá de comprobar si dos fondos tienen las mismas acciones. También debemos preguntarnos qué escenarios económicos estamos repitiendo a través de inversiones diferentes.
Cinco preguntas para revisar tu cartera
Esta noticia puede servir para hacer algo bastante más útil que intentar adivinar cuánto subirá Nvidia durante los próximos años.
Abre tu cartera y trata de responder a estas preguntas:
¿Cuánto tienes realmente en grandes tecnológicas? No mires solamente los fondos tecnológicos. Revisa también las principales posiciones de tus fondos globales y estadounidenses.
¿Qué compañías aparecen varias veces? Nvidia, Microsoft, Alphabet, Amazon o Meta pueden estar presentes simultáneamente en diferentes fondos e índices.
¿Tienes exposición indirecta al ciclo de inversión en IA? Revisa infraestructuras digitales, centros de datos, energía, inmobiliario especializado, private equity o crédito privado.
¿Qué inversiones dependen de escenarios económicos parecidos aunque no compartan compañías?
Si durante varios años la inversión en IA creciera mucho menos de lo esperado, qué partes de tu cartera podrían verse afectadas simultáneamente?
No necesitamos obtener una cifra exacta hasta el último decimal. El ejercicio ya será útil si permite descubrir concentraciones que antes no estábamos teniendo en cuenta.
Tener diez fondos no garantiza estar más diversificado
Incorporar más productos a una cartera no significa necesariamente mejorar su diversificación. Podemos tener diez fondos de distintas gestoras y descubrir que buena parte de ellos comparte compañías, sectores o factores de riesgo similares; mientras que una cartera con menos productos puede estar mejor construida si sus inversiones responden a fuentes de rentabilidad y riesgos realmente diferentes.
La diversificación, por tanto, no debería medirse por el número de fondos, ETF o inversiones que aparecen en nuestra cuenta, sino por qué hay realmente detrás de ellos y qué riesgos estamos acumulando en el conjunto de la cartera.
Cada nueva inversión debería responder, entre otras, a una pregunta sencilla:
¿Qué aporta a mi cartera que todavía no tengo?
Si no podemos responderla, quizá el siguiente paso no sea buscar otro fondo.
Quizá sea revisar los que ya tenemos.
Y si además eres propietario de un negocio, amplía el análisis
Para quien tiene un negocio existe una última capa que conviene incorporar.
La cartera financiera no representa todo su patrimonio. El propio negocio puede constituir una de sus mayores concentraciones económicas y, además, ser la fuente que genera los ingresos con los que posteriormente construye su patrimonio financiero.
Por eso, en estos casos tiene todavía menos sentido analizar aisladamente los fondos y ETF. La fotografía debería incorporar el negocio, las inversiones financieras, los inmuebles, la liquidez y el endeudamiento.
Una cartera puede estar perfectamente diversificada desde el punto de vista financiero y no estarlo tanto cuando observamos el patrimonio completo.
Antes de comprar el próximo fondo, entiende los que ya tienes
La noticia de Nvidia no debería llevarnos necesariamente a comprar acciones de la compañía, un ETF de inteligencia artificial o un fondo de infraestructuras.
Puede servir para algo bastante más importante: revisar si nuestra cartera es realmente la que creemos tener.
Porque a medida que la inteligencia artificial se extiende desde las compañías tecnológicas hacia infraestructuras, energía, inmobiliario y financiación privada, será cada vez menos útil preguntarnos únicamente cuánto tenemos invertido en “tecnología”.
La pregunta interesante será otra:
¿Cuánto de mi patrimonio depende, directa o indirectamente, de una misma historia económica?
Si tienes varios fondos, ETF o inversiones y nunca has realizado este análisis conjunto, empieza por reunirlos y revisar qué compañías, sectores y riesgos se repiten.
Y si después de hacerlo sigues sin tener claro dónde está realmente invertido tu patrimonio, ese es precisamente el momento en el que una planificación financiera puede aportar más valor: antes de decidir qué comprar después, entender qué tienes ya y para qué lo tienes.
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